jueves, marzo 05, 2026

Una semana de horror




El 28 de febrero partió todo. En ese momento recordé el 2001 cuando pudimos presenciar en vivo y en directo  ese episodio desconcertante, con las torres gemelas embestidas por aviones, cayendo en medio de una gigantesca nube. Opacidad construida por enfermas entidades que usaron ese episodio holliwoodesco para iniciar la destrucción de civilizaciones milenarias que tuvieron la fatalidad de poseer el oro negro.

Un cuarto de siglo en que se fue develando la mentira persistente que el hegemón desplegaba para pisar sin escrúpulos a quien se le opusiera.

La plutocracia globalista encarnó al capitalismo en su expresión post moderna. La economía real fue desplazada por la especulación financiera, el Estado Nación fue subordinado al poder corporativo supranacional. Los esfuerzos desarrollistas que apostaban a la complementariedad de sus economías, se fueron debilitando con la incursión de la embestida neoliberal y neocolonial.

Sin embargo, ese imperio que basó su dominio en su maquinaria de guerra, con la cual imponía su orden mundial, no se dio cuenta que estaba incubando su propia decadencia. Cuando sus instituciones fueron cooptadas por los intereses corporativos y esos grupos supranacionales le quitaron al Estado su capacidad de conducir, de proyectar el largo plazo y de procurar la seguridad de su población y su territorio, esa institucionalidad fue avasallada por la corrupción, el tráfico de influencias y la codicia. Sus élites políticas abandonaron principios y fueron permeadas por el poder del dinero; cayeron en el juego del poder, vestidas de pragmatismo, alienadas en un orden que rompía equilibrios naturales, en una carrera por el crecimiento sin fin, que fue alterando el hábitat planetario.

Montar el crecimiento sobre la depredación de la naturaleza y la vida de los pueblos, fue el sino extractivista de la globalización, con algunos pocos esbirros locales que permitían el flujo de riqueza a los países centrales y esas cúpulas que están por encima de la institucionalidad formal. La dinámica centro periferia se afirmó en la amenaza permanente, mientras se vivía una débil estructura jurídica internacional, que había nacido precisamente por la decisión de las potencias vencedoras, hace 80 años. 

Del otro lado del mundo, después que se jugara un histórico  partido de ping pong, un milenario dragón comenzó a desplegar su conciencia milenaria. Conjugó el Estado Planificador y el partido único con la apertura de su economía a las reglas globales de la economía liberal. Integró los espacios en que se jugaban esas reglas globales del comercio y apostó a convertirse en espacio maquilador de ciclos productivos de mayores costos en occidente. Les ofreció estabilidad, no huelgas, salarios muy bajos, abrió su litoral sur y ofreció una asociación tentadora. Y los empresarios se obnubilaron, europeos, norteamericanos vieron brillar el oro al pie de ese arcoíris. Y se fueron a China. Y China fue absorbiendo tecnología, know how, y se convirtió en la usina manufacturera del planeta. Pero ese Estado estaba pensando para siglos adelante y, mientras EEUU y Europa quedaban sin industrias, jugando a la especulación bursátil, emitiendo moneda en forma irresponsable, confiando en que la fuerza unipolar de imperio le permitiría mantener el control financiero global a través de ese dólar impreso como billetes de Metrópolis. Y esa maquinaria bélica creció con cerca de 800 bases en el mundo y se fue financiando con déficit y más déficit. Los bonos soberanos los compraban precisamente países como China o Japón. Una gigantesca burbuja insostenible. Los efectos de la codicia de las élites corporativas, concentradoras de la riqueza dentro del modelo imperial, fueron una pobreza creciente en el propio EEUU. Sectores productivos claves como el agropecuario tuvieron que funcionar con mano de obra migrante, las propias fuerzas armadas reclutaron inmigrantes a cambio de la residencia.

Hay muchos otros factores de decadencia, pero el moral es el más relevante: esas cúpulas que funcionaban en el mundo corporativo del poder, cayeron en vicios propios de quienes se sienten superiores e inmunes, por encima de los códigos que fija toda sociedad. Y en un entorno mafioso, Epstein, quien habría sido agente del Mossad, logró almacenar evidencias de actos de pedofilia, trata de personas, especialmente de menores, en una degeneración que no es imaginable para personas normales. Ese archivo de perversión ha sido utilizado por lo más tenebroso y vil del poder, para alcanzar sus objetivos con un estilo gansteril y mafioso. Es la proyección maximizada del mal, en función de alcanzar los objetivos más siniestros. Es el punto máximo de la decadencia y la humanidad está tratando de visualizar esos laberintos terroríficos en que mentes desquiciadas toman decisiones en perjuicio de toda dimensión ética, moral o normativa.

 

Es el punto actual, a una semana del inicio de la guerra, en que se percibe a un mundo en shock, tratando de entender la sin  razón de los acontecimientos,  eludiendo propaganda, fake news, montajes, mentira por doquier; para rescatar aquello objetivo, vivencial, que te permite intuir que estamos en un punto de no retorno, con situaciones inminentes que pueden no tener fondo.

 

Lo que nos hace espectadores, lo asumamos o no, de una realidad que tratan de pintarnos los medios de comunicación tradicionales, mientras va brotando a borbotones una realidad real en voces alternativas que nada bueno auguran para los pueblos. La contingencia de una guerra que está allí, demasiado cerca y que en ese caso nadie está libre. Que como país del fin del mundo, tendremos que afrontar situaciones impensadas y que la única receta como comunidad nacional, es procurar conversar, articular redes familiares, barriales, amicales, para vivir tiempos muy difíciles, donde el apego espiritual será un soporte indispensable.

Hemos vivido una semana, es marzo, los niños volvieron a la escuela. A aulas llenas de ilusiones, tal como esas cien niñitas que fueron asesinadas en la mañana del 28 de febrero en Irán, con dos misiles, uno para calcinar su colegio y el otro, enviado luego para rematarlas. Terrorismo bestial.

 

Hernán Narbona Véliz 

Periodismo Independiente 

5 de marzo de 2026

 


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