Periodismo Independiente
Este es un espacio de periodismo de análisis y opinión, desarrollado por Hernán Narbona Véliz, Poeta y Escritor chileno. Administrador Público, Licenciado en Relaciones Internacionales, Columnista de diversos medios, miembro de Periodistas Frente a la Corrupción.
sábado, marzo 07, 2026
BRICS informativo sábado 7 de marzo 2026
jueves, marzo 05, 2026
Una semana de horror
El 28 de febrero partió
todo. En ese momento recordé el 2001 cuando pudimos presenciar en vivo y en
directo ese episodio desconcertante, con las torres gemelas embestidas
por aviones, cayendo en medio de una gigantesca nube. Opacidad construida por
enfermas entidades que usaron ese episodio holliwoodesco para iniciar la
destrucción de civilizaciones milenarias que tuvieron la fatalidad de poseer el
oro negro.
Un cuarto de siglo en que
se fue develando la mentira persistente que el hegemón desplegaba para pisar
sin escrúpulos a quien se le opusiera.
La plutocracia globalista
encarnó al capitalismo en su expresión post moderna. La economía real fue
desplazada por la especulación financiera, el Estado Nación fue subordinado al
poder corporativo supranacional. Los esfuerzos desarrollistas que apostaban a
la complementariedad de sus economías, se fueron debilitando con la incursión
de la embestida neoliberal y neocolonial.
Sin embargo, ese imperio
que basó su dominio en su maquinaria de guerra, con la cual imponía su orden
mundial, no se dio cuenta que estaba incubando su propia decadencia. Cuando sus
instituciones fueron cooptadas por los intereses corporativos y esos grupos
supranacionales le quitaron al Estado su capacidad de conducir, de proyectar el
largo plazo y de procurar la seguridad de su población y su territorio, esa
institucionalidad fue avasallada por la corrupción, el tráfico de influencias y
la codicia. Sus élites políticas abandonaron principios y fueron permeadas por
el poder del dinero; cayeron en el juego del poder, vestidas de pragmatismo, alienadas
en un orden que rompía equilibrios naturales, en una carrera por el crecimiento
sin fin, que fue alterando el hábitat planetario.
Montar el crecimiento sobre
la depredación de la naturaleza y la vida de los pueblos, fue el sino
extractivista de la globalización, con algunos pocos esbirros locales que
permitían el flujo de riqueza a los países centrales y esas cúpulas que están
por encima de la institucionalidad formal. La dinámica centro periferia se
afirmó en la amenaza permanente, mientras se vivía una débil estructura
jurídica internacional, que había nacido precisamente por la decisión de las
potencias vencedoras, hace 80 años.
Del otro lado del mundo,
después que se jugara un histórico partido de ping pong, un milenario dragón
comenzó a desplegar su conciencia milenaria. Conjugó el Estado Planificador y
el partido único con la apertura de su economía a las reglas globales de la
economía liberal. Integró los espacios en que se jugaban esas reglas globales
del comercio y apostó a convertirse en espacio maquilador de ciclos productivos
de mayores costos en occidente. Les ofreció estabilidad, no huelgas, salarios
muy bajos, abrió su litoral sur y ofreció una asociación tentadora. Y los
empresarios se obnubilaron, europeos, norteamericanos vieron brillar el oro al
pie de ese arcoíris. Y se fueron a China. Y China fue absorbiendo tecnología,
know how, y se convirtió en la usina manufacturera del planeta. Pero ese Estado
estaba pensando para siglos adelante y, mientras EEUU y Europa quedaban sin
industrias, jugando a la especulación bursátil, emitiendo moneda en forma
irresponsable, confiando en que la fuerza unipolar de imperio le permitiría
mantener el control financiero global a través de ese dólar impreso como
billetes de Metrópolis. Y esa maquinaria bélica creció con cerca de 800 bases
en el mundo y se fue financiando con déficit y más déficit. Los bonos soberanos
los compraban precisamente países como China o Japón. Una gigantesca burbuja
insostenible. Los efectos de la codicia de las élites corporativas, concentradoras
de la riqueza dentro del modelo imperial, fueron una pobreza creciente en el
propio EEUU. Sectores productivos claves como el agropecuario tuvieron que
funcionar con mano de obra migrante, las propias fuerzas armadas reclutaron
inmigrantes a cambio de la residencia.
Hay muchos otros factores
de decadencia, pero el moral es el más relevante: esas cúpulas que funcionaban
en el mundo corporativo del poder, cayeron en vicios propios de quienes se
sienten superiores e inmunes, por encima de los códigos que fija toda sociedad.
Y en un entorno mafioso, Epstein, quien habría sido agente del Mossad, logró
almacenar evidencias de actos de pedofilia, trata de personas, especialmente de
menores, en una degeneración que no es imaginable para personas normales. Ese
archivo de perversión ha sido utilizado por lo más tenebroso y vil del poder,
para alcanzar sus objetivos con un estilo gansteril y mafioso. Es la proyección
maximizada del mal, en función de alcanzar los objetivos más siniestros. Es el
punto máximo de la decadencia y la humanidad está tratando de visualizar esos
laberintos terroríficos en que mentes desquiciadas toman decisiones en
perjuicio de toda dimensión ética, moral o normativa.
Es el punto actual, a una
semana del inicio de la guerra, en que se percibe a un mundo en shock, tratando
de entender la sin razón de los
acontecimientos, eludiendo propaganda, fake news, montajes, mentira por
doquier; para rescatar aquello objetivo, vivencial, que te permite intuir que
estamos en un punto de no retorno, con situaciones inminentes que pueden no
tener fondo.
Lo que nos hace
espectadores, lo asumamos o no, de una realidad que tratan de pintarnos los
medios de comunicación tradicionales, mientras va brotando a borbotones una
realidad real en voces alternativas que nada bueno auguran para los pueblos. La
contingencia de una guerra que está allí, demasiado cerca y que en ese caso
nadie está libre. Que como país del fin del mundo, tendremos que afrontar
situaciones impensadas y que la única receta como comunidad nacional, es
procurar conversar, articular redes familiares, barriales, amicales, para vivir
tiempos muy difíciles, donde el apego espiritual será un soporte indispensable.
Hemos vivido una semana, es
marzo, los niños volvieron a la escuela. A aulas llenas de ilusiones, tal como
esas cien niñitas que fueron asesinadas en la mañana del 28 de febrero en Irán,
con dos misiles, uno para calcinar su colegio y el otro, enviado luego para
rematarlas. Terrorismo bestial.
Hernán Narbona Véliz
Periodismo Independiente
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