domingo, marzo 26, 2023

En los rumbos de la Integración Regional


Integración chileno argentina, vivencias de fraternidad
 
 
No te das cuenta de que no fue ayer, llevas tan prendidas las experiencias, que de repente son historia vieja y sientes la necesidad imperiosa de compartirla con viejos camaradas y dejar testimonio para las nuevas generaciones.

Fue a fines de abril el año 1974 cuando aterricé en Ezeiza de madrugada y viví el primer amanecer en Buenos Aires, con la ciudad cuidada, limpia, despertando temprano entre aromas de café, en esas peatonales cívicas de Lavalle y Florida, donde las discusiones políticas se hacían en la esquina, a viva voz. Porque era aún la Argentina de Cámpora, último reducto de la democracia en el cono sur, pisoteado por las botas del golpismo en Brasil, Uruguay y Chile. Esa Argentina fue un refugio y me permitió insertarme como un inmigrante más, recibido sin discriminación alguna, con los brazos abiertos. 

 

Viví 8 años en Buenos Aires y fue un período que hubo que transitar con cautela. Viví la muerte de Perón como un espectador. Mi preocupación era no poder estar en Chile para el nacimiento de nuestro primer hijo. En medio de las exequias a Juan Domingo Perón, recibí el telegrama con la feliz noticia, “nació varón, la mami y el niño bien”. Encontré trabajo a través del diario El Clarín, me incorporé a una multinacional belga que exportaría una planta llave en mano a Bolivia. Me hice cargo del proyecto, mi profesión me respaldaba y mi vida transcurrió por el Obelisco, por Rivadavia, por el bohemio barrio de San Telmo y muchos viajes a Tarija, al sur de Bolivia. De San Telmo llegamos a Núñez y finalmente a Palermo. Buenos Aires se convirtió en mi barrio y lo siento con mucho amor, como parte de mi derrotero, con emoción, logros, desarrollo personal y familiar. Fui un ciudadano más de Buenos Aires. 

 

Como todos los argentinos viví la negra época de la dictadura, esquivando sus zarpazos. De ese inicio familiar me quedó una hija nacida en Palermo. La primera infancia de mis hijos se desarrolló en torno a la cancha de River, al jardín Botánico, el zoológico, los Lagos de Palermo y la Rural. Cursé mi pos título en Relaciones Internacionales en la Universidad del Salvador, allí en el barrio de Once. Se generaron lazos imborrables, siguiendo de cerca una realidad que los medios ocultaban. Viví desde el piso 17 de la segunda multinacional en la que trabajé, los apagones de ensayo de la guerra con Chile, pero las cosas seguían funcionando pese a la tensión que se vivía. Conocí amigos entrañables como Oscar Klier, ya fallecido y que fundara la Universidad de Congreso en Mendoza, la Doctora Mirka Seitz, mi colega aduanero Raúl Bustos Cara.La vida nos juntó muchas veces, en las lides de la cooperación regional.

 

Cuando la economía se vino abajo con Martínez de Hoz y el loco Galtieri en el mando, con mi familia decidimos volver a Chile, donde tuvimos un duro reinicio, en medio de otra crisis profunda. Con la experiencia profesional de más de 10 años, esquivando las listas negras de la dictadura, me pude insertar en la vida académica y fui profesor de la Escuela de Ingeniería de Transporte de la entonces Universidad Católica de Valparaíso, desde 1983. Nuestros países habían vivido la casi guerra de 1978 y en 1985 se firmaba el Acuerdo de Paz Perpetua, luego de los buenos oficios del Papa y su delegado, el Cardenal Antonio Samoré. A Dios gracias se consolidaba una paz que nunca debió verse amenazada. 

 

En ese período, quizá a finales de 1985, viajé a Mendoza para visitar a mi hermana que comenzaba a disfrutar la seguridad argentina con su pequeña hija. Y en ese viaje pasé a conversar con el Rector de la Universidad Nacional de Cuyo, el poeta y amigo Luis Triviño, un gordo enorme, radical y primer Rector en democracia. Le propuse la idea de formar una red de universidades que se comprometieran con la integración entre nuestras regiones. Asumíamos la realidad política de un Chile que aún luchaba por recuperar la democracia y una Argentina que en suerte ya lo había logrado, después de la tragedia de las Malvinas. Luis esa misma tarde me llevó al Insteco y me presentó a Rodolfo Gabrielli y seguidamente a José Octavio Bordón, entonces Gobernador de la Provincia de  Mendoza, actual Embajador de Argentina en Chile, pero entonces, simplemente el Pilo Bordón. 

 

Rápidamente surgió el proyecto y regresé a Chile, obteniendo pleno respaldo del Rector Juan Enrique Froemel y la ayuda de mi ex Director del Rubén Castro, Lucho Nicolini Ghio, con quien formalizamos la creación de lo que llegó a ser una gran organización académico empresarial,  el Consejo Académico de Integración Chileno Argentina, CAI, del cual fui el Secretario Ejecutivo. 

 

Se sumaron en Valparaíso las universidades de Valparaíso, UPLACED de Playa Ancha, la Federico Santa María. Del lado argentino se organizó un capítulo que agrupaba a todas las universidades de Cuyo, tales como la Champagnat, la Congreso, la Aconcagua, el Insteco y la UNC. El resultado de esta aventura fue la realización de unas Primeras Jornadas por la Integración Chileno Argentina que se realizaron en Viña del Mar, en un hecho político sin parangón histórico, ya que, por primera vez, se articulaba un eje de cooperación a nivel de regiones y no por la vía de las capitales. 170 empresarios, políticos y académicos debatieron en el Hotel O’Higgins de Viña del Mar por más de una semana. La integración física, el corredor bioceánico, la integración cultural, la complementación de las dos economías, fueron algunos de los temas tratados. Al proyecto se sumaron las federaciones de estudiantes y surgió una dinámica que tuvo diversos canales. Y, lo más trascendente, por primera vez un Gobernador de la Argentina democrática, José Octavio Bordón, compartía testera con un Intendente Regional del régimen militar, el Almirante Pablo Wunderlich, quien había tenido un rol importante en la crisis de 1978. Los caminos de la paz y la democratización regional se abrieron con la mirada de futuro que construimos a partir de esta experiencia. El hecho fue relevado por las Cancillerías de ambos países y marcó un hito en la integración microregional. 

 

Con el advenimiento de la democracia en Chile las cosas volvieron a su realidad centralista, pero en la retina de una generación quedó esa experiencia en donde universitarios, académicos, políticos de diverso signo, empresarios, se comprometieron con la paz y la colaboración en este eje de integración, que tiene un destino común.

 

Posteriormente, la vida me llevó a reencontrarme con la Argentina trabajando como Consultor del Centro Interamericano de Comercialización de la OEA. Trabajé con cámaras de comercio y universidades de diversas regiones, en especial Entre Ríos, Rosario, Tucumán, la Universidad del Centro en Tandil, Provincia de Buenos Aires,  Córdoba, La Rioja. En Chamical, localidad de la Rioja, en una ocasión expuse sobre el rol de los medios de comunicación en los procesos de integración. En la mesa académica como anfitrión del Encuentro estaba Menem, con su mejor pinta de Facundo Quiroga, antes que viniera a recibir las llaves de la ciudad de Valparaíso en los noventa, cuando ya lo hizo con un look de yuppie. 

 

En el período reciente, los lazos con Argentina se centraron en el eje de ATACALAR, proyecto de integración en el que participan Atacama por el lado chileno y las provincias de Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, Tucumán y Córdoba, por el lado argentino. Por 7 años viví esa experiencia, fundamentalmente impulsando desde la Tercera Región de Atacama, el eje que cruza por los pasos de Pircas Negras y San Francisco, hoy rebautizado como Paso Julio Palma Vergara, en honor póstumo de un gran amigo y pionero, que falleciera a consecuencia del aluvión que arrasó Chañaral.

 

Como lo decía Raúl Scalabrini Ortíz, soy ese hijo adoptivo que se acoda en Corrientes y Esmeralda a contemplar la vida, con esa filosofía particular del inmigrante que recrea sus lecturas y sus sueños, encontrando espacios generosos en la Argentina.

 

Hernán Narbona Véliz, Febrero/2018, Periodismo Independiente, @comarcadepoetas y @hnarbona en Twitter

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