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domingo, octubre 01, 2023

50 años y la herida sigue viva




50 AÑOS DESPUÉS, LA HERIDA SIGUE VIVA.
Lo importante es que no se distorsione la historia real por condicionantes actuales. Por eso separo las vivencias limpias del idealismo juvenil de los 70, de los hechos tristes del presente.
La lectura retroactiva duele porque está cruzada por una profunda traición de los compañeros de ruta, que se coludieron con el poder económico de la dictadura y han sido cómplices del sistema que ha concentrado la riqueza, permitido el abuso y la desnacionalización de nuestros recursos, traicionando los planes de gobierno que aspiraban a una democracia real, con desarrollo exportador de sectores medios, con equidad, pensiones justas, cooperativismo. todo lo cual se archivó en beneficio de los poderosos.
Que Ponce Lerou, Lucksic, Angelini, etc.hayan financiado y enriquecido a los políticos de la ex Unidad Popular, ha significado una lápida a toda esa élite corrupta que se olvidó de reparar a las víctimas reales, mató la prensa libre que denunciaba a la dictadura, se entregó a duopolio de Copesa y El Mercurio, corrompiendo todo lo que tocaban.
Por eso, más que por el golpismo derechista, sino por la evidencia de esa traición a los principios y haberse vendido a los.victimarios, 11 de septiembre, fue un día doblemente triste, de duelo por los caidos y de una frustración mayúscula en sectores progresistas democráticos, por la situación actual que nos avergüenza.
Lo fatídico ha sido que Chile, 50 años después, padece una amnesia que se nutre de ignorancia e individualismo, normalizando situaciones inhumanas en un estúpido "sálvese quién pueda". Perdimos una oportunidad de reencauzar nuestra vida colectiva por una democracia profunda, pero pudo más el miedo y hemos retrocedido, quedando al borde de un precipicio.

Hernán Narbona VélizUna mirada libre a nuestro entorno

domingo, septiembre 10, 2023

Cuando la Traición acecha


Vuelvo a publicar est columna escrita el 11 de septiembre de 2005, la cual es impactante en su relectura y suficiente para reflejar la emoción que nos conmueve al cumplirse 50 años del golpe de Estado y nos encontramos con el fascismo atrincherado, apuntando sus mentiras y bazofia sobre la ciudadanía, para tratar de imponer el negacionismo y la pos verdad. 

Ese 62% que el 4 de septiembre 2022 dio un portazo a una Constitución que abría puertas a una sociedad decente, donde la corrupción fuese un delito inexcarcelable, donde el agua fuese un bien común de uso público, donde los Derechos Sociales fuesen asegurados por un Estado Responsable, Probo, que condujera una economía mixta en equiibrio con la Naturaleza, todo eso lo demolió esa campaña del terror y la desidia y negligencia de los politicos torpes o serviles, que no se jugaron por defender ese sueño. 

En ese escenario amenazante, donde la ignorancia es el principal instrumento del fascismo con sus medios de comunicación de masas, los ciudadanos demócratas, desde la sociedad civil, debemos aunar fuerzas, para que no se repita, con mayor brutalidad y eficacia, la dictadura en Chile. 

Lo están preparando a puertas cerradas, con las enmiendas de una constitución retrógrada, peor que la vigente, que arrebata a la sociedad chilena sus conquistas centenarias. Por eso, esta columna, cuya relectura propongo, tiene una dolorosa plena vigencia, porque hoy 10 de septiembre de 2023, 50 años después, la Traición Acecha.

CUANDO LA TRAICIÓN ACECHA.

Relectura de Artículo escrito el 11 de Septiembre de 2005
Hernán Narbona Véliz

Era aquél un martes nuboso y la ciudad despertó acorazada, se sentían los trotes de tropas por las escaleras, piquetes de marinos que se instalaban en los puntos de acceso al puerto. El estrecho plan de Valparaíso estaba bloqueado. Por ello, la ruta obligada era caminar por los cerros, cruzando quebradas. La sensación era la que se siente cuando se está en medio de un terremoto. El instinto impulsaba hacer un contacto urgente con familiares. Se intuía en ese despertar de pesadilla que quedaba poco tiempo para el abrazo filial, que se había producido lo temido, que el gobierno popular caía. Sólo que la catástrofe recién se iniciaba y, mientras muchos sacaban banderas, otros comenzaban a buscar respuestas o señales de esperanza, sin darse cuenta plenamente que esto no era un nuevo ensayo, sin imaginar que sus repercusiones troncharían de cuajo la vida de miles y miles de familias chilenas.

La radio Magallanes fue la última en apagarse. Las demás transmitían marchas militares. El asombro y el miedo asomaban. La última orden del Presidente Allende fue no sacar al pueblo a las calles, evitar una masacre. Por la radio conocimos del bombardeo a la Moneda. El toque de queda se implantaba. Los bandos de la Junta Militar exacerbaban sentimientos de venganza y odio hacia los enemigos. El día 12 de septiembre por Decreto Ley Nº 5, se declaraba en Chile el estado de guerra interna.

Culminaba el complot desestabilizador que ordenara Nixon a Kissinger el mismo 4 de septiembre de 1970. En Valparaíso, el Teniente Coronel de la Infantería de Marina norteamericana, Patrick Ryan, encargado de los grupos de tarea que conducían el levantamiento militar, reportaba a la CIA el éxito alcanzado. Esa mañana, muchos oficiales de la Armada retomaban sus puestos después de realizar misiones de infiltración e inteligencia al interior de la Unidad Popular. Ex choferes de confianza llegaban a las fábricas a arrestar selectivamente a los dirigentes principales; en las universidades los más encendidos revolucionarios terminaron vistiendo uniforme y torturando a sus supuestos compañeros de ruta. El soplonaje y el revanchismo campeaban. Personas indefensas tuvieron que sufrir indecibles torturas e incluso la muerte y desaparición, por el simple hecho de que algún desalmado los delatara y les imputara ser comunistas, marxistas o activistas de izquierda. Los colaboracionistas buscaban ganar la confianza de los golpistas entregando las listas negras para orientar los arrestos, las torturas y las persecuciones. Funcionarios del régimen derrocado, que fueron voluntariamente a entregar sus cargos fueron asesinados sin clemencia alguna. Sacerdotes obreros, mujeres embarazadas, adolescentes, iban cayendo en una oleada de crueldad sin parangón en la historia de Chile. Hubo escasos enfrentamientos. El golpe había sido rotundo y los militantes que estaban en los aparatos armados no tuvieron ninguna posibilidad de dar un vuelco a la historia. La labor de inteligencia había sido profesional y daba sus frutos. Los cuadros de los partidos eran metódicamente encarcelados, la tortura permitía sacar información y tejer organigramas que guiaban la acción represiva. La mano técnica de la CIA había trabajado 1090 días para sembrar el caos en Chile, sirviéndose de las pasiones que inflamaban el país en un clima confrontacional, infiltrando los partidos, empujando al infantilismo revolucionario; organizando sabotajes, mercado negro; comprando la incondicionalidad de una derecha sin escrúpulos, utilizando las ambiciones de personeros que sólo querían retornar al poder, teniendo como aliados a sectores conservadores que querían mantener privilegios amenazados por la ola reformista de esa década.

Pero también, en medio de la incertidumbre, hubo gestos humanos, heroicos y silenciosos. Como fue el trabajo de personas que limpiaron casas de compañeros para evitar que los allanamientos descubrieran información. Como era ayudar a cambiarle la facha a compañeros desgreñados para convertirlos en ordenados ciudadanos de cuello y corbata, pelo corto y lentes. Ocultar a perseguidos políticos, gestionar su asilo, colocar a favor de las víctimas un histórico recurso de amparo, visitar a los compañeros presos, movilizar las iglesias en búsqueda de solidaridad, escribir cartas para dar a conocer la represión en Naciones Unidas. Todo esto, sin medir riesgos; sin que nadie esperara nada a cambio. Esos gestos, quedaron guardados en la retina, como una gran reserva moral, aún vigente. Personas anónimas que se las jugaron para ayudar al prójimo, sin entramparse en posiciones ideológicas, dejando para el futuro una poderosa señal de reencuentro. Porque en esos momentos, así como hubo vileza y canalladas de hijos de perra, hubo bonhomía, valentía y misericordia en personas que, sin comulgar ideológicamente con las víctimas, eran capaces de arriesgarlo todo por principios fundamentales, como la defensa de la vida y la libertad.

Hoy, treinta y dos años después, de manera artera y cupular la traición intenta nuevamente posicionar la amnesia colectiva. Apelando a “clemencia para los victimarios” se olvida de las víctimas y busca postergar la verdad y la justicia. Imponiendo el secreto por cincuenta años a las declaraciones que las víctimas entregaron a la Comisión Valech. Convirtiendo su dolor en algo prohibido de difundir, para proteger la honra de los torturadores y su descendencia. La traición a los principios busca clausurar cínicamente una época de crímenes imprescriptibles, mediante una mascarada de sanciones, que hace impracticable la aplicación de las penas, dada la edad de los procesados.

Lo más doloroso es que esto lo impulsan personeros de una coalición de gobierno que llegó al poder, gracias a que miles de chilenos vivieron una vida entera de privaciones, renuncias, persecuciones y sacrificios. Es una maniobra que daña la convivencia porque la democracia recuperada no la ganaron esos senadores designados que pronto desaparecerán, ni los funcionarios que gracias al cuoteo ocuparon todos los espacios de representación popular. La democracia imperfecta que tenemos, se ganó en la Vicaría de la Solidaridad, en la Asamblea de la Civilidad, en las protestas, en las ollas comunes, en las poesías clandestinas, en las agrupaciones de artistas, poetas e intelectuales que desafiaban la voz oficial del dictador; en el canto protesta que emergía de las poblaciones, en los mártires quemados, degollados, en los jóvenes que patearon piedras por largas generaciones, en los cesantes, los exonerados políticos, los estigmatizados como apátridas, los que hasta el día de hoy no recuperan sus derechos ciudadanos, los que sufrieron consejos de guerra, los torturados, los desaparecidos, los ejecutados políticos.

A 32 años del golpe de Estado, con las evidencias de haber sido nuestro pueblo víctima de un gigantesco complot internacional, con la convicción ciudadana de que fuimos gobernados por un régimen que impuso el terrorismo de Estado favoreciendo el saqueo y el pillaje del patrimonio público, la amenaza de un punto final a los procesos judiciales en marcha mientras se olvida a las víctimas y sus debidas reparaciones, resulta impresentable ante la comunidad internacional y generará un quiebre profundo en la política chilena. Un antes y un después, que pondrá término a la política cupular que pretende esta maniobra y que, seguramente, llevará a un replanteo de las alianzas políticas futuras.

Lo que queda claro es que nadie podrá llevarse el progresismo para la casa ni podrá adjudicarse el derecho a clausurar la verdad dentro de un túnel.


Publicada por Periodismo Independiente, Tribuna ciudadana. 


Una mirada libre a nuestro entorno

domingo, agosto 27, 2023

50 años, la Memoria






50 Años…la Memoria

En este año en que llegamos al medio siglo del golpe de Estado que fracturó a nuestra sociedad, se ha venido dando una gran conversación necesaria, para dejar plasmadas en testimonios, las experiencias de quienes vivimos esa etapa, desde 1970 en adelante, y que han llevado consigo un cúmulo de emociones guardadas, que hoy afloran como una avalancha, a raudales, desde la sociedad civil, de las familias, barrios, comunidades, territorios. Se ha producido una explosión de emociones que significan delinear la historia real y descarnada de lo que ocurrió y esto conforma una verdad polifónica indesmentible, porque es la expresión de miles y miles de historias diminutas, que llegan a ser un mosaico que se acerca en su correlatividad y paralelismo, a una verdad histórica real,  que se opone a las verdades edulcoradas de la historia oficial, que ha venido siendo maquillada de acuerdo a cálculos políticos coyunturales, por quienes ejercen el poder.

Los actos de Memoria se han ido de las manos de los órganos oficiales que quisieron acotarlos a lo políticamente correcto. Porque ha sido desde el pueblo, desde las agrupaciones sociales, desde donde han emergido miles de actos de Memoria, que dan cuenta de una herida profunda, que se mantiene a flor de piel en el Alma de Chile, como lo dijera décadas atrás el Cardenal Silva Henríquez.

En esta vorágine, lo que se está viviendo es una serie de coloquios, reflexiones, actos de conmemoración de personas que fueron víctimas de la dictadura y que quedaron en el anonimato y la amnesia oficial premeditada. Desde el mundo de la Cultura, los artistas se han manifestado en sus diversas expresiones. En cine, por ejemplo, se anuncia para Octubre  el lanzamiento de un cuaderno pedagógico y exhibición de las películas que corresponden a producciones de Cine y TV UTE. La selección de películas contempla tres títulos previos al golpe de Estado (Compromiso con Chile, 1972; Pulpo momios a la chilena, 1972; Vamos viendo, 1973) y dos en dictadura (Un puente invisible, 1974; Visita presidencial, 1975). En general, estamos frente a una agenda desbordada y múltiple, de la cual uno se puede informar a través de las redes sociales.

Los Escritores como Voceros de nuestra época.

Hemos podido asistir al lanzamiento del libro LOLA, LOLITA, Memoria Sonora de Ex Prisioneras Políticas” presentado por el Colectivo de Ex Presas Políticas del Buen Pastor.





Como Sociedad de Escritores de Chile, Filial Valparaíso, SECH-V,  hemos editado en Amazon el Libro colectivo testimonial “RESCATE DE LA MEMORIA, en Conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado de 1973” , donde 20 sobrevivientes entregamos nuestras vivencias, del antes, durante y después de ese 11 de septiembre trágico. Este libro entrega testimonios que surgieron de 3 meses de conversaciones y de los trabajos que cada uno de los participantes entregó, desde su experiencia de vida. Este libro se presenta el 6 de septiembre,  en la SECH de Santiago; y en Valparaíso, en la Biblioteca Severín, el viernes 8 de septiembre.

Hemos conocido de trabajos que han editado muchos escritores, queriendo aportar su testimonio en un libro pertinente para esta reflexión nacional, a 50 años del golpe. 

Así, el profesor y escritor, Ibar Leiva Quevedo, ha publicado su libro “PRINCESITA AZUL DESAPARECIDA, en Homenaje a la profesora normalista Rachel Elizabeth Venegas Illanes”, secuestrada y asesinada por la Operación Cóndor en Buenos Aires.



Pudimos presentar en Expolibro 2023 de Viña del Mar el libro “LOS DÍAZ DEL CARMEN, Cuatro hermanos contra la Dictadura” de Rubén, Sergio, Hugo y Herman Díaz Tapia, una obra que presenta la represión genocida vivida por los campesinos chilenos, en reacción a la reforma agraria.







Finalmente, destacamos el libro El Golpe de Estado en Magallanes” del escritor y periodista Nelson Flores, socio SECH-V,  en coautoría con Sergio Urrutia, sobreviviente de Dawson.



Memoria para construir futuro

Enfrentar al poder, que trata de tergiversar, distorsionar, justificar y defender el golpe de Estado de 1973, ha significado que, en forma intuitiva, el mundo popular haya ido rearticulando su tejido social, superando una evidente desconfianza frente a las élites políticas, hacia quienes detentan representación popular y que han defraudado a sus propios votantes, ya que no han trepidado en resignar principios, por objetivos pragmáticos de corto plazo.

Todo esto ha propiciado, después del shock del 4 de septiembre de 2022,  una sana tendencia al reencuentro, a la recuperación de una esperanza de sociedad distinta, una mirada hacia la rearticulación de las organizaciones sociales, para generar ese poder popular que se nutre de cultura y educación, frente al negacionismo y la pos verdad. Y, en tal sentido, se asume que esta conmemoración de los 50 años, exige aprender de los errores y retomar un camino, una utopía que permita avanzar y superar la resignación.

Frente a las amenazas golpistas que flotan en el ambiente polarizado, la única respuesta es más democracia, tal como pretendía solucionar la crisis el Presidente Salvador Allende, que iba a llamar ese 11 de septiembre a un plebiscito, lo cual aceleró el golpe que lo derrocara y asesinara en esa mañana cuando se instaló el fascismo en Chile. Recuperar poder ciudadano, con manos limpias, con ideas, con diálogo y probidad, es una estrategia ineludible. Porque la corrupción ha sido el instrumento perverso  de quienes compran conciencias con malas prácticas para someterlas a su dominación..

Esta conmemoración de medio siglo del golpe fascista, por lo tanto, nos insta a recuperar un camino de unidad, de colaboración generosa, deponiendo ese individualismo que nos pena como sociedad, porque nos divide en función de egos e intereses particulares que impiden concordar caminos programáticos de unidad.

Hernán Narbona Véliz,  Periodismo Independiente

Corresponsal Diario La Razón.cl  -Presidente SECH-V

Una mirada libre a nuestro entorno