jueves, noviembre 28, 2019

Conversaciones para un Nuevo Chile

Hilo


Conversación


En un cambio de paradigmas, #OtroChileEsPosible se aspira un Estado Democrático, Moderno, Descentralizado, Laico, de Economía Mixta que invierta y planifique marcando prioridades nacionales, asegure los derechos básicos y respete el medio ambiente.




#OtroChileEsPosible Salir del modelo depredador extractivo para promover la industrialización de recursos naturales, preservando los recursos, eliminando los subsidios a los proyectos forestales, promoviendo recuperación ambiental del territorio.
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#OtroChileEsPosible Derogar la corrupta Ley de Pesca que ha regalado el recurso a 7 familias y fijar políticas de sustentabilidad para revertir el agotamiento del recurso, promoviendo clusters regionales de comercialización de la pesca artesanal.
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#OtroChileEsPosible Un Estado Responsable que asuma deuda de largo plazo para grandes obras de infraestructura: recuperar el tren; instalar plantas desaladoras a lo largo del litoral; exportación de energía solar; santuarios naturales como polos de turismo receptivo.
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#OtroChileEsPosible Recuperar las Universidades Públicas, fortalecer nivel técnico, eliminar carreras saturadas; condonar la deuda del CAE; reducir duración de carreras, fiscalizar la prohibición de lucro en la educación; diseñar planes adecuados a desafíos del Siglo XXI.
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En Nueva Constitución se debe consagrar principios de ética pública y privada, con reglas contra la colusión, los conflictos de intereses, el tráfico de influencias y el cohecho. Se debe restringir la integración vertical de los grupos y que sean, además, dueños de medios.




Una mirada libre a nuestro entorno

lunes, noviembre 18, 2019

Primavera en Chile: Esto no ha terminado


Se cumple un mes de explosión social en Chile
Para comprender los hechos que han venido acaeciendo en los 30 días de movilización social, es preciso leer un tablero multidimensional, donde una juventud heterogénea, integrada de estudiantes y no estudiantes, sin liderazgos ni caudillos visibles, ha sido vanguardia en la confrontación con las fuerzas represivas.

En el plano político, con propuestas para un nuevo Pacto Social, se ha conformado la Unidad Social, integrada por múltiples organizaciones y movimientos sociales con diversos objetivos que confluyen en lo que resume un Interés General, como la CUT, ANEF, No Más AFP, MODATIMA ambientalistas por la recuperación del agua, Movimiento Recuperemos Chile, que coloca el acento en la recuperación de nuestras riquezas básicas; pueblo Mapuche, que ha llevado las banderas de la movilización social, en la idea fuerza que propone hacer de Chile un Estado Plurinacional, que respete a sus pueblos originarios; trabajadores que actúan a través de sus organizaciones, Colegios de Profesores, de Profesionales de la Salud, de Periodistas, Colegio Médico, Académicos, estudiantes universitarios, trabajadores portuarios, aduaneros, bancarios, empleados fiscales, agrupaciones poblacionales, de carácter territorial, movimientos de las minorías sexuales. En esta diversidad que se ha aglutinado y autoconvocado, se puede leer la realidad de la Sociedad Civil chilena. El gobierno se ha apoyado en las Fuerzas Armadas y de Orden y en los sectores de ultraderecha, cuya actitud ha sido de enfrentamiento y mayor fuerza represiva.

¿Cómo se han ido moviendo las piezas en este complejo ajedrez político-social en estos 30 días?

Evadir fue la forma de protesta estudiantil frente al alza de 30 pesos en el pasaje del Metro, que no los alcanzaba a ellos, pero sí golpeaba a sus familias. Fue la gota que rebalsó el vaso y esos miles de adolescentes y púberes saltando los torniquetes del Metro, concertados a través de las redes sociales, lograron una explosión social que ha colocado en jaque al modelo neoliberal de 30 años en Chile.
En un efecto dominó se ha desmoronado en un mes, un experimento económico iniciado el año 1980 con la promulgación de la Constitución de 1980, redactada por el grupo ideológico asesor de la dictadura militar, dirigido por Jaime Guzmán,  y aprobada a través de un plebiscito sin registros electorales, con el terrorismo de Estado como respaldo. Esa carta magna, ilegítima en su origen, ha seguido rigiendo, con la anuencia de los partidos opositores que negociaron la transición en 1989, un sistema centrado en una concepción ultra liberal de la sociedad, en donde el Estado sólo debe actuar en su rol de policía y defensa y sólo en aquellas áreas en las cuales los privados no se interesen o no puedan actuar. El mercado, supuestamente perfecto, debe resolver los problemas sociales mediante la iniciativa privada que atenderá esas necesidades como oportunidades de negocio. Esta concepción de capitalismo salvaje se imprimió en la sociedad chilena, bajo el concepto de Subsidiaridad del Estado, vale decir que el Estado sólo pueda actuar cuando y siempre que los privados no puedan o no se interesen por hacerlo. El vicio teórico del modelo es que la doctrina del liberalismo económico establece como requisito la libre concurrencia, algo que en Chile nunca se ha dado, toda vez que la estructura del poder económico está concentrada en un grupo de familias, que representa el 1% de la población y que se integran vertical y horizontalmente para repartirse en un sistema cerrado todos los recursos naturales del país, aliándose en las últimas décadas con intereses multinacionales, los que han pasado a dominar un modelo de economía abierta, extractiva, prácticamente sin fiscalización de parte del Estado.

El modelo chileno ha generado una sociedad de mercado que ha privatizado todas las necesidades básicas. Así, fueron entregados a los grupos económicos que apoyaron el golpe de estado de 1973,  prácticamente todos los sectores económicos, partiendo por la industria pesada creada por CORFO, siguiendo con la minería, la pesca, el sector forestal, ganadería y agricultura, agua, energía, vivienda, telecomunicaciones, transporte, puertos y aeropuertos. Los que debieran ser derechos básicos asegurados, han sido convertidos en productos que se comercializa. Es el caso de la educación, la salud, el transporte público, con servicios privados y del Estado. Esta concepción ideológica se construyó a partir de la Constitución del 80 y es lo que explica la desigualdad profunda entre quienes pueden tener acceso a servicios privados y pagarlos; y los que obligadamente deben atenderse en servicios públicos.

En la ideología de la derecha económica siempre ha estado reducir al Estado a su mínima expresión, procurando que la iniciativa privada entregue cobertura a las necesidades del sector que puede pagar por tales prestaciones. En este orden de ideas, la Constitución del 80 es la plataforma ideológica que ha asegurado a los poderes económicos una institucionalidad estable para poder realizar sus negocios, con una fiscalización débil y permeable, con un Estado cooptado desde su génesis por el tráfico de influencias, el cohecho y otras malas prácticas.

Lo anterior explica porqué no basta con sitiar al sistema con una protesta generalizada, girando con trompetas en torno al palacio,  sino se hace necesario persistir en una acción política que lleve al desmonte de un sistema perverso, basado en el interés de lucro cortoplacista de privados que nunca han sido capaces de mirar los límites ambientales del modelo y por eso han puesto caras de desconcierto cuando masas ingobernables se han autoconvocado para demoler desde sus cimientos la institucionalidad mantenida por 40 años.

Evolución de la crisis a grandes rasgos
La primera reacción del gobierno de Sebastián Piñera fue plantear que estábamos “en guerra contra un enemigo implacable, que no respeta nada ni nadie”. El General Javier Iturriaga del Campo, a cargo del Estado de Emergencia en la plaza de Santiago señaló que él no estaba en guerra con nadie, descalificando el discurso del Presidente Piñera. Pero, aun así, en una semana de Estado de Emergencia y el período ulterior, hubo 22 muertos y miles de heridos; más de 200 mutilaciones a la vista por perdigones consignados como armamento no letal. Un análisis de los perdigones por laboratorio de la Universidad de Chile demostró que tales municiones no eran de goma, sino de plomo y silicio, revestidos en goma. Se cayó así la mentira esgrimida ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Por su parte, el Instituto Nacional de Derechos Humanos presentaba querellas por abusos, uso excesivo de la fuerza y por disparar a civiles a su cara, con mutilaciones oculares jamás vistas a nivel mundial. A las demostraciones de fuerza de la civilidad, expresadas en marchas a lo largo de Chile, prosiguió un primer Paro Nacional y, entonces, Piñera cambia su gabinete y, a través del nuevo Ministro del Interior, Gonzalo Blumel, llama a un Congreso Constituyente, idea que moriría a las 24 horas en medio de un rechazo nacional.

El viernes 14, sin Piñera participando, los partidos políticos de gobierno y oposición, destacando la ausencia del Partido Comunista y Partido Regionalista, se encerraron en el antiguo Congreso Nacional de Santiago, a buscar una salida institucional a la crisis; a las 2 de la madrugada del día sábado 15 de noviembre, los políticos en actividad firmaban un Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. En lo medular se convocaba a un Plebiscito para una Nueva Constitución, cuya redacción parte de fojas cero, es decir con una hoja en blanco. El problema inmediato que provocó gran rechazo, fue el quorum de 2/3 que se acordó para incorporar los preceptos a la Constitución, lo que deja a merced de una posición minoritaria de un tercio+1 voto la incorporación de tópicos a la Constitución, definiendo un nuevo orden político, económico y social en Chile. Y frente a situaciones en que no se logre un 66% de apoyo, las mismas deberán dirimirse en el Congreso y no en un Plebiscito ciudadano, lo que deja la incorporación de principios fundamentales, sujeta a la condición de poder construir mayorías suficientes en la Asamblea o en un nuevo Congreso en donde se refleje legítimamente el 70% o más de la población que demanda cambios de fondo. Otro aspecto, no menor, considerado como letra chica deslizada en el Acuerdo, fue la pretensión de los políticos de ser ellos los que nominen los candidatos a delegados constituyentes, bloqueando en la práctica la postulación directa de independientes como candidatos a delegados constituyentes.

El afán de la clase política ha sido seguir monopolizando la representación popular, muy en la línea que rige actualmente, de prohibición de dirigentes sociales a postularse a cargos de elección popular, resultando casi imposible que un independiente pueda competir.

Esas malas prácticas son precisamente las que han deslegitimado a Diputados y Senadores, que han conformado una cúpula que goza de privilegios y descontrol, lo que ha ido corrompiendo la política, con numerosas malas prácticas que, en esta ocasión, han querido repetir en un acuerdo de espaldas a la sociedad civil y en colusión con un gobierno represor fallido, que apenas tiene un 9% de apoyo.
Apostar al desgaste, a la desinformación, a la letra chica, a la declamación de nobles principios republicanos, ha sido la reacción de los políticos frente a la explosión social.
Se ha buscado permanentemente criminalizar al movimiento social, pero la mentira tiene pata corta y los dirigentes sociales han sido muy claros al denunciar situaciones de clara omisión o complicidad de fuerzas policiales frente a acciones criminales, como incendios a infraestructura, principalmente a estaciones del Metro, saqueos, desmanes, a la par que se ejercía sobre personas protestando una violencia inusitada, con víctimas fatales. Tanto ha ido el cántaro al agua que, en el discurso del 17 de noviembre, el Presidente Piñera pidió disculpas por hechos en que se haya hecho uso indebido de la fuerza, lo cual, señaló, “se estaba investigando en sumarios administrativos que, de haber mérito en la causa, serían derivados a la Justicia”. Cabe acotar que sólo un par de días antes, se filtró un discurso del General de Carabineros Mario Rozas en donde comprometía su respaldo a los carabineros en procesos policiales y que, “aunque lo quisieran obligar, él no removería a nadie”. El discurso presidencial ha salido al paso de esta declaración, pero en forma tibia, sin un llamado tajante a Carabineros para dejar de abusar del uso de la fuerza en sus operativos. En relación a lo mismo, como un hecho proveniente del ámbito judicial, ya dos Cortes de Apelaciones, de Antofagasta y Valparaíso, han llamado a no usar, a todo evento, escopetas con balines ni perdigones en la represión de civiles, por las mutilaciones que han provocado.

Por su parte, en la Cámara de Diputados, la bancada del Frente Amplio, Humanistas y Partido Comunista, prepara una acusación constitucional en contra del Presidente Piñera, como responsable político por los muertos, de los mutilados a la vista y los miles de heridos en un mes de movilización social. La firma de 10 diputados bastaría para dar curso a esta Acusación Constitucional. La Diputada Pamela Jiles ha señalado que habría habido un acuerdo político para no acusar a Piñera, como una de las condiciones del Acuerdo del 15.11. Lo efectivo es que, habiendo aumentado el número de muertos y habiéndose cursado una querella a Sebastián Piñera como responsable político de las violaciones a los Derechos Humanos cometidas, es probable que esta acusación constitucional prospere, pese al Acuerdo del 15.11 y el calendario  fijado para Abril, toda vez que se señala que el mismo se negoció entre parlamentarios y partidos políticos, de espalda a la Unidad Social que aglutina al pueblo en esta explosión social.

Medidas de urgencia
En el discurso de ayer, Sebastián Piñera señaló que pudo haber elegido la fuerza y que ello habría llevado a una dictadura, pero que prefirió la fuerza de la razón para construir la paz en Chile. La respuesta en Redes Sociales ha sido categórica, el infierno está plagado de buenas intenciones y lo que la sociedad civil espera con suma urgencia son medidas concretas e inmediatas, entre las que se señala, por ser de resorte presidencial, entre otras, las siguientes:
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        Aumento inmediato de pensiones:
Cambiar las tablas de esperanza de vida que aplican las AFP, para calcular las pensiones con 85 años máximo y que el Estado supla directamente los casos en que este límite se exceda. Actualmente, se calcula las pensiones con una esperanza de vida de 110 años, lo que significa un despojo del ahorro individual.
Anular todos los cambios al original Sistema de AFP, que realizaron los gobiernos de Frei, Lagos y Bachelet, para que éstas vuelvan a ser responsables por las pérdidas y que las mismas no se trasladen al afiliado. Que no puedan, además, cobrar comisiones cuando el afiliado esté cesante, entre otros cambios que empeoraron el sistema para beneficio de las Administradoras.
·         Revisar todos los contratos de concesiones de carreteras, con Auditorías en las que puedan participar representantes de la sociedad civil, de manera de corregir todo aquello que en forma leonina se pactó a favor de las concesionarias en desmedro del usuario y del interés nacional. Como medida inicial, anular todas las multas cursadas a infractores, eliminando cobros del TAC en carreteras que ya hayan recuperado 1,5 veces la inversión inicial realizada.
·         Fijar un Salario Mínimo de 350 mil pesos, a partir de diciembre.
·         Rebajar la remuneración de los parlamentarios, asimilándola al de un grado 5°, Jefe de Departamento, en la Escala Única de Sueldos del Sector Público, eliminando la facultad de autoasignarse corporativamente gratificaciones por gastos y asesorías.
·         Asignar un presupuesto extraordinario a los Hospitales y Centros Asistenciales del Estado, que permita sanear deuda con proveedores y que signifique disponer de inmediato de insumos, con utilización óptima de quirófanos para atención de listas de espera. Dejar de inyectar recursos públicos a clínicas privadas.
·         Ampliar la producción de medicamentos genéricos y su comercialización a través de farmacias municipales, para eliminar colusiones de precios en productos de marca.
·         Como señal de cambio en la responsabilidad del Estado en protección de sus habitantes, generar frente a sequía un plan de inversión pública de emergencia, adquiriendo e instalando en el litoral plantas desaladoras que permitan suministrar agua para riego y consumo humano a comunidades rurales afectadas, trabajando en su distribución con municipalidades para la distribución del agua como un derecho humano fundamental en donde no es admisible el lucro.  
Las demandas sociales son urgentes y no pueden esperar los cambios de fondo y la voluntad política del pueblo soberano exige avanzar en ambos sentidos; frente a lo cual el sector dominante, que ha gozado de privilegios por 40 años, deberá conscientemente plegarse al cambio de reglas, pagando más impuestos y resignando indebidos ingresos, obtenidos por el tráfico de influencias, el financiamiento de la política o la fuerza golpista. Chile espera que la plutocracia asuma que no se volverá a más de lo mismo, no esta vez.

Periodismo Independiente, 18 de Noviembre de 2019



Una mirada libre a nuestro entorno

lunes, noviembre 11, 2019

Nueva Constitución: legitimidad para paz social



El estallido social en Chile entró a su cuarta semana. Diezmado en su capacidad política por un torbellino de errores en el manejo de la crisis y la desproporcionada represión, con más de 20 muertos y más de 200 personas mutiladas total o parcialmente en sus ojos, el Presidente Sebastián Piñera ha debido soportar la reacción interna de sus propios aliados, que le han exigido escuchar el clamor popular, aceptando abrir un proceso constituyente para una nueva Constitución.
Hechos de último minuto
Sebastián Piñera ha tocado fondo y logra una adhesión, según últimas encuestas, que apenas llega al 6%. Ante el desgobierno reinante, las fuerzas policiales han seguido actuando sin control de la autoridad de Interior, continuando el uso de escopetas con perdigones para reprimir muchedumbres que, en general, protestaban sin violencia. Se ha apreciado que se detiene a esas personas y se les imputa agresión a Carabineros, pero, los hechos y testimonios dicen otra cosa: ayer en Reñaca, los carabineros no aparecieron cuando un individuo, portando ilegalmente su arma registrada, disparara 4 veces contra jóvenes que bloqueaban la calle, hiriendo a uno de ellos. La reacción que causó esta acción desequilibrada y que quedara profusamente registrados por decenas de celulares, llevó a un levantamiento de barricadas y un grupúsculo de una veintena de exaltados comenzó a romper negocios. Más de 30 minutos demoró en llegar Carabineros y, cuando lo hicieron, en vez de detener a los exaltados que incendiaban un negocio, se pusieron a disparar sus escopetas con perdigones hacia la playa, hiriendo entre la multitud a una joven en un ojo. Mientras tanto al extremista de derecha John Cobin, autor de los disparos, se le daba el tiempo para grabar un video y subirlo a You Tube antes de ser arrestado por la PDI en su domicilio.
Mientras esto ocurría el domingo 10, en Viña del Mar, el Ministro del Interior anunciaba que el Gobierno se abría a una Nueva Constitución y que, para ello, se llamaría a un Congreso Constituyente.
La clave política es la Legitimidad por encima de la legalidad
Lo que plantea el gobierno es que sea el actual Congreso quien redacte las bases de la nueva Constitución Política. Se ha generado de inmediato una cuestión de legitimidad: ¿Pueden ser parte de la solución quienes son responsables del problema que se prolonga por 30 años?
Siguiendo el proceso que había iniciado Michelle Bachelet en su último mandato, el gobierno de Piñera busca concordar con la oposición en el Congreso un proceso constituyente de espaldas a la ciudadanía. Porque la clase política cuestionada por haber sido causante o cómplice del sistema por 30 años, adolece de legitimidad, al igual que el Gobierno de Piñera.
La legitimidad actual del gobierno y los parlamentarios se puede ponderar a través de un simple cálculo matemático: considerando que en las elecciones ha habido alrededor de un 60% de abstención, el universo de votos representa en realidad al 40% de los votantes potenciales. Si alguien es elegido como Presidente por la mitad más uno de esos votos, significa que el respaldo político al partir es de alrededor de un 21% de la población con derecho a voto. Cuando en la sociedad chilena se ha incorporado la medición periódica de las encuestas, mediante ese barómetro se va apreciando el capital político de un personero público, una autoridad o un candidato posible. En este orden de ideas, que el Presidente Piñera tenga en este minuto, menos de un 10% de apoyo, podría estimarse como que sólo un 2% de la población con derecho a voto lo respalda. Estas apreciaciones buscan explicar la mínima representatividad que tienen los políticos y lo inconducente que resulta confiarles a ellos mismos, la generación de un nuevo texto constitucional.
El Frente Amplio, a través del Diputado Boric, salió de inmediato a plantear su posición al respecto: “Ni el ejecutivo ni el legislativo tienen potestad constituyente "originaria", esa es la que ejerce el soberano, o sea, el pueblo. Solo la tendrían en el caso de ser una AC delegada, elegida especialmente para eso y que dejaría sus funciones al finalizar su labor. No más engaños. No aceptaremos maquinaciones para que puedan volver a escribir la Constitución entre cuatro paredes y de espaldas al pueblo. Un Congreso Constituyente NO es lo mismo que tener al poder soberano real reunido en una Asamblea Constituyente, representativa, democrática y paritaria. Eso de congreso constituyente es una invención del gobierno”. El oficialismo, a su vez, también se ha manifestado sobre la propuesta del Gobierno. El senador Manuel José Ossandón (RN),quien aseguró que “es un tremendo avance” que el Gobierno hable de cambiar la Constitución, sin embargo no estuvo de acuerdo con la idea de que sean los propios parlamentarios quienes comanden el proceso, señalando: “El actual Congreso no tiene legitimidad frente a la opinión pública”.
En la estrategia oficial se ha detectado una campaña mediática para desinformar respecto al alcance de una Asamblea Constituyente, caricaturizándola como una instancia irracional donde el que más grita gana. La derecha se ha esforzado en estigmatizar una Asamblea Constituyente, con una campaña de terror, aprovechando el subconsciente colectivo de quienes se siente amenazados en sus privilegios y hacen todo lo posible porque no cambien las cosas. No es casual que se haya bajado el ramo obligatorio de historia de los programas educacionales, porque un pueblo culto es un impedimento para este estilo político autocrático.
Porque el camino de una Asamblea Constituyente es serio, formal y auditable. El primer paso hoy, es que se dicte una ley rápida reponiendo en Chile el voto obligatorio, ya que así se asegura la concurrencia plena de los ciudadanos al proceso que se inicia.
El proceso que se debe respetar para que la ciudadanía cumpla con expresar en forma soberana su voluntad acerca del tipo de sociedad que se quiere construir, significaría dar los siguientes pasos:
1. El Presidente de la República en base a las facultades que entrega el Art. 5° de la Constitución puede convocar a un Plebiscito para definir el mecanismo a seguir para una nueva Constitución Política.
2. Las opciones que se consulta al pueblo soberano se refieren al método a aplicar:
a. Elección de una Asamblea Constituyente por parte de organismos de la sociedad civil.
b. Elección de un grupo de parlamentarios para redactar el nuevo texto constitucional
c. Equipo de Expertos designados por el Presidente de la República
3. Redacción de la Nueva Constitución, trabajos temáticos, consolidación y consenso.
4. Plebiscito para Aprobar o Rechazar el Proyecto de Nueva Constitución.
En este proceso, para hacerlo legítimo desde su inicio, correspondería resolver que el voto vuelva a ser obligatorio, lo que aseguraría máxima representatividad, siendo controlado en todas las instancias por el SERVEL.
Previo a formular la consulta plebiscitaria, para la opción de Asamblea Constituyente se debería determinar cuál sería su conformación, número de delegados por Región, tiempo de validez, plan de trabajo, remuneraciones y viáticos. Además, debiera determinarse la participación de expertos por áreas temáticas para apoyar las deliberaciones en sus aspectos técnicos.
En cuanto a la elección de las personas que trabajarán en la redacción de la nueva constitución podría ser generada a partir de la sociedad civil, cubriendo los espacios territoriales, usando las comunas como ámbitos de pertenencia. Una de las condiciones para ser elegido como delegado constituyente sería que la persona sea ciudadana y resida efectivamente en la comuna. Una vez terminado el proceso de redacción de la nueva constitución, los integrantes de la Asamblea Constituyente quedarían inhabilitados para postularse a cargos de representación popular por un período de 5 años, lo cual busca dar transparencia e independencia al proceso constituyente.
Un Proyecto de Nueva Constitución debería sentar las bases institucionales del Estado, tales como su organización política, el rol del Estado en protección de la población, del territorio; la planificación participativa para un desarrollo armónico; las libertades públicas; el rol fiscalizador de la sociedad civil sobre los actos públicos; los derechos y deberes de sus habitantes, las bases para una economía mixta, donde el Estado tenga soberanía plena para actuar en roles de gestión, regulación y fiscalización. En el texto que se redacte se volcarán los grandes principios de convivencia y los mismos se ordenarían por materias o capítulos.
La movilización social no decaerá y no admitirá que vuelva funcionar la cocina cupular. La gente está hastiada de engaños y siente que aún no ha conseguido nada.
Si el gobierno no acepta el camino señalado por la Unión Social, existe la alternativa que han propuesto 230 comunas de la Asociación Chilena de Municipalidades, que permitiría hacer un plebiscito en el mismo tenor mencionado, para legitimar democráticamente la voluntad de toda la nación.
Raúl Torrealba, alcalde Renovación Nacional de Vitacura y vicepresidente de la Asociación Chilena de Municipalidades (ACHM), ha señalado: “En democracia, con participación y transparencia, no tengo duda que Chile puede ser el país que todos queremos que sea. Aquí estamos poniendo una primera piedra para que a través de los municipios se propongan soluciones para resolver las justas demandas sociales, y así recuperar la paz, la tranquilidad y honrar la institucionalidad del país”. Esta propuesta que fue aprobada transversalmente por los alcaldes de todas las bancadas, permite que la sociedad civil tenga una opción que, aunque en principio no sea vinculante, puede dar espaldas para enfrentar a la clase política para que adhiera a la Asamblea Constituyente postulada.
Un lápiz y una papeleta para construir la paz social y sentar las bases de un nuevo Chile.
Periodismo Ciudadano, 11 de Octubre de 2019

Una mirada libre a nuestro entorno