Este es un espacio de periodismo de análisis y opinión, desarrollado por Hernán Narbona Véliz, Poeta y Escritor chileno. Administrador Público, Licenciado en Relaciones Internacionales, Columnista de diversos medios, miembro de Periodistas Frente a la Corrupción.
domingo, octubre 01, 2023
50 años y la herida sigue viva
domingo, septiembre 10, 2023
Cuando la Traición acecha
Vuelvo a publicar est columna escrita el 11 de septiembre de 2005, la cual es impactante en su relectura y suficiente para reflejar la emoción que nos conmueve al cumplirse 50 años del golpe de Estado y nos encontramos con el fascismo atrincherado, apuntando sus mentiras y bazofia sobre la ciudadanía, para tratar de imponer el negacionismo y la pos verdad.
Relectura de Artículo escrito el 11 de Septiembre de 2005
Hernán Narbona Véliz
Era aquél un martes nuboso y la ciudad despertó acorazada, se sentían los trotes de tropas por las escaleras, piquetes de marinos que se instalaban en los puntos de acceso al puerto. El estrecho plan de Valparaíso estaba bloqueado. Por ello, la ruta obligada era caminar por los cerros, cruzando quebradas. La sensación era la que se siente cuando se está en medio de un terremoto. El instinto impulsaba hacer un contacto urgente con familiares. Se intuía en ese despertar de pesadilla que quedaba poco tiempo para el abrazo filial, que se había producido lo temido, que el gobierno popular caía. Sólo que la catástrofe recién se iniciaba y, mientras muchos sacaban banderas, otros comenzaban a buscar respuestas o señales de esperanza, sin darse cuenta plenamente que esto no era un nuevo ensayo, sin imaginar que sus repercusiones troncharían de cuajo la vida de miles y miles de familias chilenas.
La radio Magallanes fue la última en apagarse. Las demás transmitían marchas militares. El asombro y el miedo asomaban. La última orden del Presidente Allende fue no sacar al pueblo a las calles, evitar una masacre. Por la radio conocimos del bombardeo a la Moneda. El toque de queda se implantaba. Los bandos de la Junta Militar exacerbaban sentimientos de venganza y odio hacia los enemigos. El día 12 de septiembre por Decreto Ley Nº 5, se declaraba en Chile el estado de guerra interna.
Culminaba el complot desestabilizador que ordenara Nixon a Kissinger el mismo 4 de septiembre de 1970. En Valparaíso, el Teniente Coronel de la Infantería de Marina norteamericana, Patrick Ryan, encargado de los grupos de tarea que conducían el levantamiento militar, reportaba a la CIA el éxito alcanzado. Esa mañana, muchos oficiales de la Armada retomaban sus puestos después de realizar misiones de infiltración e inteligencia al interior de la Unidad Popular. Ex choferes de confianza llegaban a las fábricas a arrestar selectivamente a los dirigentes principales; en las universidades los más encendidos revolucionarios terminaron vistiendo uniforme y torturando a sus supuestos compañeros de ruta. El soplonaje y el revanchismo campeaban. Personas indefensas tuvieron que sufrir indecibles torturas e incluso la muerte y desaparición, por el simple hecho de que algún desalmado los delatara y les imputara ser comunistas, marxistas o activistas de izquierda. Los colaboracionistas buscaban ganar la confianza de los golpistas entregando las listas negras para orientar los arrestos, las torturas y las persecuciones. Funcionarios del régimen derrocado, que fueron voluntariamente a entregar sus cargos fueron asesinados sin clemencia alguna. Sacerdotes obreros, mujeres embarazadas, adolescentes, iban cayendo en una oleada de crueldad sin parangón en la historia de Chile. Hubo escasos enfrentamientos. El golpe había sido rotundo y los militantes que estaban en los aparatos armados no tuvieron ninguna posibilidad de dar un vuelco a la historia. La labor de inteligencia había sido profesional y daba sus frutos. Los cuadros de los partidos eran metódicamente encarcelados, la tortura permitía sacar información y tejer organigramas que guiaban la acción represiva. La mano técnica de la CIA había trabajado 1090 días para sembrar el caos en Chile, sirviéndose de las pasiones que inflamaban el país en un clima confrontacional, infiltrando los partidos, empujando al infantilismo revolucionario; organizando sabotajes, mercado negro; comprando la incondicionalidad de una derecha sin escrúpulos, utilizando las ambiciones de personeros que sólo querían retornar al poder, teniendo como aliados a sectores conservadores que querían mantener privilegios amenazados por la ola reformista de esa década.
Pero también, en medio de la incertidumbre, hubo gestos humanos, heroicos y silenciosos. Como fue el trabajo de personas que limpiaron casas de compañeros para evitar que los allanamientos descubrieran información. Como era ayudar a cambiarle la facha a compañeros desgreñados para convertirlos en ordenados ciudadanos de cuello y corbata, pelo corto y lentes. Ocultar a perseguidos políticos, gestionar su asilo, colocar a favor de las víctimas un histórico recurso de amparo, visitar a los compañeros presos, movilizar las iglesias en búsqueda de solidaridad, escribir cartas para dar a conocer la represión en Naciones Unidas. Todo esto, sin medir riesgos; sin que nadie esperara nada a cambio. Esos gestos, quedaron guardados en la retina, como una gran reserva moral, aún vigente. Personas anónimas que se las jugaron para ayudar al prójimo, sin entramparse en posiciones ideológicas, dejando para el futuro una poderosa señal de reencuentro. Porque en esos momentos, así como hubo vileza y canalladas de hijos de perra, hubo bonhomía, valentía y misericordia en personas que, sin comulgar ideológicamente con las víctimas, eran capaces de arriesgarlo todo por principios fundamentales, como la defensa de la vida y la libertad.
Hoy, treinta y dos años después, de manera artera y cupular la traición intenta nuevamente posicionar la amnesia colectiva. Apelando a “clemencia para los victimarios” se olvida de las víctimas y busca postergar la verdad y la justicia. Imponiendo el secreto por cincuenta años a las declaraciones que las víctimas entregaron a la Comisión Valech. Convirtiendo su dolor en algo prohibido de difundir, para proteger la honra de los torturadores y su descendencia. La traición a los principios busca clausurar cínicamente una época de crímenes imprescriptibles, mediante una mascarada de sanciones, que hace impracticable la aplicación de las penas, dada la edad de los procesados.
Lo más doloroso es que esto lo impulsan personeros de una coalición de gobierno que llegó al poder, gracias a que miles de chilenos vivieron una vida entera de privaciones, renuncias, persecuciones y sacrificios. Es una maniobra que daña la convivencia porque la democracia recuperada no la ganaron esos senadores designados que pronto desaparecerán, ni los funcionarios que gracias al cuoteo ocuparon todos los espacios de representación popular. La democracia imperfecta que tenemos, se ganó en la Vicaría de la Solidaridad, en la Asamblea de la Civilidad, en las protestas, en las ollas comunes, en las poesías clandestinas, en las agrupaciones de artistas, poetas e intelectuales que desafiaban la voz oficial del dictador; en el canto protesta que emergía de las poblaciones, en los mártires quemados, degollados, en los jóvenes que patearon piedras por largas generaciones, en los cesantes, los exonerados políticos, los estigmatizados como apátridas, los que hasta el día de hoy no recuperan sus derechos ciudadanos, los que sufrieron consejos de guerra, los torturados, los desaparecidos, los ejecutados políticos.
A 32 años del golpe de Estado, con las evidencias de haber sido nuestro pueblo víctima de un gigantesco complot internacional, con la convicción ciudadana de que fuimos gobernados por un régimen que impuso el terrorismo de Estado favoreciendo el saqueo y el pillaje del patrimonio público, la amenaza de un punto final a los procesos judiciales en marcha mientras se olvida a las víctimas y sus debidas reparaciones, resulta impresentable ante la comunidad internacional y generará un quiebre profundo en la política chilena. Un antes y un después, que pondrá término a la política cupular que pretende esta maniobra y que, seguramente, llevará a un replanteo de las alianzas políticas futuras.
Lo que queda claro es que nadie podrá llevarse el progresismo para la casa ni podrá adjudicarse el derecho a clausurar la verdad dentro de un túnel.
Publicada por Periodismo Independiente, Tribuna ciudadana.
domingo, agosto 27, 2023
50 años, la Memoria
50 Años…la Memoria
En este
año en que llegamos al medio siglo del golpe de Estado que fracturó a nuestra
sociedad, se ha venido dando una gran conversación necesaria, para dejar
plasmadas en testimonios, las experiencias de quienes vivimos esa etapa, desde 1970
en adelante, y que han llevado consigo un cúmulo de emociones guardadas, que
hoy afloran como una avalancha, a raudales, desde la sociedad civil, de las
familias, barrios, comunidades, territorios. Se ha producido una explosión de
emociones que significan delinear la historia real y descarnada de lo que
ocurrió y esto conforma una verdad polifónica indesmentible, porque es la
expresión de miles y miles de historias diminutas, que llegan a ser un mosaico
que se acerca en su correlatividad y paralelismo, a una verdad histórica real, que se opone a las verdades edulcoradas de la
historia oficial, que ha venido siendo maquillada de acuerdo a cálculos
políticos coyunturales, por quienes ejercen el poder.
Los
actos de Memoria se han ido de las manos de los órganos oficiales que quisieron
acotarlos a lo políticamente correcto. Porque ha sido desde el pueblo, desde
las agrupaciones sociales, desde donde han emergido miles de actos de Memoria,
que dan cuenta de una herida profunda, que se mantiene a flor de piel en el
Alma de Chile, como lo dijera décadas atrás el Cardenal Silva Henríquez.
En esta
vorágine, lo que se está viviendo es una serie de coloquios, reflexiones, actos
de conmemoración de personas que fueron víctimas de la dictadura y que quedaron
en el anonimato y la amnesia oficial premeditada. Desde el mundo de la Cultura,
los artistas se han manifestado en sus diversas expresiones. En cine, por
ejemplo, se anuncia para Octubre el lanzamiento
de un cuaderno pedagógico y exhibición de las películas que corresponden a
producciones de Cine y TV UTE. La selección de películas contempla tres títulos
previos al golpe de Estado (Compromiso con Chile, 1972; Pulpo momios a la
chilena, 1972; Vamos viendo, 1973) y dos en dictadura (Un puente invisible,
1974; Visita presidencial, 1975). En general, estamos frente a una agenda
desbordada y múltiple, de la cual uno se puede informar a través de las redes
sociales.
Los
Escritores como Voceros de nuestra época.
Hemos podido asistir al lanzamiento del libro LOLA, LOLITA, Memoria Sonora de Ex Prisioneras Políticas” presentado por el Colectivo de Ex Presas Políticas del Buen Pastor.
Hemos conocido de trabajos que han editado muchos escritores, queriendo aportar su testimonio en un libro pertinente para esta reflexión nacional, a 50 años del golpe.
Así, el profesor y escritor, Ibar Leiva Quevedo, ha publicado su libro “PRINCESITA
AZUL DESAPARECIDA, en Homenaje a la profesora normalista Rachel Elizabeth
Venegas Illanes”, secuestrada y asesinada por la Operación Cóndor en Buenos
Aires.
Finalmente, destacamos el libro El Golpe de Estado en Magallanes” del escritor y periodista Nelson Flores, socio SECH-V, en coautoría con Sergio Urrutia, sobreviviente de Dawson.
Memoria para construir futuro
Enfrentar
al poder, que trata de tergiversar, distorsionar, justificar y defender el
golpe de Estado de 1973, ha significado que, en forma intuitiva, el mundo
popular haya ido rearticulando su tejido social, superando una evidente
desconfianza frente a las élites políticas, hacia quienes detentan representación
popular y que han defraudado a sus propios votantes, ya que no han trepidado en
resignar principios, por objetivos pragmáticos de corto plazo.
Todo
esto ha propiciado, después del shock del 4 de septiembre de 2022, una sana tendencia al reencuentro, a la
recuperación de una esperanza de sociedad distinta, una mirada hacia la rearticulación
de las organizaciones sociales, para generar ese poder popular que se nutre de
cultura y educación, frente al negacionismo y la pos verdad. Y, en tal sentido,
se asume que esta conmemoración de los 50 años, exige aprender de los errores y
retomar un camino, una utopía que permita avanzar y superar la resignación.
Frente a
las amenazas golpistas que flotan en el ambiente polarizado, la única respuesta
es más democracia, tal como pretendía solucionar la crisis el Presidente
Salvador Allende, que iba a llamar ese 11 de septiembre a un plebiscito, lo
cual aceleró el golpe que lo derrocara y asesinara en esa mañana cuando se
instaló el fascismo en Chile. Recuperar poder ciudadano, con manos limpias, con
ideas, con diálogo y probidad, es una estrategia ineludible. Porque la
corrupción ha sido el instrumento perverso de quienes compran conciencias con malas
prácticas para someterlas a su dominación..
Esta conmemoración de medio siglo del golpe fascista,
por lo tanto, nos insta a recuperar un camino de unidad, de colaboración
generosa, deponiendo ese individualismo que nos pena como sociedad, porque nos
divide en función de egos e intereses particulares que impiden concordar
caminos programáticos de unidad.
Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente
Corresponsal Diario La Razón.cl -Presidente SECH-V





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