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sábado, junio 22, 2024

Sur global por la Paz


Sur global por la Paz


Sur global por la Paz

Hay en la política mundial señales explícitas que demuestran el nacimiento de un nuevo orden mundial multipolar. Propongo desentrañar la complejidad de esta crisis mundial para tratar de ver cómo nuestra Ibero América se puede insertar en este nuevo orden multipolar, integrada como un bloque diferenciado, abogando por la paz, la cooperación y una real igualdad jurídica entre los Estados.

 

Los aliados que integran el denominado Occidente global, EEUU, Reino Unido, Unión Europea, Japón, enfrentan el surgimiento de un gran bloque antagónico, los BRICS, donde Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, han buscado romper el monopolio del dólar estadounidense, con la modificación del orden unilateral actual, lo que ha generado una enorme fractura en la comunidad internacional, con un gran número de países de África, América Latina y en Pacífico que buscan ingresar a este nuevo bloque en ciernes,. De facto, la consolidación de los BRICS ampliados (en enero 2024 se sumaron Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Egipto, Etiopía e Irán) , ha marcado el fin de un sistema de relaciones internacionales neocolonial que partió con Bretton Woods, al término de la Segunda Guerra Mundial.

 

Lo que se avizora en lo monetario y financiero, es la inminente caída del dólar como moneda cuasi monopólica. Arabia Saudita ha terminado el convenio para vender petróleo en moneda dólar. Con el fin de los petrodólares se anuncia una nueva era en las relaciones económicas internacionales, con la apertura de un sistema paralelo y opcional, de pagos y cobros internacionales en otras divisas, con un, altamente probable, retorno al padrón oro, lo que significará la disponibilidad de divisas duras, con respaldo en metálico, haciéndolas atractivas para que los Bancos Centrales manejen sus reservas internacionales.

 

Recordemos que fue en el gobierno de Richard Nixon, en los 70, cuando EEUU abandonó la convertibilidad y desde entonces comenzó la impresión de dólares de manera irresponsable. La deuda pública norteamericana creció como una bola de nieve, apostando a la colocación de bonos de deuda estadounidense en los mercados de capitales. Pero, este proceso abusivo de emisión de billetes dólar, sin mayor respaldo, fue motivando una creciente percepción internacional de desconfianza y ha ido debilitando a EEUU, super potencia militar hegemónica que, irónicamente, ha quedado dependiendo de los tenedores de esos bonos soberanos, siendo el principal de ellos, China.

 

Lo irracional de la política exterior norteamericana es que, apelando a su histórico poder militar, ha entrado desde el primer gobierno de Donald Trump en una guerra comercial con el gigante asiático. Hoy, China ha pasado a ser la superpotencia económica, que ha jaqueado a Estados Unidos, mostrándose invulnerable frente a las supuestas sanciones de Occidente. China ha demostrado inteligencia para tomar tecnología e innovar a partir de ella. Su estrategia partió al inicio de los noventa con las equity joint ventures que ofreció a las multinacionales y de esa forma capitalizó conocimiento tecnológico. Jugando las reglas de mercado, integrándose a la OMC, se fue posicionando seductoramente como buen socio en todo el planeta, en una estrategia colaborativa de inversión y reciprocidad en los beneficios.

 

La debacle de la OTAN

La Guerra de Ucrania que está ganando objetivamente Rusia, tuvo su causa principal en la acción expansiva de la OTAN en torno a las fronteras rusas, lo cual se interpretó en el Kremlin, como grave amenaza a su integridad territorial, con misiles atómicos apuntándole y amenazando su supervivencia. El conflicto estalló el 2014, cuando Occidente propició un golpe de Estado en Ucrania, derrocando al Presidente legítimo Víktor Yanukóvichque que sostenía la neutralidad de Ucrania respecto a la OTAN, manteniendo buenas relaciones con Rusia. El Protocolo de Minsk fue un acuerdo para poner fin a la guerra en el este de Ucrania, pero hoy se sabe que fue firmado por representantes de Ucrania, sin intención de cumplirlo. El 7 de diciembre de 2022, la ex canciller alemana, Angela Merkel. reconoció, en una entrevista al diario alemán Die Zeit, que los acuerdos de Minsk se firmaron con el único objetivo de dar tiempo a Ucrania para rearmarse y fortalecerse. Las consecuencias de las sanciones a Rusia han sido un boomerang. Primero, porque motivaron a Putin a reconvertir la industria rusa en una gigantesca fábrica de armas; en vez de caer, su economía creció, siguió exportando petróleo y granos; a partir de la operación militar especial, dada la extensión de la guerra que pudo haber durado sólo meses, hoy Rusia se ha anexado Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia. Efectivamente, el conflicto pudo detenerse el 2022, cuando se negociaba un Acuerdo de Paz en Estambul, pero Occidente, a través del Primer Ministro inglés, Boris Johnson, instó a Wladimir Zelenski a seguir la guerra con apoyo occidental. Una guerra que se ha extendido con un gigantesco costo en vidas e infraestructura y que ha servido de laboratorio o campo de prueba del armamento que ofrecen diversos proveedores, demostrando Rusia, Irán y China que han superado en desarrollo tecnológico armamentístico a los países de la OTAN.  

 

La Guerra gran negocio

El impacto de la guerra de Ucrania sobre Europa ha sido desastroso.  Ante la pérdida de energía barata que proveía Rusia, Alemania lleva más de 6 meses en recesión, pero la OTAN persiste en mantener un Estado de guerra levantando el miedo de una amenaza de Rusia a la Unión Europea. Han transcurrido más de dos años y la conflictividad mundial sigue creciendo. A partir del 7 de octubre 2023, luego de ataque de Hamas, estalló la invasión de Gaza por parte del Estado sionista de Israel. Se ha normalizado la violencia contra civiles, se ha bombardeado hospitales, escuelas, campamentos de refugiados. Israel se ha reído de las Resoluciones de la ONU. Somos espectadores de registros desgarradores del genocidio en Gaza.

 

Los intereses armamentistas buscan imponer una guerra permanente. El intento de magnicidio contra el Primer Ministro de Eslovaquia, Robert Fico, el accidente de helicóptero del Presidente iraní, Ebrahim Raisi, han sido expresiones de esta guerra híbrida, cínica, que se desarrolla por interpósitos actores, con acciones de inteligencia o contra inteligencia. La guerra extiende sus tentáculos, se empiezan a formar alianzas cruzadas; los huties de Yemen, con apoyo iraní, han causado daño con el bloqueo naval al tránsito de buques por el Mar Rojo desde o hacia Israel. En África, Níger ha zafado del yugo francés; en Asia, China realiza maniobras frente a Taiwán; Putin visita Corea del Norte. Macrón, el impulsor de una guerra directa contra Rusia, ha perdido las elecciones ante la ultra derecha y disuelve la Asamblea Legislativa. En EEUU tratan de mantener a flote la economía para ayudar a Biden, pero es notorio que la salud de este político no le permite debatir ni argumentar. El foro con Trump se espera patético, todo gira en torno a esas elecciones de noviembre; como patética o ridícula resultó la mentada cumbre de Paz en Suiza que fracasó porque no invitaron a uno de los contendores.

 

El Sur Global por la Paz en Justicia

En política internacional hay una gran necesidad de cordura y sentido común. La codicia obnubila a las élites en el poder y los pueblos soberanos, deben hacer oír su voz, porque, en gran medida, el destino de occidente y la humanidad toda, depende de estas circunstancias y se intuye que hay quienes buscan sacar las castañas con la mano del gato porque necesitan la guerra para seguir facturando.

 

Y acá en América del Sur, relativamente alejados del foco de mayor riesgo, estamos los iberoamericanos, con un Brasil de Lula, fortaleciendo la voz del Sur Global en los BRICS, con Bukele de El Salvador expresándose contra la debilidad del dólar estadounidense; con Petro en Colombia cortando relaciones diplomáticas con Israel; con Bolivia, Venezuela, Nicaragua postulando para ingresar a los BRICS; con México y Chile sumando sus cancillerías para pedir a la Corte Penal Internacional que investigue posibles crímenes de guerra en Gaza. Y, contemporáneamente, en la peor pesadilla de Argentina, aparece Milei, genuflexo ante el sionismo, tratando de traer la guerra a Sudamérica. Y la señal que más anima a la civilidad humanista iberoamericana, ha sido la brillante y contundente victoria de la nueva Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que viene a continuar la Cuarta Transformación de AMLO. Ella señaló "No llego sola, llegamos todas" y será la voz femenina de esta Iberoamérica frente a las élites que empujan la guerra como bestias acorraladas, aferradas a su codicia y a su cultura de la Muerte. Pero son los que van de salida.

 

Valparaíso, 21 junio 2024, Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, Corresponsal del diario La Razón.cl

Una mirada libre a nuestro entorno

viernes, agosto 19, 2022

Recuperación de la Naturaleza, un nuevo paradigma


Recuperación de la Naturaleza, un nuevo paradigma

Es un tema transversal que mantiene en ascuas a la humanidad, el estar atravesando momentos de alta conflictividad, con la guerra entre Rusia y Ucrania, las guerras en África, las tensiones entre China y EEUU por Taiwán, la amenaza de una hambruna mundial,  todo ello  en medio de una escalada que evidencia el agotamiento del orden mundial de pos segunda guerra mundial, perfilándose  una reestructuración del poder mundial, con una ocurrencia creciente de situaciones límite, que nos han regresado al equilibrio del terror que imperó durante la guerra fría en el Siglo XX.

Siendo resultado de una realidad económica centrada en el crecimiento ilimitado, en los combustibles fósiles y la concentración de la riqueza a nivel supranacional, el cambio climático nos está golpeando cada día con mayor fuerza. La agudización de eventos extremos, con una destrucción dramática de los ecosistemas, altísimas temperaturas e incendios en Europa, África, California, sequías e inundaciones, gigantescos desplazamientos humanos, fenómenos extremos que conforman un escenario anunciado por décadas, pero que los países desarrollados que más contaminan, no han querido ver.

Remecer a la dirigencia que controla el poder, para que atienda el momento crítico que atraviesa la humanidad, demanda, primero, una mirada holística que intente escudriñar en la complejidad de esta interdependencia en que vivimos; y segundo, movilizarnos individual y colectivamente, para intentar frenar las tendencias entrópicas hacia la destrucción y procurar un golpe de timón, que permita la sobrevivencia y procure una convivencia armónica con la tierra para las futuras generaciones.

En este contexto, pienso que la civilidad del planeta está reaccionando desde las bases sociales de manera disruptiva en contra de una institucionalidad deslegitimada, que ha sido responsable de un modelo global, que se ha basado en una economía anclada a los combustibles fósiles, la concentración de la riqueza y la búsqueda de un crecimiento ilimitado, que ha instalado un extractivismo depredador en diversas regiones del planeta, que han sido condenadas como zonas de sacrificio.

Chile es un país pequeño, que tuvo una naturaleza generosa en flora y fauna, con recursos minerales abundantes y un mar que permitía el sustento abundante de productos del mar. Sin embargo, la realidad actual muestra una pérdida alarmante de los ecosistemas, de los glaciares, con un avance del desierto y una mega sequía que ha afectado por 10 años la región central, la más populosa del país,

A partir de la explosión social de octubre 2019, Chile canalizó esa energía social hacia un proceso constituyente que concluye el próximo 4 de septiembre cuando se deberá votar el plebiscito de salida. Las sensibilidades de la ciudadanía frente a la realidad reseñada, se vieron reflejadas en la propuesta de Nueva Constitución que da un giro profundo al modelo implantado en Chile por la dictadura cívico-militar, a partir de 1980. Y, lo más trascendente y espiritual, es que el texto propuesto consagra a Chile como un Estado Ecológico  “Artículo 1. Chile es un Estado social y democrático de derecho. Es plurinacional, intercultural, regional y ecológico.”

Chile: la Naturaleza será  sujeto de derechos y el Estado se obliga a su protección y recuperación

De cara a los desafíos del Siglo XXI, la nueva constitución estaría innovando al plantear una pertenencia del hombre a la Naturaleza. Sigue éticamente el espíritu de nuestro himno patrio, en ese poema de Eusebio Lillo, que deja una impronta histórica: “Puro, Chile, es tu cielo azulado, puras brisas te cubren también, y tu campo, de flores bordado, es la copia feliz del Edén, Majestuosa es la blanca montaña, que te dio por baluarte el Señor y ese mar que tranquilo te baña te promete futuro esplendor”

Chile fue premiado en bellezas naturales, pero ha sufrido un modelo de capitalismo salvaje y Estado subsidiario, que ha abusado e irrespetado de los bienes naturales, en un derrotero nefasto. La nueva constitución explícitamente asume la crisis climática del planeta, consagrando principios rectores que plantean un reencuentro profundo del hombre con la Naturaleza, subordinando todo el quehacer político económico a un respeto por territorio y el maritorio, este último, un moderno concepto jurídico que fija el deber del Estado de legislar en protección de los océanos. Establecer el principio de pertenencia a la Naturaleza es de una profundidad y pertinencia sustantivas. Así, el Art. 17 de la propuesta constitucional señala:

“1. Los derechos fundamentales son inherentes a la persona humana,

universales, inalienables, indivisibles e interdependientes.

2. El pleno ejercicio de estos derechos es esencial para la vida digna de las

personas y los pueblos, la democracia, la paz y el equilibrio de la naturaleza.”

Frente a la sinrazón de la codicia y la fuerza, Chile está levantando una mirada  de cordura en pro del bien común, para accionar colectivamente a través de la integración regional, sumando voluntad política para salvar el planeta, dejando un mundo vivible a las futuras generaciones.

 “Artículo 8

Las personas y los pueblos son interdependientes con la naturaleza y forman

con ella un conjunto inseparable. El Estado reconoce y promueve el buen vivir

como una relación de equilibrio armónico entre las personas, la naturaleza y

la organización de la sociedad.”

Para sostener una posición de paz y de medidas concretas de supervivencia frente a la crisis climática, Chile se compromete a educar para generar una conciencia de respeto a la Naturaleza.

Artículo 39

El Estado garantiza una educación ambiental que fortalezca la preservación,

la conservación y los cuidados requeridos respecto al medioambiente y la

naturaleza, y que permita formar conciencia ecológica.

 

Que una constitución política, desde este pequeño país de Sudamérica, formule una convivencia centrada en los derechos humanos y en armonía con el medio ambiente, puede ser una señal ética al colectivo planetario, para obligar a las instituciones, al poder, a asumir a tiempo compromisos concretos para frenar la extinción de la especie. Creo que, con su nueva constitución, de ser aprobada el 4 de septiembre próximo, Chile compartirá con el mundo una esperanza genuina de recuperar humanidad, en la medida que nos asumamos con humildad navegantes de una misma y única nave, que debemos cuidar para nuestros descendientes.

 

Hernán Narbona Véliz, Escritor, Poeta, Periodista Independiente, 05.Agosto.2022.

 

 

Una mirada libre a nuestro entorno

lunes, septiembre 20, 2021

Hacia un Sistema Autónomo de Defensoría de los Pueblos de Chile y la Naturaleza.


 En la concepción de un ente que asegure el ejercicio y respeto de los Derechos Humanos y Sociales, chocan, la visión tradicional, que sigue parámetros de Derecho comparado y  concibe al Defensor del Pueblo como una persona que sólo influye por persuasión para que la vulneración termine, con la visión progresista que concibe la Defensoría como un organismo colegiado, fiscalizador, autónomo, empoderado, capaz de denunciar conductas irregulares o impropias que incumplan una normativa, irrespetando Derechos de personas o comunidades.

La historia nos ha mostrado que los derechos que establece una Constitución pueden quedar en letra muerta y ser simplemente decorativos. No queremos que eso vuelva a ocurrir con la nueva Constitución. En tanto instrumento jurídico que norma las relaciones de poder y establece las bases de la convivencia social, la Nueva Constitución equivale a contar con una caja de herramientas para establecer derechos, deberes y mecanismos de participación. En consecuencia, debe incorporar herramientas que defiendan a los pueblos de la invisibilidad, los atropellos, la explotación, del despojo de su dignidad e incluso hasta de su exterminio por la depredación del ambiente.

En nuestra experiencia, no es suficiente contar con un catálogo de derechos si no se instaura una institución estatal autónoma, descentralizada, dotada de poder y facultades, generada desde la base misma que actúe como garante de esos derechos.

No queremos más frases bonitas que suenan lindo pero que son letra muerta en la realidad.

En el proceso constituyente se ha comenzado a sincerar la historia de Chile, ésa que las élites han ocultado, invisibilizado o tirado bajo las alfombras de los palacios oficiales. En la Convención Constitucional, a través de la Comisión de Derechos Humanos, se han recibido experiencias, propuestas  y expectativas de organizaciones sociales y de pueblos que han sido abusados, maltratados por la institucionalidad, que han sufrido políticas públicas de exterminio,  con el uso de la fuerza represiva del Estado para implantar la usurpación de territorios, irrespetando y violando los tratados de paz suscritos por el propio Estado.

Entre los muchos testimonios, cabe detenerse en el que entregó Eduardo Morris, en nombre de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos y Detenidos Desaparecidos, quien en una exposición de 10 minutos resumió el alcance de la maquinaria golpista que instaló a partir del 11 de septiembre la Armada de Chile, en Valparaíso, con tres buques cárcel, facilitados por la Interoceánica, y varios centros de detención y tortura, en los que también se usó el buque escuela Esmeralda, donde fuera asesinado el cura obrero  Miguel Woodward. El testimonio de Eduardo Morris expresó convicción desde el dolor profundo de haber perdido a su hermano menor, Mario Morris Barrios, funcionario de Aduanas, 27 años,  quien fuera asesinado sin juicio previo, por la caravana de la muerte, que lo sacó de Pisagua para su ejecución, en octubre de 1973, encontrándose sus restos en una fosa recién el año 1990. Eduardo Morris expresó en su alocución, en forma magistral, lo que se ha configurado como la cultura de la muerte en nuestra sociedad, en una conducta reiterativa de represión, que declara como enemigos a todos quienes piensen distinto a los grupos dominantes.

Frente a esa constatación, Chile enfrenta la imperiosa necesidad de llegar a la paz social curando las heridas de su historia y ello significa lograr primeramente la Verdad, estableciendo el paradero de los detenidos desaparecidos. El segundo paso es generar en la sociedad acciones de reparación a las personas y familias afectadas por la acción de agentes del Estado y, por último, se debe asegurar la no repetición de esas violaciones, lo que conlleva instaurar en la sociedad una cultura de respeto a los DDHH. En ese orden de ideas, una nueva Constitución que garantice el ejercicio de los Derechos Humanos y Sociales, deberá no solo fijar un catálogo de ellos, sino también jerarquizar en dicha enunciación el Derecho a la Vida en un Ambiente Sano, lo que debe estar por encima del Derecho a la iniciativa privada, dándole a la Nueva Constitución esa nueva impronta que debe empapar como concepción integral el nuevo pacto social que de ella derive.

Y, para asegurar el respeto y el ejercicio pleno de los Derechos consagrados, se propone instalar dentro del cuerpo constitucional un nuevo organismo permanente y autónomo de la Administración del Estado que sea fiscalizador de los demás poderes del Estado en término de vigilar, prevenir y exigir la corrección de acciones de entes públicos, o privados colaboradores de una función pública, que generen vulneraciones a los derechos de las personas y las comunidades.

Clásicamente, la experiencia del Ombudsman en países europeos o de la región latinoamericana, ha sido incorporar en la institucionalidad un Defensor del Pueblo, que es nombrado por acuerdo del Parlamento, para que actúe en atención a los reclamos que formulen personas que se sientan vulneradas en sus derechos, realizando gestiones de persuasión, que se podrían describir como “buenos oficios”, los que buscan alcanzar una solución a través de la influencia ética del Defensor,  pero sin contar éste con facultades fiscalizadoras y de investigación efectivas como para exigir correcciones o exigir sanciones a quienes estén, por acción u omisión, causando tales vulneraciones. Esta figura unipersonal del Ombudsman, debe ser admisible para el poder instituido que aprueba su nombramiento y su margen de maniobra dependerá de su carisma y ocupación, pues no cuenta con un equipo de trabajo estable, que le dé soporte como institución,  ya que sus colaboradores serían de exclusiva confianza y no funcionarios permanentes que puedan dar continuidad a los temas que aborde el Defensor o Defensora.

Desde el punto de vista político, esa figura unipersonal del Defensor del Pueblo, que es nombrado con el beneplácito de algún poder del Estado, pierde desde su génesis, la autonomía necesaria para actuar con imperio en la defensa de afectados por un actuar que no se ajuste a Derecho . En la práctica, establecer un Ombudsman sin facultades fiscalizadoras, es simplemente instalar un organismo sin peso específico, que puede ser manipulable y funcional al gobierno de turno que participa en su nombramiento.

En rigor, para una Defensoría Popular autónoma a los poderes del Estado, se necesita que quede consagrada en la Constitución y contar con un rango legal comparable al del Banco Central o de la Contraloría General de la República. Por tanto, en la Constitución se debe consagrar su rango de organismo permanente, autónomo, con personería de Derecho Público y patrimonio propio.

El caso evidente se ha dado en el actuar reciente del Instituto Nacional de Derechos Humanos, que ha demostrado su debilidad en la defensa de las víctimas de la explosión social de octubre 2019, cuando ha debido variar los criterios para contar el número de vulneraciones graves con mutilación o trauma ocular. La causa de ello ha sido su dependencia del gobierno de turno y el poder del binominalismo y cuoteo que enmarca su funcionamiento.

En esta concepción de un ente que asegure el ejercicio y respeto de los Derechos Humanos y Sociales, chocan la visión tradicional, que sigue parámetros de Derecho comparado y  concibe al Defensor del Pueblo como una persona que sólo influye por persuasión para que la vulneración termine, con la visión progresista que concibe la Defensoría como un organismo colegiado, fiscalizador, autónomo, empoderado, capaz de denunciar conductas irregulares o impropias que incumplan una normativa, irrespetando Derechos de personas o comunidades.

Asumiendo lo trascendente del momento constituyente, frente a una realidad de abusos y desde el sentido común, diferentes organizaciones sociales han planteado la necesidad de una Defensoría Popular, que no se convierta en una mala copia de la experiencia internacional, es decir, en una institución de Ombudsman débil o manipulable por el poder político. No se quiere una Oficina de Reclamos que busque con buena voluntad soluciones a los casos puntuales que se le presenten. Se ha visto en la reciente represión que se observó en Colombia, que el Ombudsman ha resultado  decorativo para lavar la imagen del accionar abusivo del gobierno. Se ha visto además, cómo la Federación Iberoamericana de Ombudsman, FIO,  ha emitido una declaración en apoyo a Sergio Micco, cuando él ha sido cuestionado por su actuar obsecuente por los propios funcionarios del INDH,  es decir,  respaldando la FIO un comportamiento que se aleja precisamente del principio de independencia que debe tener un Defensor del Pueblo.

Organismos sociales que han tenido décadas en defensa de las víctimas de la dictadura y de los abusos ambientales que han dado lugar a las zonas de sacrificio, están pidiendo a los convencionales que se instaure en la Constitución una Defensoría Popular ( Del Pueblo o De los Pueblos) como un organismo permanente y autónomo de la administración del Estado, que tenga fuertes facultades fiscalizadoras para prevenir distorsiones y promover una cultura de respeto a los Derechos Humanos. Esto significaría la capacidad de prevenir acciones inconsistentes en los proyectos de ley, investigar, conocer de reclamos, denunciar y exigir de los demás poderes las correcciones para alcanzar un actuar que sea coherente con el respeto a los derechos que consagre la constitución. Se señala, además, que la Defensoría Popular tenga la capacidad para proponer reformas legales que permitan salvar vacíos legales en la protección de la ciudadanía frente a abusos de poder.

Al concebirse la Defensoría Popular como un organismo que tiene dentro de su misión velar por los Derechos Humanos en su amplio espectro, debería también encargarse de establecer Protocolos de Reparación a las Víctimas, siguiendo en ello los lineamientos del Consejo de la ONU para los DDHH. Esto significaría que el Estado, a través de esta institución, canalizaría las acciones reparatorias de restitución. Compensación e indemnización a las víctimas, de manera transparente y equitativa, sin que ellas deban seguir el tortuoso camino judicial para lograr una incierta reparación. La reparación que está pendiente como deuda histórica, podría hacerse fluida y justa por la vía administrativa de la Defensoría Popular.

Ese organismo permanente debería tener personería jurídica de derecho público y contar con patrimonio propio, absorbiendo y reemplazando a organismos como el INDH y la Defensoría de la Niñez. Su Dirección se concibe como un Consejo Colegiado, que se genera desde la sociedad civil, en ejercicio de la soberanía popular, por elección directa de consejeros en las Defensorías Territoriales, entre los cuales se designa un delegado  a integrar el Consejo Directivo, que es donde se conduce la institución y se definen sus políticas, con total independencia del poder político. Es decir, se replica el ejercicio que se ha dado en la Convención Constitucional, generando el organismo desde la base social, sin que deba contar con el beneplácito de ningún otro poder del Estado.

Como Jefe de Servicio a cargo de la Defensoría Popular, existiría un Director Ejecutivo, responsable administrativo del organismo, que sería Jefe de Servicio de una planta multidisciplinaria de funcionarios dedicados en forma exclusiva a ejecutar la misión que definirá la Constitución e implementará la Ley Orgánica correspondiente.

Ese Jefe de Servicio o Director Ejecutivo de la Defensoría Popular debiera ser seleccionado por concurso público, como autoridad a cargo de un plantel de funcionarios de carrera, profesionales de distintas especialidades, concordantes con la gama de derechos a proteger; los que tendrán funciones exclusivas y gozarán de inamovilidad. En este nuevo organismo se integrarían los funcionarios de INDH, de la Defensoría de la Niñez, los que pasarían a formar parte del plantel de la Defensoría Popular. El área de Derechos Ambientales y de la Naturaleza como sujeto de Derechos, constituirá, sin duda, uno de los espacios innovadores que una Defensoría del Pueblo deberá asumir en su misión constitucional. La Ley Orgánica que cree este organismo deberá quedar mandatada en el cuerpo constitucional con una definición comprensiva de los derechos a salvaguardar, incluyendo nuevos derechos, en actual evolución, que serán relevantes para las futuras generaciones.

En la redistribución del poder que se discutirá en la Convención Constitucional, instaurar con rango constitucional la Defensoría del Pueblo en los términos comentados, significa generar un contrapoder que, desde la sociedad civil, pueda reducir las asimetrías estructurales y asegurar que no se repitan las violaciones y abusos, que los actores políticos logren alcanzar comportamientos coherentes con un Estado de Derechos. En materia de promoción de una cultura transversal de respeto a los DDHH y sociales, la Defensoría Popular se estaría haciendo cargo de una tarea titánica, cual es actuar vigilante para que el Estado en su propio funcionamiento erradique las malas prácticas, como el clientelismo, el cuoteo, el secretismo, para avanzar también en una redimensión de la convivencia cívico militar, de la interrelación de ciudadanía e institucionalidad. La labor de una Defensoría Popular apuntaría a alcanzar equilibrios de poder, para delimitar los espacios de convivencia en respeto y equidad, erradicando los abusos en todos los ámbitos de la vida en sociedad.

Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, Fundación Diario La Razón, 30.09.2021

 Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente. 20.09.2021

 

Una mirada libre a nuestro entorno

martes, noviembre 05, 2019

No caer en la trampa de la violencia


Esta crónica busca generar conversaciones sobre el fondo de lo que está ocurriendo en Chile, tratando de explorar la emotividad que convulsiona Chile y que rebasa fronteras con sentimientos avasallantes.

Expresar qué estamos sintiendo y por qué. Creo que la gente ya está harta de descripciones racionales o de categorías académicas o pseudo intelectuales que acotan la realidad a cápsulas y que llevan siempre una intencionalidad, el sesgo de la especialidad del analista o la política editorial del medio.
Por eso, quiero aportar, humildemente lo que siento detrás de todos los hechos, de miles de situaciones dramáticas que han sacado lo mejor y peor de las personas y nos reflejan como una sociedad enferma de brutalidad policial y vandálica, de resentimiento, de rebeldía frente a la opresión, de bronca acumulada, de codicia y soberbia, de sueños y esperanzas.

Los vándalos son una masa informe que es fruto de la sociedad desigual, cruel e indolente que hemos construido. Recuerdo que en los noventa escribí un ensayo sobre la responsabilidad de mi generación en la formación de los hijos, personas nacidas la gran mayoría en los 80 y que crecieron en el seno de parejas que, en medio de la sociedad de consumo, comenzaron a correr por separado sus propias carreras, dedicando su mayor esfuerzo a ese “desarrollo personal”. Ser candil de la calle y oscuridad de tu casa, pareció ser el mejor refrán para describir lo que se vivió en los noventa, en medio del espejismo del confort material, el consumismo, la desmovilización social y un arribismo creciente, que impulsaba a las personas a una competencia despiadada, donde llegar, pertenecer, tener éxito, era sinónimo de tenencia de bienes.

En ese clima, es verdad que en lo material Chile prosperó, pero el costo fue elevadísimo y se plasmó en disoluciones matrimoniales, debilidad en los afectos, despreocupación por los hijos, volatilidad de las relaciones amorosas, hedonismo, formación de guetos con distintas motivaciones, video juegos, hobbies; y un “presentismo” que es la idea obsesiva de vivir el aquí y ahora, queriendo todo para ahora, sin propósitos de largo plazo. Estas tendencias provocaron en los chilenos un alejamiento de los colectivos, de los colegios profesionales, de los sindicatos o de los gremios. En el plano de familia, significó el sacrificio de la conjunción de pareja, el clásico ser el uno para el otro, el pensar en nosotros, por la prioridad del yo como una constante, en una dinámica que formó seres individualistas, descreídos de todo, encarnando en su vida escolar, familiar, de barrio o de trabajo, un sentimiento de competencia salvaje. El sentido de familia se alejó del matrimonio heterosexual e incorporó conceptos abiertos, como la unión de vida en pareja. Este cambio cultural significó que en el debate político se incorporaran las demandas de las minorías homosexuales y el feminismo, dándole al modelo un estilo más liberal en estas materias que se llamaron valóricas, pero sin tocar lo estructural de ninguna manera.

La globalización trocó el antiguo materialismo dialéctico de los viejos revolucionarios por el materialismo neoliberal que procuraba el éxito mediante el win-less -ganador-perdedor -, que se caricaturizó en la expresión “y éste a quién le ganó”, lo que evidenciaba una actitud de vida depredadora de los semejantes; premiando la audacia, la lucha constante, donde la colaboración o la asociatividad era para los débiles, para aquellos que no se la podían solos. Cundió un arribismo irracional por incorporarse al club de los pudientes, copiar estilos de vida ajenos, olvidarse de formar a los hijos como personas, transfiriendo a la educación pagada el trabajo formativo, obviamente sin lograrlo, porque lo que no se entrega en el hogar no se compra en el mercado. Demás está decir que la globalización y la tecnología disponible fue generando brechas cognitivas en la sociedad, los que lograban estar en lo global y los marginados que miraban la fiesta del consumo desde fuera. Se fue, así, acrecentando la diferencia, la desigualdad en la cuna, la educación pre-básica, hasta la educación superior, el acceso a empleos de más o menos categoría. Huelga decir lo tantas veces dicho, respecto a la responsabilidad política de quienes se sumaron al modelo y profitaron de él, porque lo que interesa es cómo cambió el chileno medio, en sus expectativas y prioridades; también es ocioso indicar que las instituciones que pudieron brindar soporte espiritual, como la Iglesia, fueron alejándose de las comunidades, corrompidas en sus propios vicios, la pederastia, la codicia y el afán de lucro, que distorsionó su misión social. La orfandad de la generación de los noventa frente a los desvalores que enmarcaban su entorno, ha llevado a la generación milenial, los hijos debutantes de un siglo XXI, jóvenes maltratados o malcriados sin límites, exigiendo siempre, sin respetar a sus padres por haber sido ausentes o complacientes. 

Una generación que está en la calle y que refleja todas la variables formativas y sociales vividas en los últimos veinte años. Creo que asumir la forma cruel como el sistema ha impactado en el plano emocional en Chile significa lograr empatía para entender lo que ocurre detrás del desquicio destructivo de turbas juveniles, cuánto hay de maldad dirigida en ello y cuánta responsabilidad nacional al ver el producto de omisiones, de dejar que la droga se tomara los barrios, al no haber sido capaces de exigirle a nuestros políticos actuar en función del bien común. Responsabilidad también para todos los que compraron la abstención electoral, se marginaron y dejaron hacer a un grupúsculo que maneja Chile, desde la política y la economía. Reconozcamos en las turbas, niños abusados de SENAME a los cuales nunca se abrió una ventana para un trato afectivo y han sido víctimas de una crueldad sistemática, que ha sido constante durante los 30 años de pseudo democracia.

La explosión social que hemos vivido en estas dos últimas semanas, tiene el antecedente de las movilizaciones de secundarios del 2005, de las protestas universitarias del 2011 y ahora estallan el 2019, a partir de la protesta valiente de secundarios conscientes que, en forma audaz saltaron los torniquetes y llamaron a evadir el pasaje del Metro, por un alza de tarifas de 30 pesos; fue la gota que rebasó el vaso, como una represa que se ha roto arrasando todo a su paso. Pero las fisuras que anunciaban esta convulsión estuvieron visibilizadas en esas etapas mencionadas y la respuesta del sistema, con responsabilidad de toda la clase política y los grupos empresariales, fue dilatar, hacer cosmética, dividir para reinar, sin que jamás se tocara los pilares absolutistas del neoliberalismo: el sistema previsional que le da oxígeno financiero a los grupos económicos; la banca y el retail concentrando poder con tasas de usura; el Estado Subsidiario, mutilado y con camisa de fuerza para poder regular el mercado o fiscalizar; la mercantilización de todas las necesidades básicas; la profundización de  un modelo extractivo, descontrolado y exfoliador de nuestros recursos forestales, mineros, pesqueros; son todos elementos archi conocidos y ahora estamos en una crisis terminal del modelo, tal como fuera concebido y administrado. Cuando recién partía la movilización irrumpió la violencia, de origen desconocido que se investiga, que incendió en forma simultánea más 30 estaciones del Metro y el centro de Valparaíso, en un accionar delictual que no corresponde, por sentido común, a una acción de adolescentes sino de avezados delincuentes, cuestión que talvez algún día se logre conocer.

El descreimiento frente a la institucionalidad es el efecto de 30 años de abuso, mentiras y manipulación mediática. Eso es lo que se vino abajo con la ira de los chilenos hastiados. La estafa gatopardista todos los gobiernos desde los 90,  ha tocado fondo, pero está en la sociedad civil, en la asamblea de la civilidad, unión social o fuerza social, el deber de conducir las negociaciones con los poderes del Estado, para que no se llegue a otro gobierno de facto, sino que se profundice una democracia real, gestada desde la base social por primera vez.

Repito, el modelo está tocando fondo, respecto a Salud, Educación, endeudamiento de los trabajadores, precariedad laboral y, en medio de esta explosión de  ira y el terror asociado con que se quiere extorsionar a la gran mayoría, es urgente y necesario mantener el protagonismo de la unión social, colocando el objetivo que une como prioridad: generar una nueva constitución, pero, paralelamente,  exigir a los poderes del Estado medidas profundas que signifiquen hacer tributar al 1% dueño de este país, eliminando los pilares de capitalismo salvaje y concentrador, yendo a un sistema de reparto en lo previsional, tal como lo han tenido las fuerzas de la Defensa, caminando razonablemente a una economía mixta en la que sea el Estado el factor que dirija un desarrollo económico a escala humana y sustentable, con concurrencia del sector empresarial, pero sin abusos , privilegios ni corrupción a las instituciones del Estado.

Aislemos como nación a ese sector tenebroso que se ha infiltrado en las marchas ciudadanas y que sirve para justificar la represión al movimiento social y criminalizarlo. Quedémonos con las frases que salieron del corazón de multitudes y también de la rabia acumulada, pero démosle un sentido de unidad porque estamos haciendo historia y el planeta lo siente: “Chile Despertó”, “Los sueños son a prueba de balas, venceremos”, “No estamos en guerra”, “No somos enemigos”.


Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente 05. Noviembre.2019



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