Mostrando las entradas con la etiqueta traición. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta traición. Mostrar todas las entradas

sábado, diciembre 20, 2025

Octubre 2023 Memoria y presente


50 AÑOS DESPUÉS, LA HERIDA SIGUE VIVA.
Lo importante es que no se distorsione la historia real por condicionantes actuales. Por eso separo las vivencias limpias del idealismo juvenil de los 70, de los hechos tristes del presente.
 
La lectura retroactiva duele porque está cruzada por una profunda traición de los compañeros de ruta, que se coludieron con el poder económico de la dictadura y han sido cómplices del sistema que ha concentrado la riqueza, permitido el abuso y la desnacionalización de nuestros recursos, traicionando los planes de gobierno que aspiraban a una democracia real, con desarrollo exportador de sectores medios, con equidad, pensiones justas, cooperativismo. todo lo cual se archivó en beneficio de los poderosos.
 
Que Ponce Lerou, Lucksic, Angelini, etc.hayan financiado y enriquecido a los políticos de la ex Unidad Popular, ha significado una lápida a toda esa élite corrupta que se olvidó de reparar a las víctimas reales, mató la prensa libre que denunciaba a la dictadura, se entregó a duopolio de Copesa y El Mercurio, corrompiendo todo lo que tocaban. 
Por eso, más que por el golpismo derechista, sino por la evidencia de esa traición a los principios y haberse vendido a los.victimarios,  11 de septiembre, fue un día doblemente triste, de duelo por los caidos y de una frustración mayúscula en sectores progresistas democráticos, por la situación actual que nos avergüenza.

Lo fatídico ha sido que Chile, 50 años después, padece  una amnesia que se nutre de ignorancia e individualismo, normalizando situaciones inhumanas en un estúpido "sálvese quién pueda". Perdimos una oportunidad de reencauzar nuestra vida colectiva por una democracia profunda, pero pudo más el miedo y hemos retrocedido, quedando al borde de un precipicio.
 Hernán Narbona Véliz

sábado, agosto 02, 2025

¿UNIDAD DESDE LA BASE SOCIAL? ¿HABREMOS APRENDIDO?

TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA
(2 de julio de 2022- cuando bramaba la esperanza. Relectura para no olvidar.)




Quizá suene a juego de palabras: cuán desconcertados están los cabreados de la ex Concertación, al ver que, por pases esotéricos, de nuevo esos mismos concertacionistas siguen en el poder, en su misma parada histórica: trancar la pelota.

 En el proceso vivido a partir de los 90, se derrumbaron los sueños de una conquista democrática real. Yendo más atrás, remontándonos a aquellos principios republicanos que formaron nuestra adolescencia, cuando la Universidad tenía compromiso con su entorno, había debate y se esgrimían visiones de mundo, con vehemencia y respeto cívico, al retornar la democracia, vimos imponerse la lógica mercantil, que de todo hizo negocio. La masiva aspiración de acceder a la Universidad, se tradujo en la proliferación de las universidades igual que los malls, con proyectos educativos febles, sin rigor, asfixiando la saludable crítica de otrora.

Cuando en 1973 se rompió la convivencia y vino el terrorismo de Estado, luchamos por recuperar la democracia. Pero, se impuso el oscurantismo mercantil y. con él, un negacionismo que ha buscado lavar de sangre a la dictadura. Muchos viejos líderes revolucionarios, al parecer, se dieron cuenta que, para una movilidad social express, bastaba con cruzar la vereda y servir al adversario ideológico. Así lo hicieron y sus aspiraciones ya no fueron vivir en Ñuñoa sino en la Dehesa. Ya no fueron dirigentes poblacionales de la Legua, sino miembros de directorios de corporaciones multinacionales. En el exterior, aprendieron a coludirse con los intereses del neoliberalismo global y adecuaron su discurso para vestirlo de "realismo político", de "pragmatismo", de "la medida de lo posible", tratando de justificar su obsecuencia y traición.

Ese es el fondo emocional de la frustración de la vieja izquierda y que explica la abstención, el desencanto y su alejamiento de la política. La disidencia, los díscolos, aquellos que eran excluidos por ser francotiradores y conflictivos, esa mayoría que fue premeditadamente desmovilizada, esos comunicadores y trabajadores de la prensa que habían abierto camino a la democracia, quedaron al margen del binominalismo y sus medios alternativos desaparecieron. El pueblo no ha perdido su sensibilidad con las ideas progresistas, pero descree de la partidocracia. Y ha sido ese pueblo sufrido el que masivamente se fue sumando a las movilizaciones sociales, los que se plegaron a los espacios que abría una nueva generación joven, que repudiaba expresamente el continuismo de la Concertación, mientras sufría en carne propia un Estado Subsidiario enclavado en el sistema. Pero, el motor principal han sido las mujeres, que se convirtieron en vanguardia; los ancianos empobrecidos por la estafa previsional de la dictadura y profundizada por la Concertación, llenaron las calles. Muchas causas fueron vectores simultáneos del descontento social. La depredación, el saqueo del agua, las zonas de sacrificio, el sobre endeudamiento, la usura de la banca y el retail, fueron elementos de una tormenta perfecta. 

El 18 de octubre de 2019, fuerzas telúricas remecieron el sistema. Las deslegitimadas instituciones estuvieron al borde del colapso. Entonces vino el Acuerdo por la Paz. A regañadientes de las élites, se abrió el proceso constituyente, que no lograron amallar, que se les fue de las manos y cobró vuelo propio desde la base social. Con un 2% de aprobación, las élites políticas en ejercicio, parecieron estar en vías de desaparición. 
Cuando se inicia la Convención Constitucional y se logra superar la camisa de fuerza de los 2/3, con participación de independientes y pueblos originarios, creímos que se allanaba el camino. Sin embargo, la naturaleza humana tiene fuertes cargas de ruindad, que parecen ser insoslayables y en la Convención eso se vivió. Durante el año que duró la Convención, se perdió el halo principista con que habían sido electos los convencionales. Despropósitos, situaciones mezquinas, una campaña metódica de desprestigio de la Convención por parte del Rechazo más convencionales ex concertacionistas o ex nueva mayoría, serán episodios que la historia deberá registrar en su dimensión e impacto. El asunto es que, con las elecciones presidenciales y parlamentarias se vivió un contrataque de la reacción y la política partidista excluyó a independientes y volvió a un cauce binario, forzándose así alianzas con personeros profundamente cuestionados, que volvieron al gobierno con Gabriel Boric, ocupando áreas claves. En paralelo, la Convención siguió su propia odisea y la cumplió. 

Pese a todos los escollos, desde la sociedad civil se logró incorporar en el texto de la Propuesta de Nueva Constitución Política de la República de Chile, un conjunto sistemático de principios que configuran una forma más democrática y descentralizada de ejercer el poder; un capitalismo de economía mixta y sustentable, con mayor regulación y fiscalización; un Estado Regional Ecológico, Plurinacional y Social de Derecho. Un nuevo diseño institucional que rompe las bases del modelo, abandona el individualismo, la concentración del poder y procura la participación vigilante de la ciudadanía y los territorios, fijando una hoja de ruta para una convivencia con mayor justicia y paz social. Se establece un Estado responsable de entregar y asegurar los derechos fundamentales.

El 4 de septiembre el plebiscito tiene sólo dos opciones. El Rechazo, con todo su poder mediático, busca mantener el sistema incólume. El Apruebo es un derrotero de cambios profundos y graduales, fijado en las disposiciones transitorias de la Nueva Constitución.

Ha sido el gobierno, surgido desde la generación de recambio de la izquierda, el que, por consideraciones de realismo político, que suelen llamar gobernabilidad, ha declinado elementos sustantivos de su programa, al incorporar personeros que han sido protagonistas de aquél pasado que condujo a la explosión social de octubre. Es lo que está dando botes en el área chica de la izquierda chilena no militante, histórica y cultural. ¿Qué necesidad tuvo el equipo de gobierno de incorporar al gobierno a quienes han sido parte del problema y nunca de la solución?

Un 95% de la población no milita en ningún partido. Un 50% de la población se ha abstenido en las elecciones con voto voluntario. El plebiscito es de voto obligatorio y sobre 15 millones tendrán que votar. Hay una izquierda latente, que no milita, descontenta, víctima persistente de los abusos y asimetrías del modelo. Esa población no se siente representada por los partidos, pero sí confió en el camino constituyente, concurriendo masivamente a las urnas señalando con un 80% de los votos, preferir que representantes populares, no parlamentarios, escribieran la nueva constitución. En poco ha ayudado a fortalecer el Apruebo esta mala junta del gobierno y eso habla de una mala lectura de la élite política frente al proceso social y sus dinámicas propias.

Al parecer el equipo político ha sobredimensionado la influencia que pueden tener los partidos para lograr avances en el Congreso, toda vez que el accionar del Ejecutivo ha sido ripioso y poco eficaz. Si abrirse a la ex Concertación hubiese sido para asegurar un trabajo legislativo de piso, esto les ha fallado y ese error estratégico le ha significado aplazar decisiones claves, como nombrar nuevo Presidente del Consejo de TVN y nuevos consejeros, o mantener sin nombramiento de nuevas autoridades, servicios claves para combatir la evasión y el contrabando.

En este mes de agosto, de cara a la ciudadanía, se deben sincerar intenciones. Las élites políticas quisieran monopolizar el debate, pero no tienen legitimidad para hacerlo. Pese a haber terminado la Convención Constitucional el 4 de julio, la soberanía ha vuelto al pueblo soberano. Desde el mundo social se reconoce como nuevos líderes legítimos emergentes, a ex convencionales. Los políticos sólo profitan de los espacios en medios controlados por la derecha, pero en los barrios son otras las conversaciones y son sin ellos.

Los senadores, que ven el término del Senado en la nueva Constitución, actúan como incumbentes y desesperan, esgrimiendo argumentaciones capciosas, pretendiendo ser los únicos lúcidos para mostrar caminos a Chile. Pero el pueblo los conoce, hace décadas cayeron las caretas y, aunque ellos piensen que el pueblo no lee o no entiende lo que lee, se equivocan. Las personas sencillas, las trabajadoras y los trabajadores no comulgan con sus ruedas de carreta y tienen muy claras las causas profundas de la situación que los agobia.

Con la memoria fresca, aunque quieran disimular sus conductas, su traición de fondo, esa alianza servil a grupos que manejan los hilos del poder, los amarillos, los gatopardistas, se enredarán en sus propias mentiras. Por todo ese historial, poco aportan a la tendencia social que está emergiendo. No serán esos zombies los que orientarán el voto de las grandes mayorías. Serán los líderes del pueblo sencillo, esos que hicieron pan de la nada y nos entregaron el 4 de julio el borrador de Nueva Constitución, a quienes el pueblo cree y respeta. 

La intención de los políticos históricos de aferrarse como se pueda al poder, no sólo es patético, sino recuerda un mensaje popular al gobierno del Presidente Boric: Dime con quién andas y te diré quién eres.

________________________________________
Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, Corresponsal en Valparaíso del diario La http://xn--razn-sqa.cl/, 02/08/2022.

domingo, septiembre 10, 2023

Cuando la Traición acecha


Vuelvo a publicar est columna escrita el 11 de septiembre de 2005, la cual es impactante en su relectura y suficiente para reflejar la emoción que nos conmueve al cumplirse 50 años del golpe de Estado y nos encontramos con el fascismo atrincherado, apuntando sus mentiras y bazofia sobre la ciudadanía, para tratar de imponer el negacionismo y la pos verdad. 

Ese 62% que el 4 de septiembre 2022 dio un portazo a una Constitución que abría puertas a una sociedad decente, donde la corrupción fuese un delito inexcarcelable, donde el agua fuese un bien común de uso público, donde los Derechos Sociales fuesen asegurados por un Estado Responsable, Probo, que condujera una economía mixta en equiibrio con la Naturaleza, todo eso lo demolió esa campaña del terror y la desidia y negligencia de los politicos torpes o serviles, que no se jugaron por defender ese sueño. 

En ese escenario amenazante, donde la ignorancia es el principal instrumento del fascismo con sus medios de comunicación de masas, los ciudadanos demócratas, desde la sociedad civil, debemos aunar fuerzas, para que no se repita, con mayor brutalidad y eficacia, la dictadura en Chile. 

Lo están preparando a puertas cerradas, con las enmiendas de una constitución retrógrada, peor que la vigente, que arrebata a la sociedad chilena sus conquistas centenarias. Por eso, esta columna, cuya relectura propongo, tiene una dolorosa plena vigencia, porque hoy 10 de septiembre de 2023, 50 años después, la Traición Acecha.

CUANDO LA TRAICIÓN ACECHA.

Relectura de Artículo escrito el 11 de Septiembre de 2005
Hernán Narbona Véliz

Era aquél un martes nuboso y la ciudad despertó acorazada, se sentían los trotes de tropas por las escaleras, piquetes de marinos que se instalaban en los puntos de acceso al puerto. El estrecho plan de Valparaíso estaba bloqueado. Por ello, la ruta obligada era caminar por los cerros, cruzando quebradas. La sensación era la que se siente cuando se está en medio de un terremoto. El instinto impulsaba hacer un contacto urgente con familiares. Se intuía en ese despertar de pesadilla que quedaba poco tiempo para el abrazo filial, que se había producido lo temido, que el gobierno popular caía. Sólo que la catástrofe recién se iniciaba y, mientras muchos sacaban banderas, otros comenzaban a buscar respuestas o señales de esperanza, sin darse cuenta plenamente que esto no era un nuevo ensayo, sin imaginar que sus repercusiones troncharían de cuajo la vida de miles y miles de familias chilenas.

La radio Magallanes fue la última en apagarse. Las demás transmitían marchas militares. El asombro y el miedo asomaban. La última orden del Presidente Allende fue no sacar al pueblo a las calles, evitar una masacre. Por la radio conocimos del bombardeo a la Moneda. El toque de queda se implantaba. Los bandos de la Junta Militar exacerbaban sentimientos de venganza y odio hacia los enemigos. El día 12 de septiembre por Decreto Ley Nº 5, se declaraba en Chile el estado de guerra interna.

Culminaba el complot desestabilizador que ordenara Nixon a Kissinger el mismo 4 de septiembre de 1970. En Valparaíso, el Teniente Coronel de la Infantería de Marina norteamericana, Patrick Ryan, encargado de los grupos de tarea que conducían el levantamiento militar, reportaba a la CIA el éxito alcanzado. Esa mañana, muchos oficiales de la Armada retomaban sus puestos después de realizar misiones de infiltración e inteligencia al interior de la Unidad Popular. Ex choferes de confianza llegaban a las fábricas a arrestar selectivamente a los dirigentes principales; en las universidades los más encendidos revolucionarios terminaron vistiendo uniforme y torturando a sus supuestos compañeros de ruta. El soplonaje y el revanchismo campeaban. Personas indefensas tuvieron que sufrir indecibles torturas e incluso la muerte y desaparición, por el simple hecho de que algún desalmado los delatara y les imputara ser comunistas, marxistas o activistas de izquierda. Los colaboracionistas buscaban ganar la confianza de los golpistas entregando las listas negras para orientar los arrestos, las torturas y las persecuciones. Funcionarios del régimen derrocado, que fueron voluntariamente a entregar sus cargos fueron asesinados sin clemencia alguna. Sacerdotes obreros, mujeres embarazadas, adolescentes, iban cayendo en una oleada de crueldad sin parangón en la historia de Chile. Hubo escasos enfrentamientos. El golpe había sido rotundo y los militantes que estaban en los aparatos armados no tuvieron ninguna posibilidad de dar un vuelco a la historia. La labor de inteligencia había sido profesional y daba sus frutos. Los cuadros de los partidos eran metódicamente encarcelados, la tortura permitía sacar información y tejer organigramas que guiaban la acción represiva. La mano técnica de la CIA había trabajado 1090 días para sembrar el caos en Chile, sirviéndose de las pasiones que inflamaban el país en un clima confrontacional, infiltrando los partidos, empujando al infantilismo revolucionario; organizando sabotajes, mercado negro; comprando la incondicionalidad de una derecha sin escrúpulos, utilizando las ambiciones de personeros que sólo querían retornar al poder, teniendo como aliados a sectores conservadores que querían mantener privilegios amenazados por la ola reformista de esa década.

Pero también, en medio de la incertidumbre, hubo gestos humanos, heroicos y silenciosos. Como fue el trabajo de personas que limpiaron casas de compañeros para evitar que los allanamientos descubrieran información. Como era ayudar a cambiarle la facha a compañeros desgreñados para convertirlos en ordenados ciudadanos de cuello y corbata, pelo corto y lentes. Ocultar a perseguidos políticos, gestionar su asilo, colocar a favor de las víctimas un histórico recurso de amparo, visitar a los compañeros presos, movilizar las iglesias en búsqueda de solidaridad, escribir cartas para dar a conocer la represión en Naciones Unidas. Todo esto, sin medir riesgos; sin que nadie esperara nada a cambio. Esos gestos, quedaron guardados en la retina, como una gran reserva moral, aún vigente. Personas anónimas que se las jugaron para ayudar al prójimo, sin entramparse en posiciones ideológicas, dejando para el futuro una poderosa señal de reencuentro. Porque en esos momentos, así como hubo vileza y canalladas de hijos de perra, hubo bonhomía, valentía y misericordia en personas que, sin comulgar ideológicamente con las víctimas, eran capaces de arriesgarlo todo por principios fundamentales, como la defensa de la vida y la libertad.

Hoy, treinta y dos años después, de manera artera y cupular la traición intenta nuevamente posicionar la amnesia colectiva. Apelando a “clemencia para los victimarios” se olvida de las víctimas y busca postergar la verdad y la justicia. Imponiendo el secreto por cincuenta años a las declaraciones que las víctimas entregaron a la Comisión Valech. Convirtiendo su dolor en algo prohibido de difundir, para proteger la honra de los torturadores y su descendencia. La traición a los principios busca clausurar cínicamente una época de crímenes imprescriptibles, mediante una mascarada de sanciones, que hace impracticable la aplicación de las penas, dada la edad de los procesados.

Lo más doloroso es que esto lo impulsan personeros de una coalición de gobierno que llegó al poder, gracias a que miles de chilenos vivieron una vida entera de privaciones, renuncias, persecuciones y sacrificios. Es una maniobra que daña la convivencia porque la democracia recuperada no la ganaron esos senadores designados que pronto desaparecerán, ni los funcionarios que gracias al cuoteo ocuparon todos los espacios de representación popular. La democracia imperfecta que tenemos, se ganó en la Vicaría de la Solidaridad, en la Asamblea de la Civilidad, en las protestas, en las ollas comunes, en las poesías clandestinas, en las agrupaciones de artistas, poetas e intelectuales que desafiaban la voz oficial del dictador; en el canto protesta que emergía de las poblaciones, en los mártires quemados, degollados, en los jóvenes que patearon piedras por largas generaciones, en los cesantes, los exonerados políticos, los estigmatizados como apátridas, los que hasta el día de hoy no recuperan sus derechos ciudadanos, los que sufrieron consejos de guerra, los torturados, los desaparecidos, los ejecutados políticos.

A 32 años del golpe de Estado, con las evidencias de haber sido nuestro pueblo víctima de un gigantesco complot internacional, con la convicción ciudadana de que fuimos gobernados por un régimen que impuso el terrorismo de Estado favoreciendo el saqueo y el pillaje del patrimonio público, la amenaza de un punto final a los procesos judiciales en marcha mientras se olvida a las víctimas y sus debidas reparaciones, resulta impresentable ante la comunidad internacional y generará un quiebre profundo en la política chilena. Un antes y un después, que pondrá término a la política cupular que pretende esta maniobra y que, seguramente, llevará a un replanteo de las alianzas políticas futuras.

Lo que queda claro es que nadie podrá llevarse el progresismo para la casa ni podrá adjudicarse el derecho a clausurar la verdad dentro de un túnel.


Publicada por Periodismo Independiente, Tribuna ciudadana. 


Una mirada libre a nuestro entorno

miércoles, agosto 02, 2023

Tropezar con la misma piedra


TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA

Quizá suene a juego de palabras: cuán desconcertados están los cabreados de la ex Concertación, al ver que, por pases esotéricos, de nuevo esos mismos concertacionistas siguen en el poder, en su misma parada histórica: trancar la pelota.

 En el proceso vivido a partir de los 90, se derrumbaron los sueños de una conquista democrática real. Yendo más atrás, remontándonos a aquellos principios republicanos que formaron nuestra adolescencia, cuando la Universidad tenía compromiso con su entorno, había debate y se esgrimían visiones de mundo, con vehemencia y respeto cívico, al retornar la democracia, vimos imponerse la lógica mercantil, que de todo hizo negocio. La masiva aspiración de acceder a la Universidad, se tradujo en la proliferación de las universidades igual que los malls, con proyectos educativos febles, sin rigor, asfixiando la saludable crítica de otrora.

Cuando en 1973 se rompió la convivencia y vino el terrorismo de Estado, luchamos por recuperar la democracia. Pero, se impuso el oscurantismo mercantil y. con él, un negacionismo que ha buscado lavar de sangre a la dictadura. Muchos viejos líderes revolucionarios, al parecer, se dieron cuenta que, para una movilidad social express, bastaba con cruzar la vereda y servir al adversario ideológico. Así lo hicieron y sus aspiraciones ya no fueron vivir en Ñuñoa sino en la Dehesa. Ya no fueron dirigentes poblacionales de la Legua, sino miembros de directorios de corporaciones multinacionales. En el exterior, aprendieron a coludirse con los intereses del neoliberalismo global y adecuaron su discurso para vestirlo de "realismo político", de "pragmatismo", de "la medida de lo posible", tratando de justificar su obsecuencia y traición.

Ese es el fondo emocional de la frustración de la vieja izquierda y que explica la abstención, el desencanto y su alejamiento de la política. La disidencia, los díscolos, aquellos que eran excluidos por ser francotiradores y conflictivos, esa mayoría que fue premeditadamente desmovilizada, esos comunicadores y trabajadores de la prensa que habían abierto camino a la democracia, quedaron al margen del binominalismo y sus medios alternativos desaparecieron. El pueblo no ha perdido su sensibilidad con las ideas progresistas, pero descree de la partidocracia. Y ha sido ese pueblo sufrido el que masivamente se fue sumando a las movilizaciones sociales, los que se plegaron a los espacios que abría una nueva generación joven, que repudiaba expresamente el continuismo de la Concertación, mientras sufría en carne propia un Estado Subsidiario enclavado en el sistema. Pero, el motor principal han sido las mujeres, que se convirtieron en vanguardia; los ancianos empobrecidos por la estafa previsional de la dictadura y profundizada por la Concertación, llenaron las calles. Muchas causas fueron vectores simultáneos del descontento social. La depredación, el saqueo del agua, las zonas de sacrificio, el sobre endeudamiento, la usura de la banca y el retail, fueron elementos de una tormenta perfecta. 

El 18 de octubre de 2019, fuerzas telúricas remecieron el sistema. Las deslegitimadas instituciones estuvieron al borde del colapso. Entonces vino el Acuerdo por la Paz. A regañadientes de las élites, se abrió el proceso constituyente, que no lograron amallar, que se les fue de las manos y cobró vuelo propio desde la base social. Con un 2% de aprobación, las élites políticas en ejercicio, parecieron estar en vías de desaparición. 
Cuando se inicia la Convención Constitucional y se logra superar la camisa de fuerza de los 2/3, con participación de independientes y pueblos originarios, creímos que se allanaba el camino. Sin embargo, la naturaleza humana tiene fuertes cargas de ruindad, que parecen ser insoslayables y en la Convención eso se vivió. Durante el año que duró la Convención, se perdió el halo principista con que habían sido electos los convencionales. Despropósitos, situaciones mezquinas, una campaña metódica de desprestigio de la Convención por parte del Rechazo más convencionales ex concertacionistas o ex nueva mayoría, serán episodios que la historia deberá registrar en su dimensión e impacto. El asunto es que, con las elecciones presidenciales y parlamentarias se vivió un contrataque de la reacción y la política partidista excluyó a independientes y volvió a un cauce binario, forzándose así alianzas con personeros profundamente cuestionados, que volvieron al gobierno con Gabriel Boric, ocupando áreas claves. En paralelo, la Convención siguió su propia odisea y la cumplió. 

Pese a todos los escollos, desde la sociedad civil se logró incorporar en el texto de la Propuesta de Nueva Constitución Política de la República de Chile, un conjunto sistemático de principios que configuran una forma más democrática y descentralizada de ejercer el poder; un capitalismo de economía mixta y sustentable, con mayor regulación y fiscalización; un Estado Regional Ecológico, Plurinacional y Social de Derecho. Un nuevo diseño institucional que rompe las bases del modelo, abandona el individualismo, la concentración del poder y procura la participación vigilante de la ciudadanía y los territorios, fijando una hoja de ruta para una convivencia con mayor justicia y paz social. Se establece un Estado responsable de entregar y asegurar los derechos fundamentales.

El 4 de septiembre el plebiscito tiene sólo dos opciones. El Rechazo, con todo su poder mediático, busca mantener el sistema incólume. El Apruebo es un derrotero de cambios profundos y graduales, fijado en las disposiciones transitorias de la Nueva Constitución.

Ha sido el gobierno, surgido desde la generación de recambio de la izquierda, el que, por consideraciones de realismo político, que suelen llamar gobernabilidad, ha declinado elementos sustantivos de su programa, al incorporar personeros que han sido protagonistas de aquél pasado que condujo a la explosión social de octubre. Es lo que está dando botes en el área chica de la izquierda chilena no militante, histórica y cultural. ¿Qué necesidad tuvo el equipo de gobierno de incorporar al gobierno a quienes han sido parte del problema y nunca de la solución?

Un 95% de la población no milita en ningún partido. Un 50% de la población se ha abstenido en las elecciones con voto voluntario. El plebiscito es de voto obligatorio y sobre 15 millones tendrán que votar. Hay una izquierda latente, que no milita, descontenta, víctima persistente de los abusos y asimetrías del modelo. Esa población no se siente representada por los partidos, pero sí confió en el camino constituyente, concurriendo masivamente a las urnas señalando con un 80% de los votos, preferir que representantes populares, no parlamentarios, escribieran la nueva constitución. En poco ha ayudado a fortalecer el Apruebo esta mala junta del gobierno y eso habla de una mala lectura de la élite política frente al proceso social y sus dinámicas propias.

Al parecer el equipo político ha sobredimensionado la influencia que pueden tener los partidos para lograr avances en el Congreso, toda vez que el accionar del Ejecutivo ha sido ripioso y poco eficaz. Si abrirse a la ex Concertación hubiese sido para asegurar un trabajo legislativo de piso, esto les ha fallado y ese error estratégico le ha significado aplazar decisiones claves, como nombrar nuevo Presidente del Consejo de TVN y nuevos consejeros, o mantener sin nombramiento de nuevas autoridades, servicios claves para combatir la evasión y el contrabando.

En este mes de agosto, de cara a la ciudadanía, se deben sincerar intenciones. Las élites políticas quisieran monopolizar el debate, pero no tienen legitimidad para hacerlo. Pese a haber terminado la Convención Constitucional el 4 de julio, la soberanía ha vuelto al pueblo soberano. Desde el mundo social se reconoce como nuevos líderes legítimos emergentes, a ex convencionales. Los políticos sólo profitan de los espacios en medios controlados por la derecha, pero en los barrios son otras las conversaciones y son sin ellos.

Los senadores, que ven el término del Senado en la nueva Constitución, actúan como incumbentes y desesperan, esgrimiendo argumentaciones capciosas, pretendiendo ser los únicos lúcidos para mostrar caminos a Chile. Pero el pueblo los conoce, hace décadas cayeron las caretas y, aunque ellos piensen que el pueblo no lee o no entiende lo que lee, se equivocan. Las personas sencillas, las trabajadoras y los trabajadores no comulgan con sus ruedas de carreta y tienen muy claras las causas profundas de la situación que los agobia.

Con la memoria fresca, aunque quieran disimular sus conductas, su traición de fondo, esa alianza servil a grupos que manejan los hilos del poder, los amarillos, los gatopardistas, se enredarán en sus propias mentiras. Por todo ese historial, poco aportan a la tendencia social que está emergiendo. No serán esos zombies los que orientarán el voto de las grandes mayorías. Serán los líderes del pueblo sencillo, esos que hicieron pan de la nada y nos entregaron el 4 de julio el borrador de Nueva Constitución, a quienes el pueblo cree y respeta. 

La intención de los políticos históricos de aferrarse como se pueda al poder, no sólo es patético, sino recuerda un mensaje popular al gobierno del Presidente Boric: Dime con quién andas y te diré quién eres.

________________________________________
Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, Corresponsal en Valparaíso del diario La Razón.cl, 02/08/2022.

lunes, septiembre 06, 2021

El Pelao Vade, un golpe a la esperanza

Fue impactante, la última paletada para sepultar lo que fuera la Lista del Pueblo. Ya todos los convencionales independientes agrupados en esa propuesta, habían renunciado a ella. Pero esta noticia entregada por La Tercera hacía añicos una declamada nueva forma de hacer política.

 Quise reposar la noticia 24 horas, no escribir con la cabeza hirviendo, tratar de morigerar mis juicios, pero entendiendo que ello no puede significar relativizar un hecho repudiable, que atenta contra lo único válido que hemos logrado construir: el proceso constituyente.

Porque la irrupción de la Lista del Pueblo respondía a un sentimiento colectivo de repudio a las élites que habían concordado administrar el sistema por 30 años y lo que  hizo el Pelao Vade fue una manipulación de masas agobiadas de individualismo, sedientas de confianza, vapuleadas por casi cinco décadas de violencia e ignominia.

Y me permito ser auto referente como generación del 70.  Siempre he dicho que la traición desde tus cercanos es más dolorosa y letal que las heridas que recibas en la lucha contra tus adversarios. Por eso, como periodismo independiente, siempre he expresado mi dura denuncia a aquellos que, antes o durante la dictadura, se ubicaron a tu lado y lo hicieron para venderte; el soplonaje, las listas negras dan cuenta histórica de ello. Justo ayer partió de este mundo Miguel Estay Reyno, el Fanta, que fuera declarado culpable como autor material en el Caso Degollados, uno de esos monstruos que entregó a sus compañeros comunistas a la tortura, la muerte y la desaparición, la bestia que se convierte en un ícono de la traición y la cobardía.

Reiteradas veces hemos tratado de explicar la emoción que se sufre frente a una traición cometida por un cercano. Es un dolor que arranca las vísceras, porque en principio no se asume, no se puede creer que alguien a quien apreciabas o amabas te defraude o te robe. Esta es la sensación que hemos sentido millones de chilenos que trabajamos en los 80 para recuperar una democracia real, que teníamos una utopía y que nos dimos cuenta, al transcurrir la transición, que nuestros compañeros se sentaron con los victimarios a consolidar el modelo neoliberal, que fueron obsecuentes a la dictadura, al tiempo que marginaban a los conflictivos, hacían quebrar sus diarios y revistas escritas desde las trincheras populares, se codeaban y hacían sus alianzas estratégicas con los grupos económicos que habían saqueado las empresas del Estado, protegiéndolos, de últimas, con el silencio por 50 años de los testimonios recogidos por la Comisión Valech.

Como el sentimiento brota de la experiencia, para quienes hemos vivido la lucha contra el cáncer en un ser querido, haber compartido angustiado su lucha valiente, para superar radiaciones y quimios que desgarraban su cuerpo, ver a esa persona sufrir en silencio, recuperarse heroica, sin una queja, sin jamás victimizarse, en fin, cuando se ha vivido de cerca esa epopeya, conocer del hecho en que un desalmado haya usado la enfermedad del cáncer para victimizarse, para obtener adhesión a su campaña y  además sacar dividendos con las tantas rifas en que se rió de  la buena fe, estrujando la  solidaridad de miles de personas pobres pero generosas; cuando se comprueba esa degradación moral,  esa frialdad para manipular, disculpen, pero, desde la experiencia de haber conocido el cáncer de cerca, esa mentira, en lo personal, no admite comprensión, explicaciones ni menos justificaciones.

No se puede relativizar, mezclar por compasión en lo personal, esta estafa a la fe pública con otros hechos peores, porque no se trata de jugar a los empates. Porque el dolor es que uno de los tuyos haya traicionado tu confianza. Porque no se debe relativizar el daño que ha producido al proceso de reencuentro colectivo, a esta lucha desgastante de David contra Goliat que estamos dando, en pos de un sueño que se afirma con alfileres como una bandera de esperanza.

Porque veníamos de 30 años en los que esa esperanza nos la robaron, como ya he dicho, esos otros traidores que se vistieron de izquierdistas, manejando sus intereses corporativos con la derecha. Veníamos de la corrupción entronizada, veníamos resecos de un individualismo a la vena y buscábamos volver a creer. Y allí está el daño que ha provocado el Pelao Vade y, reconociendo que integró una Primera Línea que merece el mayor respeto, por eso mismo esto ha sido arrebatarnos ese puñado de confianza que veníamos levantando con esfuerzo, porque veíamos en él a una persona jugada, que mostraba esa alternativa esperanzadora del recambio en la política.

Por eso, el daño ha sido profundo, nos ha remecido, y nos ha permeado como un ácido que corroe lo colectivo. Objetivamente, acá debe haber otras personas que participaron de la mentira, porque hubo un montaje publicitario engañoso que no puede haber sido casual,  que colocó a Rojas Vade en medio de plaza Dignidad como un líder anónimo, que, de pronto, se  catapultó desde ese espacio combatiente, como un pseudo héroe popular.

Como la mentira tiene pata corta, el Pelao Vade fue quizás una bomba de tiempo y este golpe periodístico de la Tercera apuntó a la línea de flotación de la Convención Constitucional y eso tampoco ha sido casual. Salir del shock exige tomar decisiones oportunas y claras, para seguir navegando turbulencias con la transparencia como bandera.

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz

 

Una mirada libre a nuestro entorno

lunes, noviembre 30, 2020

"Ya no sería posible cambiar el capitalismo" nos quieren hacer creer...


Hace casi 5 años escribí esta columna. Cuando hoy se escucha a personajes de la élite, pretender la conducción del proceso constituyente, amerita dejarla nuevamente para el debate ciudadano:



“Ya no sería posible cambiar el capitalismo” nos quieren hacer creer…

Es la torpe y desenfadada disculpa de los intelectuales de la pseudo izquierda, el argumento falaz de quienes vendieron sus sueños y se convirtieron en esbirros obsecuentes de quien los financiaba. Claudicaron de sus sueños y principios. Mintieron con programas de gobierno que prometían cambios que jamás pretendieron pero que constituía un mensaje de marketing encantador. Mintieron cuando lo escribieron, mintieron al ejecutarlo, se diluyeron, se fueron por las ramas.

Su gestión ha estado marcada por la impericia y la improvisación, pasando por encima de los funcionarios de carrera, en una ordeña descarada del aparato público, en el cual no creen, pero que sirvió para su clientelismo, les sirvió para profitar y organizar sus negocios sin escrúpulos. Se irguieron como savia joven, como la etapa 2.0 de la política, como el progresismo, pero eran ancianos de espíritu, mañosos, sin vuelo libre, serviles a la garra que los mantenía. Actuaron pendiendo de los hilos de un gran titiritero, que supo de sus debilidades por los autos caros y las corbatas italianas.

El decir que no hay posibilidades de cambiar el capitalismo salvaje, concentrado y distorsionado que nos aflige, es una explicación cínica, un mensaje para que la gente piense que realmente se intentó, que se hizo lo que se pudo, que hay que seguir dentro de lo posible. Que no habría nada mejor que lo que se tiene, que hay que resignarse, conformarse y seguir esclavizados, comparándonos como idiotas con la OCDE.

Pero, la verdad es que buscan mantenerse en el poder, con la lógica más descarada, seguir en la cresta de la ola, vendiendo pomadas añejas, sin capacidad de creer en las energías positivas de las personas y las comunidades de base. Sin entender que hay una energía social poderosa, si la dejan fluir; que existe humanismo y que hay sueños por los cuales el pueblo se las puede jugar, por ejemplo, por recuperar la integridad en la cosa pública.

Queda integridad, hay principios que rescatar, sentimientos de colaboración y solidaridad que no responden al lucro o la codicia individual. Porque quedan en Chile manos limpias, que no todos son ladrones o delincuentes.

Que los que pregonan un mundo sin alternativas, porque todos son tránsfugas, porque así son las reglas del juego, porque hay que pasar por encima del otro, se excusan ellos mismos de su historia en política.

Quienes así piensan es porque los corrompió el sistema, porque adoran la materia y su mirada es al piso, a sus egos y jamás podrán volver a mirar el espacio de los libres de verdad. Porque no quieren mostrar o no pueden hacerlo, las alternativas de ciudades a escala humana, barrios y escuelas con afectos ciudadanos. No pueden visualizar una vida distinta porque no creen en la solidaridad, porque una tragedia la convierten en oportunidad de mayor lucro, por tildan de populistas a quienes hablan de asociatividad o cooperativismo, descartando esas opciones como   impracticables, pero sí aceptan las colusiones, los carteles, las asociaciones ilícitas para defraudar al fisco.

Son esos tipos los que nos dicen que este capitalismo salvaje es así, un hecho consumado. Pero estamos conscientes que el abuso no puede ser la regla, que la delincuencia económica en cualquier país estaría presa y que necesitamos recuperar un Estado digno, probo, donde se premie las buenas costumbres republicanas, de respetar las instituciones, pero que al mismo tiempo se fiscalice a fondo su comportamiento, que todos paguemos impuestos y que se acaben los privilegios o las leyes a la medida de los grupos dominantes. La gente no está pidiendo una revolución incendiaria, está demandando un trato justo, una constitución democrática, con equilibrios de poder, con libertades públicas y compromisos al servir un cargo público, con un país decente, con respeto a la ley, donde se reivindique el trabajo y el emprendimiento, antes que los bonos populistas que generan dependencia.

Un país decente, no es mucho pedir y levantar un sueño ciudadano para lograrlo corresponde a los ciudadanos que no buscan el enriquecimiento ilícito al actuar en política. Es ese 60% de personas que se abstuvo y que puede plegarse a este proyecto de un país decente, en un nuevo trato social. El capitalismo necesita sacudirse los delincuentes que lo están dominando, pero eso exige transparencia y un gobierno virtuoso, donde dirijan personas honestas, esa es la nueva utopía por la que debemos luchar.

Periodismo Independiente, 05.04.2016 @hnarbona en Twitter.




Una mirada libre a nuestro entorno