sábado, mayo 16, 2009

El cambio de Estado Subsidiario a Estado Responsable

A propósito del cambio y la crisis
Si bien es cierto que las políticas exitosas debieran mantenerse, hay aspectos cruciales que deben cambiar y uno de ellos es que podamos recuperar un Estado con capacidad de gestión directa en proyectos claves para la dinamización de nuestra economía, rompiendo la camisa de fuerza de la subsidaridad.

Hace un año se celebraban en Francia los 40 años de la revolución de mayo 1968, proclamándose el rescate de la utopías que requiere el Siglo XXI, de cara a la globalización.

Precisamente, un año atrás comenzaba la crisis en Europa. Los paros de los pescadores y el agro planteaban un anticipo de la crisis. Era un aterrizaje a una realidad que demostraba el resultado de dos décadas en las cuales las multinacionales habían migrado a China para abaratar sus costos y pelear desde allí la mayor parte de los mercados planetarios. Cuando Europa enfrenta el problema del paro, en medio de la paralización de los negocios inmobiliarios, los estados europeos debieron asumir que la vieja estructura productiva ya no estaba y que al romperse la burbuja bursátil, el modelo liberal entraba en una fase terminal. En efecto, prontamente los líderes europeos, abandonan los dogmas y cambian sus políticas, comenzando a aplicar medidas en las que el Estado ha sido el principal instrumento para la reactivación.

Lo propio se ha observado en los Estados Unidos con el plan Obama que, enfrentando los riesgos que implica el aumento del déficit fiscal, ha comprometido subsidios, bajas de intereses y rebajas de impuestos.

No es el punto revisar ahora la efectividad de medidas en marcha, sino relevar el hecho de que sin un Estado fuerte la crisis habría sido mucho más desastrosa.

El cambio, sí, pero ¿Qué cambio?

Por ello, cuando se plantea en la verbalización de los candidatos presidenciales en campaña las palabras cambio y gobernabilidad, es preciso filtrar esos conceptos preguntando qué se debe cambiar y qué debe ser mantenido y fortalecido para poder navegar con más seguridad en las turbulencias de la economía mundial.

Creo que de las crisis se debe aprender. Para recuperar la capacidad como país para construir el desarrollo y no el mero crecimiento, se debe avanzar en la reforma constitucional que le devuelva al Estado su capacidad de gestión directa, como forma de regular los mercados y atender con inversión y gestión propia requerimientos de infraestructura que son fundamentales y que el mercado no resolverá, ya que los actores privados se mueven con criterios de evaluación diferentes que la inversión pública.

El principio de Estado Subsidiario ha resultado perverso y fue implantado por la Constitución del 80 como forma de anclar el sistema neoliberal en nuestra sociedad, por encima de parámetros clásicos de seguridad y soberanía. A modo de ejemplo, el norte grande, Atacama, Antofagasta y Tarapacá, Arica y Parinacota necesitan mejorar la conectividad y deben contar con nuevas antenas retransmisoras para extender las telecomunicaciones a pequeñas localidades fronterizas. Actualmente el Estado se ve impedido a actuar directamente instalando las retransmisoras necesarias. Debe hacerlo convocando a contratistas privados, pero si a las compañías privadas de telefonía no les interesa el negocio, el país seguirá desconectado y eso afecta a las comunidades y la seguridad territorial de Chile.

El neoliberalismo que acuñó el concepto de subsidiaridad quiso reducir al Estado a su mínima expresión. Es cuestión de imaginar qué ocurriría en caso de conflictos o emergencias naturales ¿habría que licitar recién entonces la construcción de los puertos que se necesite, de las vías férreas que el mercado desmanteló? Si el agua se agota en el norte y es un recurso que requiere para la salud de la población y las actividades productivas, ¿hay que esperar que a las sanitarias privadas les convenga el negocio, incluso si es el Estado quien pone los recursos para ampliar la infraestructura? ¿No es lógico que el Estado directamente adquiera y pueda administrar plantas desalinizadoras de agua? ¿puede quedarse el país sin agua o debería romper amarras y ejercer el rol de locomotora que alguna vez tuvo con CORFO durante el gobierno de Don Pedro Aguirre Cerda?
¿Puede ser tan fuerte el dogma neoliberal o tan poderosos los intereses que se han imbricado en el sistema que los partidos que se definen como progresistas no sean capaces de plantear con voluntad política el fin del Estado Subsidiario?

El año 2010 se cumplirán 20 años de democracia representativa, entrampada en bases constitucionales de cuestionable génesis que provienen de un régimen dictatorial. Si de cambios se trata, y sin tener para nada una visión estatista, creo que se debe plantear lo mismo que ya señalaba el Banco Mundial a mitad de los noventa, cuando proponía un Estado moderno, capaz de regular y fiscalizar el mercado. La crisis actual ha dado una enorme razón para el cambio y quien encarne al progresismo debiera asumir este desafío estructural de terminar el Estado Subsidiario y dar paso a un Estado Responsable.
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Atacama, 16 de mayo de 2009

Una mirada libre a nuestro entorno

1 comentario:

Periodismo-Probidad dijo...

Marco E. Ominami esta actuando como un catalizador del descontento y sus propuestas no son descabelladas, pero ni Frei ni Pinera se sientan a debatir como la gente espera.