Este es un espacio de periodismo de análisis y opinión, desarrollado por Hernán Narbona Véliz, Poeta y Escritor chileno. Administrador Público, Licenciado en Relaciones Internacionales, Columnista de diversos medios, miembro de Periodistas Frente a la Corrupción.
domingo, julio 03, 2022
Mañana, 4 de julio 2022, será un día histórico.
domingo, febrero 13, 2022
DEFENSORÍA CONSTITUCIONAL DE LOS PUEBLOS Y LA NATURALEZA ¿Por qué se generó esta propuesta transversal desde la sociedad civil?
DEFENSORÍA CONSTITUCIONAL DE
LOS PUEBLOS Y LA NATURALEZA
¿Por qué se generó esta
propuesta transversal desde la sociedad civil?
La propuesta de una Defensoría
Constitucional de los Pueblos y la Naturaleza, que 21 organizaciones de la
sociedad civil presentamos el 22 de diciembre ante la Convención Constitucional
logró el patrocinio de 9 convencionales, lo que permitirá su debate. A efectos
de propiciar desde la sociedad civil un conocimiento cabal y un seguimiento
ciudadano a esta propuesta, dejamos, como gestores coordinadores de la misma,
esta columna de opinión en las redes sociales.
La Nueva Constitución que se
está generando en la Convención Constitucional consagrará un catálogo de
Derechos, pero, simultáneamente deberá establecer las formas concretas para
poder garantizar tales derechos.
Nuestra propuesta no entra a
la discusión del catálogo de derechos, sino que apunta a lograr que la
Constitución pueda, en su sala de máquinas, crear un organismo que vigile el
respeto y fiel cumplimiento de la norma constitucional, en materia de Derechos
Humanos, Sociales, Ambientales y de la Naturaleza. La misión de la Defensoría será
evitar que tales derechos queden en letra muerta, al asumir la fiscalización de
los demás poderes del Estado y de los agentes económicos privados que actúen en
el ámbito de esos derechos.
En estos términos, nuestra propuesta significa
un cambio histórico en la concepción clásica del Ombudsman escandinavo,
toda vez que éste está concebido como un organismo unipersonal, nombrado por el
Ejecutivo con anuencia del Parlamento, lo que limita esencialmente su autonomía
y legitimidad. Mal podría ese Defensor controlar o fiscalizar a quien lo designa.
Por otra parte, sus funciones han sido de mediación y buenos oficios, en aras
de una supuesta “autoridad moral”.
En definitiva, la experiencia
muestra evidencias cercanas, donde ese Defensor es cooptado por los gobiernos
de turno como una entidad irrelevante y decorativa que sirve como
pacificador social y, mediáticamente, para lavar la imagen de gobiernos autoritarios.
Es lo que no queremos para Chile, porque están a la vista los penosos resultados
del INDH frente a la explosión social de octubre 2019 y la represión
consecuente, en donde se manipularon cifras de víctimas de daño ocular, se
restringió la calificación de los casos de abusos, llegando a un repudio
extendido de la opinión pública por la obsecuencia demostrada frente al
gobierno. En el mismo orden de ideas, tenemos el caso patético de los abusos a niños
en el SENAME, donde la Defensoría de la Niñez, pese al esfuerzo personal de su Directora,
no ha logrado llegar al fondo de un sistema donde los derechos de Niñas, Niños
y Adolescentes se han mercantilizado y el abuso sigue ocurriendo en total
impunidad.
Para asegurar que se instale
en Chile una sincera cultura de respeto a los DDHH no sirven entidades
temáticas febles, sin autonomía, facultades ni presupuesto adecuado. Eso sólo le
sirve a los gobiernos para demostrar a nivel internacional que se está haciendo
algo. Es lo mismo que un Servicio Nacional del Consumidor que funciona como
amortiguador de reclamos, con mediaciones inconducentes que jamás han logrado
denunciar delitos económicos contra los consumidores. Por todo lo anterior, lo
que se propone es un organismo permanente y autónomo de la administración de
Estado que tenga una función fiscalizadora del cumplimiento y respeto a las
normas constitucionales y las derivadas de tratados internacionales, en materia
de derechos humanos.
Al inicio de este siglo se
creó una ONG para impulsar el Defensor del Pueblo en Chile en el sistema
público y siempre los intentos quedaron en vía muerta o bien fueron
tergiversados, dándoles un carácter de oficina de reclamos y orientación a las
personas que reclamaran. Una oficina sin ninguna atribución real para ejercer
cambios de conducta en situaciones reclamadas. En perspectiva, hemos entendido
que jamás el modelo iba admitir un organismo que lo fiscalizara en serio. Esas
experiencias del Ombudsman en Chile fueron frustrantes. Como también lo ha sido
su rol decorativo en España o Colombia. Defensores unipersonales, sin
atribuciones efectivas, son un lavado de imagen para el poder político de
turno, por más se busque justificarlos como “los hombres buenos”, con “carisma”,
funcionales al statu quo.
Persistir en un Ombudsman,
defensor del pueblo, unipersonal, decorativo, manteniendo otras defensorías
temáticas parciales, significa, además, no entender que los Derechos Humanos son
integrales y existe un principio de indivisibilidad respecto a ellos. La
persona, por otra parte, no puede separarse de la Naturaleza, como tampoco
puede separarse el agua de la tierra o la cultura de la natura. La cosmovisión
que está en el fondo de nuestra propuesta reivindica en la nueva Constitución
una relación inseparable del ser humano con la naturaleza, sus ciclos y sus
ecosistemas. La defensa de la Vida se expresará en este organismo nuevo y
permanente del Estado, teniendo a su cargo, de manera vigilante, científica,
multidisciplinaria, todo el espectro de derechos garantidos en la constitución,
con una visión inter generacional, de largo plazo.
La Defensoría de los Pueblos
y la Naturaleza que se propone es integral y sistémica, pues, abarca la defensa
de todos los derechos incorporando los derechos de la naturaleza, en una
connotación adelantada que se hace cargo de la cosmovisión de los pueblos
originarios, en donde no hay una separación entre la actividad del hombre y la
armonía con la naturaleza; el respeto a la vida en todos sus aspectos es
fundamental y esto sintoniza con la crisis climática que está viviendo el
planeta y que afecta gravemente a Chile.
Pero, además, la propuesta tiene
racionalidad orgánica y económica. Primero, porque este organismo profesional
será legítimo en su dirección, a cargo de Consejeros Regionales de las
Defensorías, generados por elección popular; y, segundo, como organismo
permanente, tendrá una planta de funcionarios, generada por concurso público con
la incorporación de los funcionarios de los organismos que serán incorporados
por la Defensoría. En los conversatorios sostenidos a lo largo de décadas, se
han recogido todos los aportes y miradas, lo que permite asegurar viabilidad
para lograr cimentar este nuevo organismo en la futura institucionalidad. A
partir de los territorios se podrá elegir el Consejo Directivo Nacional y esto
es profundamente democrático, totalmente transparente y evita que la gestión
pueda ser influida desde los otros poderes, cuestión que no ocurre con el Defensor
unipersonal, que puede ser cooptado por grupos de presión o por el poder que lo
designa.
La propuesta de Defensoría Constitucional
de los Pueblos y la Naturaleza sintoniza perfectamente con la concepción de un Estado
Regional, Pluricultural y Plurinacional, en donde la gestión se lleve en el
ámbito del territorio, con una interrelación permanente con las organizaciones
que eligen a los Consejeros Defensores territoriales.
Finalmente, en su misión de
alcanzar en la sociedad chilena una cultura de respeto irrestricto a los
Derechos Humanos, Sociales, Ambientales y de la Naturaleza, la Defensoría tendrá una misión educativa y la
facultad para dictaminar la correcta aplicación por parte de los organismos
públicos, de las normas en estas materias, vale decir, velar por una coherencia en las resoluciones e instructivos,
impidiendo que la discrecionalidad administrativa haga perder el espíritu de
dichas disposiciones constitucionales.
Que el organismo sea autónomo
y tenga una capacidad de funcionar como organismo permanente del Estado, significa
que tendrá personería de Derecho Público, con patrimonio propio, con una Ley
Orgánica que la propia Constitución enmarque en ciertos principios, para
asegurar que se respete su concepción constitucional. Racionalmente, se postula
generar un sistema de defensoría potente, autónomo, con facultades
fiscalizadoras, que absorberá las actuales defensorías temáticas, las que serán
áreas funcionales dentro de la nueva orgánica. Se busca, precisamente,
encasillar a ese personal que ha venido trabajando en forma precaria, en esta nueva
Defensoría potente, incorporados a una planta funcionaria a través de un
concurso, con cargos servidos en propiedad, en los que podrán gozar de fuero y
de expectativas de carrera funcionaria, de lo cual hoy carecen. Con esto se asegura
la autonomía e independencia frente a las presiones políticas de cualquiera de
los demás poderes del estado o de otros poderes fácticos.
Por eso, cuando hablamos de Defensoría
Constitucional de los Pueblos y la Naturaleza, hablamos de un sueño colectivo
que parte desde la cosmovisión de pueblos que construimos paz social, en
territorios que recuperan armonía con la Naturaleza; de la racionalidad de una orgánica
legítima, transparente y democrática; de un presupuesto viable, de una misión
con basamento científico, ético y político. Por lo tanto, creemos que es el
camino que Chile deber seguir, sin desviarse hacia alternativas que sigan
ofreciendo una débil y manejable institucionalidad.
Si decidimos por esta
Defensoría de los Pueblos y la Naturaleza, estaremos generando un hito en los
procesos de profundización democrática. Chile marcará un camino de empoderamiento
de la sociedad civil. Para que otra era avance y que las nuevas generaciones
puedan recuperar la armonía con la Naturaleza en todo su esplendor y como parte
consciente de ella.
Hernán Narbona Véliz, Administrador
Público, Secretario Mesa Coordinadora DDHH Valparaíso, Periodista, Corresponsal
Diario La Razón.cl,
Juanita Fernández Álamos, Médico
Cirujano, Asesora de MUZOSARE, Mujeres de Zonas de Sacrificio en Resistencia,
Activista Social DDHH, Ambientales y de la Naturaleza.
Valparaíso, 13 de febrero de
2022
jueves, febrero 10, 2022
Doña Tere y Don Agustín contra la Convención
Doña Tere y Don Agustín contra la Convención
Hemos conocido esta semana
de los insultos que Teresa Marinovic hizo a la Convención y a los
convencionales, en el exabrupto que llenó las redes sociales. Por otro lado, a
través del Mercurio, Agustín Squella ha salido, una vez más, pontificando
acerca de la necesidad de reflexión y autocrítica en la Convención.
Qué duda cabe que los poderes
fácticos e institucionales están histéricos. El proceso constituyente enfrenta la
procacidad visceral de un personaje que está ahí con la misión de destruir lo
que se haga; y, simultáneamente, está recibiendo los embates del gatopardismo
ilustrado, que presiona por mantener los pivotes del sistema intocables, con la
complicidad, en ambas situaciones, de los medios oficiales, la prensa, radio y televisión
de propiedad de los grupos económicos.
El efecto es que los medios
instalan el escándalo y lograr quitarle atención a los avances y acuerdos que
se van logrando en las distintas Comisiones y que comienzan a esbozar ese país
por el cual se manifestó en las urnas el 80% de la ciudadanía. La tergiversación cotidiana de los hechos no es
casual, sino articulada y metódica, sirviendo abiertamente a los intereses de
sus dueños.
Aparece engolada y mercurial la
petición de autocrítica de Agustín Squella, todo apuntando a dejar en tela de
juicio la redacción de principios que formulan nuevas relaciones
interculturales, aspirando al respeto a la Vida, a la Naturaleza y sus
ecosistemas. Con su posición de soberbia y el respaldo permanente del Mercurio,
Squella se suma con una procacidad de fondo, elegante pero igualmente grosera,
a poner en tela de juicio los debates de la Convención, buscando manipular a la
opinión pública, desprestigiando tales acuerdos porque atentan contra los
poderes instituidos. Al final, las dos situaciones demuestran que hay
convencionales insertos con el solo fin de frenar los acuerdos sociales, admitiendo
cambios cosméticos, que preserven el neoliberalismo, cambios para que nada
cambie.
Los grupos económicos, la Corte
Suprema, el Senado, el Tribunal Constitucional, han expresado con descaro su
preocupación frente a los avances soberanos de la Convención. Cuando se toma
acuerdo a nivel de Comisión de la necesaria anulación que se debe hacer al Código
de Aguas para poder considerar al Agua como un derecho humano y un bien de uso
público, salta Ignacio Walker rasgando vestiduras e invocando un Plan B, que
sería a todas luces sedicioso, porque sería patear el tablero y volver a
nostalgias golpistas. En su columna de opinión, en el Mostrador, el constituyente,
Patricio Fernández Chadwick, siembra dudas, planteando el supuesto desorden que
habría en la Convención, dejando esa suspicacia negativa que, en definitiva,
sirve a los del Rechazo.
Definitivamente, la élite se
atrinchera y no asume que la ciudadanía se pronunció por cambios profundos al
modelo y, a medida que se van estructurando acuerdos para una nueva forma de
relacionarnos como sociedad, salen descontrolados a sacarles la madre a los
convencionales o a llamar desde El Mercurio a la sensatez, al orden, a la autocrítica.
Los poderosos salen a expresar, sin tapujos, su profundo sentir, que es defender
a toda costa sus privilegios. Los episodios comentados, el de doña Teresa y don
Agustín, son parte de una estrategia, para frenar el avance del cronograma, ralentizando
el proceso de toma de decisiones, con distractores mediáticos que no permitan
el debate cívico ciudadano, sino sembrar la chimuchina y dentro de ella, la
mentira.
La Convención tiene que defenderse de quinta
columnistas que fueron instalados en ella por la ultraderecha o la ex
Concertación, con ánimo gatopardista. A medida que se avanza, se van explicitando
posiciones, se va viendo quien atornilla al revés o quien cae en el juego
mediático farandulero. Pero, pese a todo, se va avanzando, llegándose con
distintas aproximaciones a puntos medulares y transversales. El proceso
colectivo fluye con legitimidad y legalidad. Nadie cae en la trampa de que
pudiere haber más plazo, nadie se distrae con circos preconstruidos por los
operadores mencionados.
Debemos salir de la trampa
mediática que tergiversa y distrae. El poder instituido tratará de evitar que
nos movilicemos y que sigamos actuando con actitud vigilante. Autoconvoquémonos
de manera colaborativa, en un compromiso militante por la nueva constitución, todos
los ciudadanos, periodistas, comunicadores sociales, medios alternativos, para
ir conociendo y apoyando cada paso que se dé, para preparar intensamente un
Apruebo Informado. Tenemos la convicción de poder sentar los cimientos para un
país diferente, entendiendo que ello será protagonizado por las nuevas
generaciones. Por eso, la desinformación debe ser neutralizada con la acción proactiva
de los colectivos, de las mayorías. Próximamente en nuestros sindicatos,
cabildos y organizaciones sociales tendremos a convencionales para conversar y
comprender cada párrafo que se vaya acordando. Debemos centrarnos en lo
importante: el plebiscito de salida.
La Convención Constitucional debe
ponerse anteojeras y tapones en los oídos para que nada la distraiga de su
cronograma.
Hernán Narbona Véliz, Corresponsal Diario La Razón.cl, 10 de
febrero, 2022
Una mirada libre a nuestro entorno.
lunes, enero 17, 2022
Gabriel Boric, con la fuerza de la razón y la ética
lunes, septiembre 20, 2021
Hacia un Sistema Autónomo de Defensoría de los Pueblos de Chile y la Naturaleza.
En la concepción de un ente que asegure el ejercicio y respeto de los Derechos Humanos y Sociales, chocan, la visión tradicional, que sigue parámetros de Derecho comparado y concibe al Defensor del Pueblo como una persona que sólo influye por persuasión para que la vulneración termine, con la visión progresista que concibe la Defensoría como un organismo colegiado, fiscalizador, autónomo, empoderado, capaz de denunciar conductas irregulares o impropias que incumplan una normativa, irrespetando Derechos de personas o comunidades.
La historia nos ha mostrado que
los derechos que establece una Constitución pueden quedar en letra muerta y ser
simplemente decorativos. No queremos que eso vuelva a ocurrir con la nueva
Constitución. En tanto instrumento jurídico que norma las relaciones de poder y
establece las bases de la convivencia social, la Nueva Constitución equivale a
contar con una caja de herramientas para establecer derechos, deberes y
mecanismos de participación. En consecuencia, debe incorporar herramientas que
defiendan a los pueblos de la invisibilidad, los atropellos, la explotación,
del despojo de su dignidad e incluso hasta de su exterminio por la depredación
del ambiente.
En nuestra experiencia, no es
suficiente contar con un catálogo de derechos si no se instaura una institución
estatal autónoma, descentralizada, dotada de poder y facultades, generada desde
la base misma que actúe como garante de esos derechos.
No queremos más frases bonitas
que suenan lindo pero que son letra muerta en la realidad.
En el proceso constituyente se ha
comenzado a sincerar la historia de Chile, ésa que las élites han ocultado,
invisibilizado o tirado bajo las alfombras de los palacios oficiales. En la
Convención Constitucional, a través de la Comisión de Derechos Humanos, se han
recibido experiencias, propuestas y
expectativas de organizaciones sociales y de pueblos que han sido abusados,
maltratados por la institucionalidad, que han sufrido políticas públicas de
exterminio, con el uso de la fuerza
represiva del Estado para implantar la usurpación de territorios, irrespetando
y violando los tratados de paz suscritos por el propio Estado.
Entre los muchos testimonios,
cabe detenerse en el que entregó Eduardo Morris, en nombre de la Agrupación de
Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos, quien en una
exposición de 10 minutos resumió el alcance de la maquinaria golpista que
instaló a partir del 11 de septiembre la Armada de Chile, en Valparaíso, con
tres buques cárcel, facilitados por la Interoceánica, y varios centros de
detención y tortura, en los que también se usó el buque escuela Esmeralda,
donde fuera asesinado el cura obrero Miguel
Woodward. El testimonio de Eduardo Morris expresó convicción desde el dolor
profundo de haber perdido a su hermano menor, Mario Morris Barrios, funcionario
de Aduanas, 27 años, quien fuera asesinado
sin juicio previo, por la caravana de la muerte, que lo sacó de Pisagua para su
ejecución, en octubre de 1973, encontrándose sus restos en una fosa recién el
año 1990. Eduardo Morris expresó en su alocución, en forma magistral, lo que se
ha configurado como la cultura de la muerte en nuestra sociedad, en una
conducta reiterativa de represión, que declara como enemigos a todos quienes
piensen distinto a los grupos dominantes.
Frente a esa constatación, Chile
enfrenta la imperiosa necesidad de llegar a la paz social curando las heridas
de su historia y ello significa lograr primeramente la Verdad, estableciendo el
paradero de los detenidos desaparecidos. El segundo paso es generar en la
sociedad acciones de reparación a las personas y familias afectadas por la
acción de agentes del Estado y, por último, se debe asegurar la no repetición
de esas violaciones, lo que conlleva instaurar en la sociedad una cultura de
respeto a los DDHH. En ese orden de ideas, una nueva Constitución que garantice
el ejercicio de los Derechos Humanos y Sociales, deberá no solo fijar un
catálogo de ellos, sino también jerarquizar en dicha enunciación el Derecho a
la Vida en un Ambiente Sano, lo que debe estar por encima del Derecho a la
iniciativa privada, dándole a la Nueva Constitución esa nueva impronta que debe
empapar como concepción integral el nuevo pacto social que de ella derive.
Y, para asegurar el respeto y el
ejercicio pleno de los Derechos consagrados, se propone instalar dentro del
cuerpo constitucional un nuevo organismo permanente y autónomo de la
Administración del Estado que sea fiscalizador de los demás poderes del Estado
en término de vigilar, prevenir y exigir la corrección de acciones de entes
públicos, o privados colaboradores de una función pública, que generen
vulneraciones a los derechos de las personas y las comunidades.
Clásicamente, la experiencia del
Ombudsman en países europeos o de la región latinoamericana, ha sido incorporar
en la institucionalidad un Defensor del Pueblo, que es nombrado por acuerdo del
Parlamento, para que actúe en atención a los reclamos que formulen personas que
se sientan vulneradas en sus derechos, realizando gestiones de persuasión, que
se podrían describir como “buenos oficios”, los que buscan alcanzar una
solución a través de la influencia ética del Defensor, pero sin contar éste con facultades
fiscalizadoras y de investigación efectivas como para exigir correcciones o
exigir sanciones a quienes estén, por acción u omisión, causando tales
vulneraciones. Esta figura unipersonal del Ombudsman, debe ser admisible para
el poder instituido que aprueba su nombramiento y su margen de maniobra
dependerá de su carisma y ocupación, pues no cuenta con un equipo de trabajo
estable, que le dé soporte como institución,
ya que sus colaboradores serían de exclusiva confianza y no funcionarios
permanentes que puedan dar continuidad a los temas que aborde el Defensor o
Defensora.
Desde el punto de vista político,
esa figura unipersonal del Defensor del Pueblo, que es nombrado con el
beneplácito de algún poder del Estado, pierde desde su génesis, la autonomía
necesaria para actuar con imperio en la defensa de afectados por un actuar que
no se ajuste a Derecho . En la práctica, establecer un Ombudsman sin facultades
fiscalizadoras, es simplemente instalar un organismo sin peso específico, que
puede ser manipulable y funcional al gobierno de turno que participa en su
nombramiento.
En rigor, para una Defensoría Popular
autónoma a los poderes del Estado, se necesita que quede consagrada en la
Constitución y contar con un rango legal comparable al del Banco Central o de
la Contraloría General de la República. Por tanto, en la Constitución se debe
consagrar su rango de organismo permanente, autónomo, con personería de Derecho
Público y patrimonio propio.
El caso evidente se ha dado en el
actuar reciente del Instituto Nacional de Derechos Humanos, que ha demostrado su
debilidad en la defensa de las víctimas de la explosión social de octubre 2019,
cuando ha debido variar los criterios para contar el número de vulneraciones
graves con mutilación o trauma ocular. La causa de ello ha sido su dependencia
del gobierno de turno y el poder del binominalismo y cuoteo que enmarca su funcionamiento.
Asumiendo lo trascendente del
momento constituyente, frente a una realidad de abusos y desde el sentido
común, diferentes organizaciones sociales han planteado la necesidad de una
Defensoría Popular, que no se convierta en una mala copia de la experiencia
internacional, es decir, en una institución de Ombudsman débil o manipulable
por el poder político. No se quiere una Oficina de Reclamos que busque con
buena voluntad soluciones a los casos puntuales que se le presenten. Se ha
visto en la reciente represión que se observó en Colombia, que el Ombudsman ha
resultado decorativo para lavar la
imagen del accionar abusivo del gobierno. Se ha visto además, cómo la
Federación Iberoamericana de Ombudsman, FIO, ha emitido una declaración en apoyo a Sergio
Micco, cuando él ha sido cuestionado por su actuar obsecuente por los propios
funcionarios del INDH, es decir, respaldando la FIO un comportamiento que se
aleja precisamente del principio de independencia que debe tener un Defensor
del Pueblo.
Organismos sociales que han
tenido décadas en defensa de las víctimas de la dictadura y de los abusos
ambientales que han dado lugar a las zonas de sacrificio, están pidiendo a los
convencionales que se instaure en la Constitución una Defensoría Popular ( Del
Pueblo o De los Pueblos) como un organismo permanente y autónomo de la
administración del Estado, que tenga fuertes facultades fiscalizadoras para prevenir
distorsiones y promover una cultura de respeto a los Derechos Humanos. Esto
significaría la capacidad de prevenir acciones inconsistentes en los proyectos
de ley, investigar, conocer de reclamos, denunciar y exigir de los demás
poderes las correcciones para alcanzar un actuar que sea coherente con el
respeto a los derechos que consagre la constitución. Se señala, además, que la
Defensoría Popular tenga la capacidad para proponer reformas legales que
permitan salvar vacíos legales en la protección de la ciudadanía frente a
abusos de poder.
Al concebirse la Defensoría Popular
como un organismo que tiene dentro de su misión velar por los Derechos Humanos
en su amplio espectro, debería también encargarse de establecer Protocolos de
Reparación a las Víctimas, siguiendo en ello los lineamientos del Consejo de la
ONU para los DDHH. Esto significaría que el Estado, a través de esta
institución, canalizaría las acciones reparatorias de restitución. Compensación
e indemnización a las víctimas, de manera transparente y equitativa, sin que
ellas deban seguir el tortuoso camino judicial para lograr una incierta
reparación. La reparación que está pendiente como deuda histórica, podría
hacerse fluida y justa por la vía administrativa de la Defensoría Popular.
Ese organismo permanente debería
tener personería jurídica de derecho público y contar con patrimonio propio,
absorbiendo y reemplazando a organismos como el INDH y la Defensoría de la
Niñez. Su Dirección se concibe como un Consejo Colegiado, que se genera desde
la sociedad civil, en ejercicio de la soberanía popular, por elección directa de
consejeros en las Defensorías Territoriales, entre los cuales se designa un delegado
a integrar el Consejo Directivo, que es
donde se conduce la institución y se definen sus políticas, con total
independencia del poder político. Es decir, se replica el ejercicio que se ha
dado en la Convención Constitucional, generando el organismo desde la base
social, sin que deba contar con el beneplácito de ningún otro poder del Estado.
Como Jefe de Servicio a cargo de
la Defensoría Popular, existiría un Director Ejecutivo, responsable
administrativo del organismo, que sería Jefe de Servicio de una planta
multidisciplinaria de funcionarios dedicados en forma exclusiva a ejecutar la
misión que definirá la Constitución e implementará la Ley Orgánica
correspondiente.
Ese Jefe de Servicio o Director
Ejecutivo de la Defensoría Popular debiera ser seleccionado por concurso
público, como autoridad a cargo de un plantel de funcionarios de carrera, profesionales
de distintas especialidades, concordantes con la gama de derechos a proteger; los
que tendrán funciones exclusivas y gozarán de inamovilidad. En este nuevo
organismo se integrarían los funcionarios de INDH, de la Defensoría de la
Niñez, los que pasarían a formar parte del plantel de la Defensoría Popular. El
área de Derechos Ambientales y de la Naturaleza como sujeto de Derechos,
constituirá, sin duda, uno de los espacios innovadores que una Defensoría del
Pueblo deberá asumir en su misión constitucional. La Ley Orgánica que cree este
organismo deberá quedar mandatada en el cuerpo constitucional con una
definición comprensiva de los derechos a salvaguardar, incluyendo nuevos
derechos, en actual evolución, que serán relevantes para las futuras
generaciones.
En la redistribución del poder
que se discutirá en la Convención Constitucional, instaurar con rango
constitucional la Defensoría del Pueblo en los términos comentados, significa
generar un contrapoder que, desde la sociedad civil, pueda reducir las
asimetrías estructurales y asegurar que no se repitan las violaciones y abusos,
que los actores políticos logren alcanzar comportamientos coherentes con un
Estado de Derechos. En materia de promoción de una cultura transversal de
respeto a los DDHH y sociales, la Defensoría Popular se estaría haciendo cargo
de una tarea titánica, cual es actuar vigilante para que el Estado en su propio
funcionamiento erradique las malas prácticas, como el clientelismo, el cuoteo,
el secretismo, para avanzar también en una redimensión de la convivencia cívico
militar, de la interrelación de ciudadanía e institucionalidad. La labor de una
Defensoría Popular apuntaría a alcanzar equilibrios de poder, para delimitar
los espacios de convivencia en respeto y equidad, erradicando los abusos en
todos los ámbitos de la vida en sociedad.
Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, Fundación
Diario La Razón, 30.09.2021
Hernán Narbona Véliz,
Periodismo Independiente. 20.09.2021
lunes, septiembre 06, 2021
El Pelao Vade, un golpe a la esperanza
Quise reposar la noticia 24 horas, no escribir con la cabeza hirviendo, tratar de morigerar mis juicios, pero entendiendo que ello no puede significar relativizar un hecho repudiable, que atenta contra lo único válido que hemos logrado construir: el proceso constituyente.
Porque la irrupción de
la Lista del Pueblo respondía a un sentimiento colectivo de repudio a las
élites que habían concordado administrar el sistema por 30 años y lo que hizo el Pelao Vade fue una manipulación de
masas agobiadas de individualismo, sedientas de confianza, vapuleadas por casi
cinco décadas de violencia e ignominia.
Y me permito ser auto referente
como generación del 70. Siempre he dicho
que la traición desde tus cercanos es más dolorosa y letal que las heridas que
recibas en la lucha contra tus adversarios. Por eso, como periodismo
independiente, siempre he expresado mi dura denuncia a aquellos que, antes o
durante la dictadura, se ubicaron a tu lado y lo hicieron para venderte; el
soplonaje, las listas negras dan cuenta histórica de ello. Justo ayer partió de
este mundo Miguel Estay Reyno, el Fanta, que fuera declarado culpable como
autor material en el Caso Degollados, uno de esos monstruos que entregó a sus
compañeros comunistas a la tortura, la muerte y la desaparición, la bestia que
se convierte en un ícono de la traición y la cobardía.
Reiteradas veces hemos
tratado de explicar la emoción que se sufre frente a una traición cometida por
un cercano. Es un dolor que arranca las vísceras, porque en principio no se
asume, no se puede creer que alguien a quien apreciabas o amabas te defraude o
te robe. Esta es la sensación que hemos sentido millones de chilenos que
trabajamos en los 80 para recuperar una democracia real, que teníamos una
utopía y que nos dimos cuenta, al transcurrir la transición, que nuestros
compañeros se sentaron con los victimarios a consolidar el modelo neoliberal,
que fueron obsecuentes a la dictadura, al tiempo que marginaban a los conflictivos,
hacían quebrar sus diarios y revistas escritas desde las trincheras populares,
se codeaban y hacían sus alianzas estratégicas con los grupos económicos que
habían saqueado las empresas del Estado, protegiéndolos, de últimas, con el
silencio por 50 años de los testimonios recogidos por la Comisión Valech.
Como el sentimiento
brota de la experiencia, para quienes hemos vivido la lucha contra el cáncer en
un ser querido, haber compartido angustiado su lucha valiente, para superar
radiaciones y quimios que desgarraban su cuerpo, ver a esa persona sufrir en
silencio, recuperarse heroica, sin una queja, sin jamás victimizarse, en fin, cuando
se ha vivido de cerca esa epopeya, conocer del hecho en que un desalmado haya
usado la enfermedad del cáncer para victimizarse, para obtener adhesión a su
campaña y además sacar dividendos con
las tantas rifas en que se rió de la
buena fe, estrujando la solidaridad de
miles de personas pobres pero generosas; cuando se comprueba esa degradación
moral, esa frialdad para manipular, disculpen,
pero, desde la experiencia de haber conocido el cáncer de cerca, esa mentira,
en lo personal, no admite comprensión, explicaciones ni menos justificaciones.
No se puede
relativizar, mezclar por compasión en lo personal, esta estafa a la fe pública
con otros hechos peores, porque no se trata de jugar a los empates. Porque el
dolor es que uno de los tuyos haya traicionado tu confianza. Porque no se debe
relativizar el daño que ha producido al proceso de reencuentro colectivo, a
esta lucha desgastante de David contra Goliat que estamos dando, en pos de un
sueño que se afirma con alfileres como una bandera de esperanza.
Porque veníamos de 30
años en los que esa esperanza nos la robaron, como ya he dicho, esos otros traidores
que se vistieron de izquierdistas, manejando sus intereses corporativos con la
derecha. Veníamos de la corrupción entronizada, veníamos resecos de un individualismo
a la vena y buscábamos volver a creer. Y allí está el daño que ha provocado el
Pelao Vade y, reconociendo que integró una Primera Línea que merece el mayor
respeto, por eso mismo esto ha sido arrebatarnos ese puñado de confianza que veníamos
levantando con esfuerzo, porque veíamos en él a una persona jugada, que
mostraba esa alternativa esperanzadora del recambio en la política.
Por eso, el daño ha
sido profundo, nos ha remecido, y nos ha permeado como un ácido que corroe lo
colectivo. Objetivamente, acá debe haber otras personas que participaron de la
mentira, porque hubo un montaje publicitario engañoso que no puede haber sido
casual, que colocó a Rojas Vade en medio
de plaza Dignidad como un líder anónimo, que, de pronto, se catapultó desde ese espacio combatiente, como
un pseudo héroe popular.
Como la mentira tiene
pata corta, el Pelao Vade fue quizás una bomba de tiempo y este golpe
periodístico de la Tercera apuntó a la línea de flotación de la Convención
Constitucional y eso tampoco ha sido casual. Salir del shock exige tomar
decisiones oportunas y claras, para seguir navegando turbulencias con la
transparencia como bandera.
Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz
viernes, agosto 27, 2021
La Lista del Pueblo, de lo emocional a la realidad
La Lista del Pueblo, de lo emocional a la realidad
Hay en la Memoria colectiva frases que nos han
marcado. Recuerdo el lema del Paris de Mayo 1968: “Seamos realistas, pidamos
lo imposible”, o la de Lenin: “Si la realidad no está de acuerdo con la
teoría, tanto peor para la realidad”. Ambas han sido arengas que han
apuntado a lo abstracto, a las ideas, a las emociones, ambas han resultado
movilizadoras, viscerales y preclaras ante un momento de cambios. Sin embargo,
abruptamente la realidad se impone, lapidaria de sueños, porque refleja el
ejercicio frío y descarnado del poder. Es así como, los revolucionarios de los
60 terminaron invocando el pragmatismo y defendiendo obsecuentes sus parcelas o
maceteros de poder.
En el libro Letras Anarquistas, Artículos periodísticos y otros escritos
inéditos compilados por Carmen Soria, Editorial Planeta, 2005, se puede leer un
brillante artículo de Manuel Rojas referido a la Revolución de Octubre, donde la
mirada crítica a los hechos históricos que sucedieron a la toma del poder y
defenestración del zarismo, se impone sobre las emociones que generó ese instante puntual donde los bolcheviques
elevaban la bandera revolucionaria. La frase de Lenin, señala Manuel Rojas (Revista
Babel, 1944) , se le revierte en la práctica
y es la realidad la que desmantela las teorías y muestra en toda su
crudeza la construcción del Estado totalitario, que se aleja de la propuesta
política socialista original.
En la explosión social de Octubre 2019, el pueblo chileno se movilizó
por cambios profundos, con una Primera Línea resistiendo una feroz represión
que sólo ha sido comparable con los peores momentos de la dictadura de Pinochet,
disputando como un hito la Plaza de la Dignidad, generando una carga emocional nacional,
que atribuyó a ese espacio un gran simbolismo. Al fragor de las emociones y mística
de esa disputa, que culminó con el retiro de la estatua de Baquedano de ese
sitio, generó el reencuentro de personas, de dirigentes sociales y agrupaciones
ciudadanas diversas en un colectivo emergente, con un común denominador de no militancia
en partidos políticos del binominalismo histórico. Y, a partir de allí, lo
inmediato fue conformar un grupo para participar en el proceso constituyente, lo
que alcanzó éxito en la elección de los convencionales como Lista del Pueblo.
Sin embargo, el choque con la realidad fue tener que afrontar la
articulación coherente de ese colectivo horizontal, reacio a subordinarse con
disciplina a líderes conductores, grupos que han sido asambleístas por esencia,
sin capacidad orgánica para ordenarse para una capitalización de ese poder
alcanzado. La vociferancia difusa, la dispersión de temáticas a relevar en los
discursos, provocó que en la Lista del Pueblo no llegaran a conformar un
colectivo político coherente, que confluyera en una sola voz y en un planteamiento
sustantivo. Esto ocurrió, a mi juicio, porque la realidad les exigía actuar
como movimiento político, como un partido que razonablemente busca consolidar un
espacio de poder, lo que entraba en contradicción con ese discurso esgrimido,
de repudio al actuar de los partidos políticos. Y esto es algo que alcanza
ribetes fundamentalistas, casi dogmáticos, por completo irracionales, si lo que
se busca es construir un fortalecimiento del Apruebo, que apunta a una sociedad
diferente a la actual, a partir del nuevo texto constitucional.
El enfoque pasional de plaza
Dignidad y el triunfo consecuente de la Lista del Pueblo, aterrizó en la
realidad del trabajo constituyente, donde ha habido que superar diversos
escollos, colocados intencionadamente para hacerlo fracasar. En esa nueva
mística interna, en un trabajo de 8 semanas, se ha llegado a un borrador de
Reglamento para la Convención Constitucional, y este proceso exigió diálogo,
participación ciudadana y una prudente toma de distancia de la política
contingente, que sigue su propio carril y su propia dinámica mediática.
En este período, los constituyentes elegidos como independientes de la Lista
del Pueblo se han integrado al proceso intenso de la Convención Constitucional,
alejándose expresamente muchos de ellos de la contingencia política y de los
hechos tortuosos que han tenido como foco la Lista del Pueblo. Sin entrar en
detalles, el episodio de haber nominado en una asamblea como candidato
presidencial al dirigente sindical minero, Cristian Cuevas, para quitarle el
piso casi de inmediato, dejándolo, en definitiva, fuera de la papeleta de
noviembre, al no haber alcanzado los patrocinios necesarios en el SERVEL; a lo
que se suma el nombramiento o respaldo dado a otro candidato, Diego Ancalao.
Esto último ha reventado mediáticamente con la bajada de Diego Ancalao por parte
del SERVEL, con una denuncia de haberse inscrito con uso de firmas falsas ante un
notario que había fallecido.
En un par de semanas han ocurrido estas dos situaciones bochornosas, que
sellan una muerte política de un movimiento surgido de la épica de la revuelta,
desde esa emocionalidad, que fue un exitoso instrumento e acceso al proceso
constituyente, pero que ha caído entrampado en la realidad de disputa del
poder, cayendo en lo mismo que repudiaban en su vociferancia. Lo que debiera
llevarlos a una profunda reflexión para poder superar los errores cometidos.
Es así como, la Lista del Pueblo
ha mostrado patéticamente la inmadurez política de muchos de sus dirigentes,
desmoronándose como castillo de naipes por sus debilidades conceptuales y
orgánicas, por la falta de un padrón interno, convertida en una suerte de barra
brava, donde todos actúan desde la épica de la revuelta social de octubre, pero
sin asumir las responsabilidades que significa haber logrado este momento histórico
que estamos viviendo. Sin darse cuenta de que es una oportunidad histórica, que
su actuación errática ha puesto en riesgo.
Los hechos comentados impactan en la fe pública como una duda profunda y
razonable de la coherencia y consecuencia de los movimientos sociales que
surgen de las emociones, de los estados de ánimo, tales como el desencanto, el
agobio, la rabia, el resentimiento o la desesperanza aprendida, al momento de tener
la posibilidad de ejercer el poder, impulsando un nuevo orden en la
convivencia.
Es entonces, cuando la política exige el diálogo, la construcción de
equilibrios, de límites necesarios para asegurar que nadie abuse de posiciones
de privilegio. Este ejercicio profundo es el que vemos en desarrollo en la
Convención Constitucional y creemos que la realidad que se construya, dejará
sólo como mal recuerdo los episodios comentados, quizá como evidencia cultural de haber normalizado una política sucia,
dentro de un modelo individualista, lo que ha calado en la sociedad, motivo por
lo cual, soñar lo colectivo es de difícil práctica y requiere actuar en lo personal,
con profunda convicción democrática. Lecciones que debiéramos reflexionar para
respaldar este proceso constituyente en desarrollo.
sábado, julio 31, 2021
Cuidemos la Convención Constitucional
Fuimos un 80% de los que
votamos en el Plebiscito de Octubre 2020, los que expresamos la voluntad
soberana de escribir una Nueva Constitución a través de una Convención
Constitucional, en la que se eligiera el total de los convencionales
constituyentes por elección popular.
El 15 y 16 de mayo se realizó esa elección de
constituyentes y mayoritariamente fueron las listas de independientes las que
impusieron un nuevo derrotero para Chile.
Desde las élites políticas esto ha sido traumático,
pues a partir de esa derrota reiterada, se asume en los partidos políticos del
binominalismo, los mismos que amistosamente habían acomodado las piezas para
seguir monopolizando la representación popular, que su tiempo había concluido.
La tozudez de la clase política, significó que
muchos connotados políticos salieran del Parlamento para intentar incorporarse
a la Convención Constitucional. Los partidos del Rechazo intentaron lograr ese
tercio maldito que les permitiera vetar los cambios, llevando el proceso
constituyente a la vía muerta. Pero fracasaron en su intento y quedaron
atrincherados en una treintena de convencionales dedicados en su mayor parte a
frenar y desprestigiar el proceso iniciado el 4 de julio.
La reacción está usando toda su capacidad mediática
para enlodar el proceso, generando noticias distractivas, que denigran y
farandulizan el trabajo que se ha venido realizando, destacando por su
virulencia, las vociferantes intervenciones y ataques de Cubillos y Marínovic.
Nada de esto es casual. Junto con el manejo oscuro
del presupuesto asignado para el funcionamiento de la Convención, la
improvisación en la instalación de los elementos y equipamiento básico para su
funcionamiento, se han ido sumando la generación agresiva de dichos agravantes
y de amenazas en contra de Elisa Loncón, la Presidenta de la Convención.
Pero también ha habido fuego amigo, que surge de
destempladas voces de la Lista del Pueblo, que han resistido abrir la mesa a la
presencia minoritaria del grupo de derecha o Rechazo, creyendo que aislarlos
era lo correcto sin darse cuenta que eso podría deslegitimar el proceso
constituyente, arriesgando con ello el plebiscito de salida y, porqué no, una
asonada golpista desde la ultraderecha.
Esta posición infantilista del grupo de
independientes de la Lista del Pueblo, provocó que dos convencionales
mujeres se descolgaran de esa coalición por no estar de acuerdo en usar la ley
del Talión.
Elisa Loncón convocó a un diálogo desde el amor,
donde se asuma la responsabilidad de estar creando un mejor país para
nuestros niños. El mensaje ético prendió y la mesa integró a
constituyentes del Rechazo, sabiendo que, en la deliberación, son las
ideas y la razón las que van legitimando el proceso, en decisiones que
van sustentadas en argumentos y acordadas al final democráticamente. Se aprecia
en esta estrategia una inteligencia democrática que invoca la razón y no
la fuerza.
La Convención avanza en la preparación de su
Reglamento y se ha ganado mucho tiempo, pese a las zancadillas que ha puesto el
stablishment. Tratar de blindar a la Convención de la contingencia ha
sido otro desafío de la Mesa, toda vez que la política partidaria sigue enfrascada
en la competencia electoral, en las primarias legales y privadas, en las listas
parlamentarias y la elección presidencial de noviembre.
En los medios oficiales esto ha servido para
bajarle el perfil a la Convención en la agenda noticiosa. Lo cual puede ser
malo porque instala como relevante algo que juega sus descuentos, haciendo
creer a la opinión pública que esto es lo importante, a la par que se presenta
el proceso constituyente como desordenado, improductivo e innecesario si sigue
vigente este otro escenario electoral tradicional.
Pero, a la vez, esta tendencia mediática puede
hacerle bien a la Convención Constitucional en la medida que deja avanzar con
menos ruidos e interferencias a las Comisiones, colocando las reglas para
ir tomando decisiones a medida que avanza el trabajo de equipo. Pero, es
necesario que se genere una comunicación fluida, directa y fehaciente de la
Convención con las organizaciones sociales y territoriales, para que los medios
oficiales no desinformen con chimuchina los avances del proceso
constituyente.
Las fuerzas reaccionarias están colocando todos sus
recursos para bloquear los cambios y preservar sus privilegios, la ultraderecha
está provocando con esbirros que destruyen murales y memoriales a las víctimas
de la explosión social del18 de Octubre de 2019. Todo el sistema se colude en
agudizar la situación de abuso e injusticia y a esa provocación,
lamentablemente, responden desde la emoción visceral, los grupos que tienen
encima el dolor porque son los que han ofrecido sus vidas y sus ojos para abrir
este camino que termine con la Constitución de la dictadura.
Hoy, defender el proceso constituyente es
patriótico y revolucionario, es poder desmontar por la vía pacífica y
democrática una dictadura que trascendió al dejar enquistados en la sociedad un
modelo y una cultura individualista. Los partidos políticos han sido cooptados
por el dinero. Pero, hoy hablamos de refundar el país, colocar la vida, la
razón y la justicia como norte de este camino.
En este propósito, asumiendo que caminamos en un
campo minado, sabedores de que el poder nos ve como sus enemigos, desde la base
social, desde nuestro puesto de trabajo y convivencia, no nos traguemos sus
noticias falsas. Codo a codo, espalda con espalda, unamos fuerza y espíritu
para apoyar a nuestros constituyentes, cerrando filas en los cabildos, en
los colegios profesionales, en las comunidades escolares, en los barrios
y campos, para ir cada día escribiendo un párrafo más de este sueño colectivo,
donde todos estamos invitados.
Hernán Narbona Véliz
Somos Poder Constituyente, Periodismo Independiente
31 de julio 2021.






