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domingo, septiembre 10, 2023

Cuando la Traición acecha


Vuelvo a publicar est columna escrita el 11 de septiembre de 2005, la cual es impactante en su relectura y suficiente para reflejar la emoción que nos conmueve al cumplirse 50 años del golpe de Estado y nos encontramos con el fascismo atrincherado, apuntando sus mentiras y bazofia sobre la ciudadanía, para tratar de imponer el negacionismo y la pos verdad. 

Ese 62% que el 4 de septiembre 2022 dio un portazo a una Constitución que abría puertas a una sociedad decente, donde la corrupción fuese un delito inexcarcelable, donde el agua fuese un bien común de uso público, donde los Derechos Sociales fuesen asegurados por un Estado Responsable, Probo, que condujera una economía mixta en equiibrio con la Naturaleza, todo eso lo demolió esa campaña del terror y la desidia y negligencia de los politicos torpes o serviles, que no se jugaron por defender ese sueño. 

En ese escenario amenazante, donde la ignorancia es el principal instrumento del fascismo con sus medios de comunicación de masas, los ciudadanos demócratas, desde la sociedad civil, debemos aunar fuerzas, para que no se repita, con mayor brutalidad y eficacia, la dictadura en Chile. 

Lo están preparando a puertas cerradas, con las enmiendas de una constitución retrógrada, peor que la vigente, que arrebata a la sociedad chilena sus conquistas centenarias. Por eso, esta columna, cuya relectura propongo, tiene una dolorosa plena vigencia, porque hoy 10 de septiembre de 2023, 50 años después, la Traición Acecha.

CUANDO LA TRAICIÓN ACECHA.

Relectura de Artículo escrito el 11 de Septiembre de 2005
Hernán Narbona Véliz

Era aquél un martes nuboso y la ciudad despertó acorazada, se sentían los trotes de tropas por las escaleras, piquetes de marinos que se instalaban en los puntos de acceso al puerto. El estrecho plan de Valparaíso estaba bloqueado. Por ello, la ruta obligada era caminar por los cerros, cruzando quebradas. La sensación era la que se siente cuando se está en medio de un terremoto. El instinto impulsaba hacer un contacto urgente con familiares. Se intuía en ese despertar de pesadilla que quedaba poco tiempo para el abrazo filial, que se había producido lo temido, que el gobierno popular caía. Sólo que la catástrofe recién se iniciaba y, mientras muchos sacaban banderas, otros comenzaban a buscar respuestas o señales de esperanza, sin darse cuenta plenamente que esto no era un nuevo ensayo, sin imaginar que sus repercusiones troncharían de cuajo la vida de miles y miles de familias chilenas.

La radio Magallanes fue la última en apagarse. Las demás transmitían marchas militares. El asombro y el miedo asomaban. La última orden del Presidente Allende fue no sacar al pueblo a las calles, evitar una masacre. Por la radio conocimos del bombardeo a la Moneda. El toque de queda se implantaba. Los bandos de la Junta Militar exacerbaban sentimientos de venganza y odio hacia los enemigos. El día 12 de septiembre por Decreto Ley Nº 5, se declaraba en Chile el estado de guerra interna.

Culminaba el complot desestabilizador que ordenara Nixon a Kissinger el mismo 4 de septiembre de 1970. En Valparaíso, el Teniente Coronel de la Infantería de Marina norteamericana, Patrick Ryan, encargado de los grupos de tarea que conducían el levantamiento militar, reportaba a la CIA el éxito alcanzado. Esa mañana, muchos oficiales de la Armada retomaban sus puestos después de realizar misiones de infiltración e inteligencia al interior de la Unidad Popular. Ex choferes de confianza llegaban a las fábricas a arrestar selectivamente a los dirigentes principales; en las universidades los más encendidos revolucionarios terminaron vistiendo uniforme y torturando a sus supuestos compañeros de ruta. El soplonaje y el revanchismo campeaban. Personas indefensas tuvieron que sufrir indecibles torturas e incluso la muerte y desaparición, por el simple hecho de que algún desalmado los delatara y les imputara ser comunistas, marxistas o activistas de izquierda. Los colaboracionistas buscaban ganar la confianza de los golpistas entregando las listas negras para orientar los arrestos, las torturas y las persecuciones. Funcionarios del régimen derrocado, que fueron voluntariamente a entregar sus cargos fueron asesinados sin clemencia alguna. Sacerdotes obreros, mujeres embarazadas, adolescentes, iban cayendo en una oleada de crueldad sin parangón en la historia de Chile. Hubo escasos enfrentamientos. El golpe había sido rotundo y los militantes que estaban en los aparatos armados no tuvieron ninguna posibilidad de dar un vuelco a la historia. La labor de inteligencia había sido profesional y daba sus frutos. Los cuadros de los partidos eran metódicamente encarcelados, la tortura permitía sacar información y tejer organigramas que guiaban la acción represiva. La mano técnica de la CIA había trabajado 1090 días para sembrar el caos en Chile, sirviéndose de las pasiones que inflamaban el país en un clima confrontacional, infiltrando los partidos, empujando al infantilismo revolucionario; organizando sabotajes, mercado negro; comprando la incondicionalidad de una derecha sin escrúpulos, utilizando las ambiciones de personeros que sólo querían retornar al poder, teniendo como aliados a sectores conservadores que querían mantener privilegios amenazados por la ola reformista de esa década.

Pero también, en medio de la incertidumbre, hubo gestos humanos, heroicos y silenciosos. Como fue el trabajo de personas que limpiaron casas de compañeros para evitar que los allanamientos descubrieran información. Como era ayudar a cambiarle la facha a compañeros desgreñados para convertirlos en ordenados ciudadanos de cuello y corbata, pelo corto y lentes. Ocultar a perseguidos políticos, gestionar su asilo, colocar a favor de las víctimas un histórico recurso de amparo, visitar a los compañeros presos, movilizar las iglesias en búsqueda de solidaridad, escribir cartas para dar a conocer la represión en Naciones Unidas. Todo esto, sin medir riesgos; sin que nadie esperara nada a cambio. Esos gestos, quedaron guardados en la retina, como una gran reserva moral, aún vigente. Personas anónimas que se las jugaron para ayudar al prójimo, sin entramparse en posiciones ideológicas, dejando para el futuro una poderosa señal de reencuentro. Porque en esos momentos, así como hubo vileza y canalladas de hijos de perra, hubo bonhomía, valentía y misericordia en personas que, sin comulgar ideológicamente con las víctimas, eran capaces de arriesgarlo todo por principios fundamentales, como la defensa de la vida y la libertad.

Hoy, treinta y dos años después, de manera artera y cupular la traición intenta nuevamente posicionar la amnesia colectiva. Apelando a “clemencia para los victimarios” se olvida de las víctimas y busca postergar la verdad y la justicia. Imponiendo el secreto por cincuenta años a las declaraciones que las víctimas entregaron a la Comisión Valech. Convirtiendo su dolor en algo prohibido de difundir, para proteger la honra de los torturadores y su descendencia. La traición a los principios busca clausurar cínicamente una época de crímenes imprescriptibles, mediante una mascarada de sanciones, que hace impracticable la aplicación de las penas, dada la edad de los procesados.

Lo más doloroso es que esto lo impulsan personeros de una coalición de gobierno que llegó al poder, gracias a que miles de chilenos vivieron una vida entera de privaciones, renuncias, persecuciones y sacrificios. Es una maniobra que daña la convivencia porque la democracia recuperada no la ganaron esos senadores designados que pronto desaparecerán, ni los funcionarios que gracias al cuoteo ocuparon todos los espacios de representación popular. La democracia imperfecta que tenemos, se ganó en la Vicaría de la Solidaridad, en la Asamblea de la Civilidad, en las protestas, en las ollas comunes, en las poesías clandestinas, en las agrupaciones de artistas, poetas e intelectuales que desafiaban la voz oficial del dictador; en el canto protesta que emergía de las poblaciones, en los mártires quemados, degollados, en los jóvenes que patearon piedras por largas generaciones, en los cesantes, los exonerados políticos, los estigmatizados como apátridas, los que hasta el día de hoy no recuperan sus derechos ciudadanos, los que sufrieron consejos de guerra, los torturados, los desaparecidos, los ejecutados políticos.

A 32 años del golpe de Estado, con las evidencias de haber sido nuestro pueblo víctima de un gigantesco complot internacional, con la convicción ciudadana de que fuimos gobernados por un régimen que impuso el terrorismo de Estado favoreciendo el saqueo y el pillaje del patrimonio público, la amenaza de un punto final a los procesos judiciales en marcha mientras se olvida a las víctimas y sus debidas reparaciones, resulta impresentable ante la comunidad internacional y generará un quiebre profundo en la política chilena. Un antes y un después, que pondrá término a la política cupular que pretende esta maniobra y que, seguramente, llevará a un replanteo de las alianzas políticas futuras.

Lo que queda claro es que nadie podrá llevarse el progresismo para la casa ni podrá adjudicarse el derecho a clausurar la verdad dentro de un túnel.


Publicada por Periodismo Independiente, Tribuna ciudadana. 


Una mirada libre a nuestro entorno

sábado, marzo 05, 2022

Diálogos con un Sobreviviente: Héctor Cataldo Ávila - 2006


Conversando con Héctor Cataldo Ávila: Prisioneros de Guerra o Presos Políticos

Diciembre, 2006

 

"Una plataforma común: Verdad, Justicia, Reparación y Educación"

Se  incorpora a estos "Diálogos con un Sobreviviente" un gran amigo de infancia,  Héctor Cataldo Ávila. Estudiamos juntos en el colegio experimental "Rubén Castro" de Valparaíso, entre 1961 y 1966. Hemos llevado en paralelo historias que ahora quieren volcarse testimonialmente, en el ejercicio de la Memoria.

Héctor Cataldo es un hombre inteligente, racional, con una trayectoria consecuente con sus ideales. Íntegro y vehemente. Compañeros de ruta, dos vidas en paralelo, con visiones ideológicas que pueden disentir, pero con principios comunes entronizados en el humanismo, en el respeto mutuo, la tolerancia y un común compromiso con la Verdad.

Sentamos ahora a la mesa virtual del debate a Héctor Cataldo, para remontarnos a esa época en que nos incorporamos a la vida universitaria, sumándonos con pasión y liderazgo a la construcción de un mundo más justo. Han pasado 40 años de entonces, pero aún quedan ganas de cambiarlo todo y eso es lo importante.

Me interesa desplegar estas conversaciones porque serán útiles para las generaciones actuales y futuras. Lo hacemos en las postrimerías del año 2006, cuando ya el ex-dictador ha muerto, quedando pendiente una enorme deuda con la Verdad, la Justicia y la Reparación.

 

Héctor: Me gusta el enfoque; histórico pero personal. Debo confesarte que me siento más cómodo con preguntas que tienen respuestas claras, precisas y demarcadas (como los test objetivos o de selección múltiple). Sin embargo, voy a hacer un esfuerzo por separar lo que fue, de lo que pensé o creí y de la imaginación que se cuela a caballo del tiempo, del olvido selectivo y del Alzheimer. Pero, como es testimonio me voy a tomar el tiempo, por razones obvias, tú marcas por donde comenzamos...

 

Hernán: Dejemos por ahora un título inicial. Me gustaría, para enlazar con los temas que revisamos anteriormente con Sapiains, clarificar un concepto. Tú perteneces a la Asociación de Ex Presos Políticos y Roberto a la de Ex-Prisioneros de Guerra... ¿Qué tal si partimos por este tema?

Héctor: En los primeros meses después del golpe, los propios militares nos denominaban prisioneros de guerra. Recuerdo que en la Academia de Guerra  Naval y en el Lebu éramos eso: prisioneros de guerra. Esto fue entre el 15 de octubre y el 20 o 25 de noviembre para mí. Después estuve incomunicado hasta fines de diciembre del 73, de tal modo que no se bien cómo ocurrió, pero al llegar a la cárcel de Valparaíso ya la denominación (auto denominación me parece) era de Presos Políticos. Estábamos en la tercera galería, la de los presos políticos… así era la cosa.

Para los militares y sus tribunales eran tiempos de guerra, sin duda alguna. Era el Estado de derecho por el que se regían. Y era el que violaban en el ejemplo de la Caravana de la Muerte. Pero también porque los juicios no eran realmente tales. No se permitió defensa. Se usaron como pruebas confesiones obtenidas bajo tortura, todo lo cual nos lleva a demandar anulación de dichos juicios y restitución de los derechos civiles perdidos.

Hernán: El 12 de diciembre de 1973 decretaron el Estado de Guerra interno. Ese estatus permitió que la Cruz Roja interviniera en gestión humanitaria, permitiendo que se les hiciera llegar ayuda a los detenidos, comunicándose con ellos en tarjetas que eran censuradas, pero que, al menos, permitían saber que estaban vivos.

Héctor: Aunque las ejecuciones, desapariciones y torturas se hicieron, en cualquier caso, al margen de toda juridicidad y esto, en mi opinión, se explica porque no hubo Guerra, esas fueron acciones represivas, expresión del terrorismo de estado que impuso Pinochet. No hubo caídos en combate. No se puede mencionar tal o cual batalla ni tal o cual combate. No existen generales vencidos que se pudieran haber rendido, ni clases ni tropas entrenadas, enroladas o convocadas para la defensa del gobierno de la UP. Así no más es (o fue).

 Yo saludo con orgullo y admiración la resistencia en la Moneda, la inmolación del compañero Presidente y las acciones del 11 en Santiago y en Valparaíso y Concepción, en los 3 o 4 días que siguieron al golpe. Pero sinceramente creo que todo eso no configura un escenario de guerra.

Lo que configura es un escenario de sedición, de traición, de violación de las obligaciones constitucionales que tenían no sólo los militares involucrados, sino también los civiles que los apoyaron, es decir, los empresarios como los de la Sudamericana de Vapores, los grupos paramilitares como Patria y Libertad (no entiendo cómo el Ambrosio Rodríguez estaba defendiendo a Pinochet y no estaba procesado junto a él), pero sobre todo los políticos con representación en el Parlamento como los Jarpa, los Frei Montalva, los Aylwin. Qué irónico fue que este último y el hijo del anterior hayan terminado siendo Presidentes de la democracia conquistada por el movimiento antifascista nacional.

Pero, volviendo al escenario del golpe, lo que ocurrió en mi opinión, fue una interrupción violenta y sediciosa de un proceso democrático y eso no es un evento militar sino un evento político.

Hernán: El gobierno constitucional tenía en su institucionalidad a las fuerzas armadas. Pero dentro de la coalición y más a la izquierda de ella, se contaba con cuadros - no podría determinar un número - que tenían formación militar, muchos habían recibido entrenamiento en Cuba. Había grupos extremistas que pregonaban la vía armada y eso, aunque en los hechos se haya desvirtuado, generó en la propaganda golpista una justificación para ese "estado de guerra interna". Recuerdo que hubo rudimentarias organizaciones de trabajadores o pobladores para resistir en caso de golpe. Por ello, en su discurso final el Presidente Allende dio orden de no sacar al pueblo a la calle, no quería una masacre. Pero la concepción de los golpistas era de aniquilamiento del enemigo...

Héctor: La condición de guerra implica reconocer legitimidad al concepto de enemigo interno, que a instancias del Pentágono acuñó la dictadura, pero hasta donde yo sé,  ninguna democracia, por tanto ningún demócrata, sostiene una idea de esa naturaleza. Si no hay un enemigo real al que el ejército deba enfrentar, no hay guerra posible. Hay otra cosa, pero guerra no.

Hernán: Las violaciones a los Convenios de Ginebra han sido hoy la clave para que se elimine la ley de amnistía que se creó la dictadura en 1978 y para que no prescriban delitos de lesa humanidad...

Héctor:  Otro cuento es que existan precedentes jurídicos internacionales que permitan procesar más eficazmente a los criminales de guerra que a los sediciosos que violan los derechos humanos. Incluso puede ser más fácil el camino de la reparación. Pero eso no cambia la naturaleza del fenómeno.

Hernán:  Pero, en definitiva, la tesis jurídica de "Estado de guerra interna" ha sido incorporada por la justicia y eso ha sido favorable para los procesos en marcha. Por lo que veo ya no caben grandes diferencias conceptuales entre Presos Políticos y Prisioneros de Guerra.

Héctor:  No obstante esta bien distinta manera de analizar las cosas, en términos de reivindicaciones y objetivos, no debe haber grandes diferencias entre ambos grupos. En eso coincido contigo, aunque aparte de Roberto yo sólo he escuchado a los Chacabucanos autocalificarse como ex prisioneros de guerra y a uno que otro socialista, como el viejo Eugenio Carramiñana. Pero no sé si por las mismas razones.

Hernán:  Eugenio Carramiñana junto a Roberto fundaron la Asociación de ex-prisioneros de guerra, por allá por 1996 más o menos...

Héctor: Veamos entonces; la búsqueda de Verdad y la verdad misma, no pueden tener más de una expresión. La Verdad es un tema común en cuanto objeto de estudio y en términos de metodología de investigación, o sea que da lo mismo ser ex PP o ex PG.

Por otra parte, la Justicia, en cuanto a incoar procesos contra los autores y coautores materiales e intelectuales de las violaciones a los DDHH, ante los tribunales de justicia ordinaria nacionales e internacionales, representa también un tema y un objetivo común. En realidad, no tiene importancia si un detenido desaparecido o un ejecutado político fue prisionero de guerra o ex preso político, para los efectos de que sus familiares, amigos y compañeros de partido persigan las responsabilidades legales que correspondan.

Donde aparecen diferencias es en el marco jurídico en el que se pretende realizar los procesos. Los ex prisioneros de guerra van a procesar a criminales de guerra y recurrirán a los precedentes establecidos por los juicios de  Nuremberg, con todo el peso jurídico, político y de opinión que ello implica. Esto puede servir - sobre todo las causas que se ventilen a nivel internacional - para apoyar la situación de los prisioneros de las aventuras militares del Imperio estadounidense que están en Guantánamo, en Irak, en Afganistán y en todos aquellos lugares que, en el futuro, alcancen a ser víctimas de esta forma violenta, sangrienta, antidemocrática y prepotente de imponer la dominación y el modo de producción capitalista.

Los ex presos políticos, por su parte, procesarán a criminales responsables de delitos de lesa humanidad. Los perseguirán por violaciones a los DDHH. Para ello recurren a las convenciones, acuerdos y declaraciones que internacionalmente se han hecho sobre el tema y a la obligación que tienen los estados firmantes de procesar, sancionar y reparar.

Con esto apoyarán todas las luchas que en el mundo se libran contra la dominación, contra la discriminación, por la democracia y por el respeto a los DDHH. Serán un precedente contra los excesos represivos en general, contra la tortura (en tiempos de guerra o no), contra la discriminación étnica, contra la represión a la movilización social. Son, los juicios por DDHH, un gancho para reabrir e impulsar la lucha por el Defensor Público. Son un precedente para sostener que los DDHH son defendibles, son sancionables y deben ser respetados.

Hernán: y en materia de Reparación, qué diferencias podría haber...

Héctor: En cuanto a la Reparación, es un hecho probado que el país entero está conteste en que debe hacerse y, salvo los Laguistas incondicionales, todo el mundo asume que los conceptos de “austera y simbólica” son un desatino que ofende en la dignidad a quienes pretende favorecer y hace incurrir al Estado chileno en una flagrante denegación de justicia y en una violación de las Convenciones sobre DDHH que Chile ha firmado.

Las diversas organizaciones de exPP han logrado avanzar en una plataforma común, o bastante común, de reivindicaciones que debería coincidir con los intereses y planteamientos de quienes se sienten ex prisioneros de guerra. Parece ser entonces que en el tema de la reparación debería haber también coincidencia.

Al respecto tengo una observación o crítica y por tanto una discusión pendiente, con mis pares exPP y que tiene relación con la extensión de las demandas. El anteproyecto de ley de reparación original contemplaba 6 ó 7 puntos reivindicativos que tenían el acento puesto en lo moral por sobre lo material, como resultado del equilibrio de fuerzas al interior de las orgánicas. Con el tiempo, debido a la reiteración de las ideas de fundamentación y a la aparición de nuevos sobrevivientes a la tortura en esas organizaciones y la revelación de los dramas económicos atribuibles directamente a la represión de que fueron víctimas, fue creciendo en importancia y contenido la parte pecuniaria. Esto permitió objetivar un poco más el tema de las demandas, como decía un amigo, puso un cable a tierra. Sin embargo, también dio pábulo para hacer crecer desmesuradamente las demandas llagando, en el último documento unitario a 16 puntos. Esto se traduce, con el seguro beneplácito de algunos sectores, en una plataforma inmanejable, imposible de satisfacer para el estado y de vigencia permanente para las organizaciones de ex PP. El segundo punto es el más preocupante porque los objetivos de una organización de exPP deben apuntar a resolver los apremios en los que viven las víctimas como resultado de la tortura y prisión política y no a prolongarlos. Deben obligar al estado a cumplir con su obligación de reparar Justa y Oportunamente. No puede la plataforma transformarse en la excusa para no reparar y, sobre todo en la principal dificultad para tratar comunicacionalmente la problemática de los exPP. Es por eso que mi propuesta va en el sentido de privilegiar las demandas que favorecen a todos los afectados por sobre las particulares (ampliar el universo de reconocidos, aumentar la pensión, obtener indemnización por cada día de detención, becas de estudio para hijos y nietos, mejor programa de salud), facilitando así su divulgación, la obtención de apoyo político y de solidaridad internacional.

Hernán:  Para que nunca más...la gran aspiración de una sociedad que erradique para siempre el golpismo, profundizando la democracia formal, bien, esto es un punto de futuro sobre el cual debe haber un consenso.

 

Héctor: Efectivamente, esto corresponde al tema de la Educación en DDHH que es un objetivo declarado por todas las organizaciones de exPP y sobre el cuál no sé cómo se plantean los ex prisioneros de guerra. El asunto es que la problemática de los DDHH ni empieza ni menos termina con las violaciones a ellos y sus consecuencias. Por el contrario, aparece como mucho más importante y urgente preparar a la sociedad civil y a los cuerpos militares en el conocimiento, respeto y práctica de ellos. Esta es una cuestión ética transversal de la que ningún sector se puede sustraer y forma parte de la columna vertebral de la conciencia democrática de la nación, que se mantiene en desarrollo pero que está muy lejos de fraguar en un proyecto propio con factibilidad histórica.

Extraído del libro “Crónicas de dos Siglos”, editado el 2010.Una mirada libre a nuestro entorno