jueves, noviembre 24, 2005

El día que mi viejo soñaba


El día que mi viejo soñaba


El ex dictador ha sido procesado por sus delitos. Su longevidad y la simulación de demencia subcortical no le han servido. el juicio de la historia ha llegado y hemos presenciado una situación real, en donde el despiadado y cobarde ex militar, que ha deshonrado su uniforme, tal como pisoteó la Constitución y organizó el terrorismo de Estado en Chile, ha sido procesado en el juicio en su contra por el lavado de dinero denominado Caso Riggs. El dinero acumulado en sus maniobras financieras no le ha servido de blindaje. El justo juicio de la Historia lo ha presentado en toda su dimensión.

Mi padre murió tempranamente, a los 63 años, hace exactamente 22 años, cuando comenzaban a vivirse las protestas para abrir caminos a la democracia. Su corazón había acumulado rigores, dos de sus tres hijos habían tenido que irse de Chile, el hostigamiento hacia los sindicalistas le costó la cesantía, la impotencia de hombre trabajador de ver cómo se desmoronaban sus sueños, terminó demoliendo su corazón. Fue una historia diminuta que se reprodujo en Chile en miles y miles de familias, dispersas y fragmentadas por el exilio, por la persecución política.

La justicia de los hombres por fin deja una huella positiva al permitir que el dictador, ladrón y asesino deba enfrentar su responsabilidad histórica. Fue la noticia que mi padre como miles de otras anónimas víctimas de un período de oscurantismo y represión, debe haber esperado para comenzar a descansar en paz. Por eso, hoy un aire de esperanza cruza por la plaza doliente de las familias chilenas que sufrieron en silencio sus pérdidas. Es el halo fresco de la paz interior, de la evidencia terrena de la existencia de una justicia profunda e ineludible, en donde jueces que cumplen su deber profesional con independencia y sin miedo, son capaces de limpiar a la Patria del oprobio de la mentira y el olvido.
Mi padre debe haber dormido esta noche más tranquilo. La Justicia ha vuelto a los carriles de los que jamás debió salir. Espero que no surja nuevamente la reacción para venir a frustrar esta esperanza de que la verdad salga a flote, lo cual nos llena de nuevas posibilidades para seguir construyendo una sociedad fraterna, como soñaba mi padre.



Una mirada libre a nuestro entorno

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