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sábado, agosto 02, 2025

¿UNIDAD DESDE LA BASE SOCIAL? ¿HABREMOS APRENDIDO?

TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA
(2 de julio de 2022- cuando bramaba la esperanza. Relectura para no olvidar.)




Quizá suene a juego de palabras: cuán desconcertados están los cabreados de la ex Concertación, al ver que, por pases esotéricos, de nuevo esos mismos concertacionistas siguen en el poder, en su misma parada histórica: trancar la pelota.

 En el proceso vivido a partir de los 90, se derrumbaron los sueños de una conquista democrática real. Yendo más atrás, remontándonos a aquellos principios republicanos que formaron nuestra adolescencia, cuando la Universidad tenía compromiso con su entorno, había debate y se esgrimían visiones de mundo, con vehemencia y respeto cívico, al retornar la democracia, vimos imponerse la lógica mercantil, que de todo hizo negocio. La masiva aspiración de acceder a la Universidad, se tradujo en la proliferación de las universidades igual que los malls, con proyectos educativos febles, sin rigor, asfixiando la saludable crítica de otrora.

Cuando en 1973 se rompió la convivencia y vino el terrorismo de Estado, luchamos por recuperar la democracia. Pero, se impuso el oscurantismo mercantil y. con él, un negacionismo que ha buscado lavar de sangre a la dictadura. Muchos viejos líderes revolucionarios, al parecer, se dieron cuenta que, para una movilidad social express, bastaba con cruzar la vereda y servir al adversario ideológico. Así lo hicieron y sus aspiraciones ya no fueron vivir en Ñuñoa sino en la Dehesa. Ya no fueron dirigentes poblacionales de la Legua, sino miembros de directorios de corporaciones multinacionales. En el exterior, aprendieron a coludirse con los intereses del neoliberalismo global y adecuaron su discurso para vestirlo de "realismo político", de "pragmatismo", de "la medida de lo posible", tratando de justificar su obsecuencia y traición.

Ese es el fondo emocional de la frustración de la vieja izquierda y que explica la abstención, el desencanto y su alejamiento de la política. La disidencia, los díscolos, aquellos que eran excluidos por ser francotiradores y conflictivos, esa mayoría que fue premeditadamente desmovilizada, esos comunicadores y trabajadores de la prensa que habían abierto camino a la democracia, quedaron al margen del binominalismo y sus medios alternativos desaparecieron. El pueblo no ha perdido su sensibilidad con las ideas progresistas, pero descree de la partidocracia. Y ha sido ese pueblo sufrido el que masivamente se fue sumando a las movilizaciones sociales, los que se plegaron a los espacios que abría una nueva generación joven, que repudiaba expresamente el continuismo de la Concertación, mientras sufría en carne propia un Estado Subsidiario enclavado en el sistema. Pero, el motor principal han sido las mujeres, que se convirtieron en vanguardia; los ancianos empobrecidos por la estafa previsional de la dictadura y profundizada por la Concertación, llenaron las calles. Muchas causas fueron vectores simultáneos del descontento social. La depredación, el saqueo del agua, las zonas de sacrificio, el sobre endeudamiento, la usura de la banca y el retail, fueron elementos de una tormenta perfecta. 

El 18 de octubre de 2019, fuerzas telúricas remecieron el sistema. Las deslegitimadas instituciones estuvieron al borde del colapso. Entonces vino el Acuerdo por la Paz. A regañadientes de las élites, se abrió el proceso constituyente, que no lograron amallar, que se les fue de las manos y cobró vuelo propio desde la base social. Con un 2% de aprobación, las élites políticas en ejercicio, parecieron estar en vías de desaparición. 
Cuando se inicia la Convención Constitucional y se logra superar la camisa de fuerza de los 2/3, con participación de independientes y pueblos originarios, creímos que se allanaba el camino. Sin embargo, la naturaleza humana tiene fuertes cargas de ruindad, que parecen ser insoslayables y en la Convención eso se vivió. Durante el año que duró la Convención, se perdió el halo principista con que habían sido electos los convencionales. Despropósitos, situaciones mezquinas, una campaña metódica de desprestigio de la Convención por parte del Rechazo más convencionales ex concertacionistas o ex nueva mayoría, serán episodios que la historia deberá registrar en su dimensión e impacto. El asunto es que, con las elecciones presidenciales y parlamentarias se vivió un contrataque de la reacción y la política partidista excluyó a independientes y volvió a un cauce binario, forzándose así alianzas con personeros profundamente cuestionados, que volvieron al gobierno con Gabriel Boric, ocupando áreas claves. En paralelo, la Convención siguió su propia odisea y la cumplió. 

Pese a todos los escollos, desde la sociedad civil se logró incorporar en el texto de la Propuesta de Nueva Constitución Política de la República de Chile, un conjunto sistemático de principios que configuran una forma más democrática y descentralizada de ejercer el poder; un capitalismo de economía mixta y sustentable, con mayor regulación y fiscalización; un Estado Regional Ecológico, Plurinacional y Social de Derecho. Un nuevo diseño institucional que rompe las bases del modelo, abandona el individualismo, la concentración del poder y procura la participación vigilante de la ciudadanía y los territorios, fijando una hoja de ruta para una convivencia con mayor justicia y paz social. Se establece un Estado responsable de entregar y asegurar los derechos fundamentales.

El 4 de septiembre el plebiscito tiene sólo dos opciones. El Rechazo, con todo su poder mediático, busca mantener el sistema incólume. El Apruebo es un derrotero de cambios profundos y graduales, fijado en las disposiciones transitorias de la Nueva Constitución.

Ha sido el gobierno, surgido desde la generación de recambio de la izquierda, el que, por consideraciones de realismo político, que suelen llamar gobernabilidad, ha declinado elementos sustantivos de su programa, al incorporar personeros que han sido protagonistas de aquél pasado que condujo a la explosión social de octubre. Es lo que está dando botes en el área chica de la izquierda chilena no militante, histórica y cultural. ¿Qué necesidad tuvo el equipo de gobierno de incorporar al gobierno a quienes han sido parte del problema y nunca de la solución?

Un 95% de la población no milita en ningún partido. Un 50% de la población se ha abstenido en las elecciones con voto voluntario. El plebiscito es de voto obligatorio y sobre 15 millones tendrán que votar. Hay una izquierda latente, que no milita, descontenta, víctima persistente de los abusos y asimetrías del modelo. Esa población no se siente representada por los partidos, pero sí confió en el camino constituyente, concurriendo masivamente a las urnas señalando con un 80% de los votos, preferir que representantes populares, no parlamentarios, escribieran la nueva constitución. En poco ha ayudado a fortalecer el Apruebo esta mala junta del gobierno y eso habla de una mala lectura de la élite política frente al proceso social y sus dinámicas propias.

Al parecer el equipo político ha sobredimensionado la influencia que pueden tener los partidos para lograr avances en el Congreso, toda vez que el accionar del Ejecutivo ha sido ripioso y poco eficaz. Si abrirse a la ex Concertación hubiese sido para asegurar un trabajo legislativo de piso, esto les ha fallado y ese error estratégico le ha significado aplazar decisiones claves, como nombrar nuevo Presidente del Consejo de TVN y nuevos consejeros, o mantener sin nombramiento de nuevas autoridades, servicios claves para combatir la evasión y el contrabando.

En este mes de agosto, de cara a la ciudadanía, se deben sincerar intenciones. Las élites políticas quisieran monopolizar el debate, pero no tienen legitimidad para hacerlo. Pese a haber terminado la Convención Constitucional el 4 de julio, la soberanía ha vuelto al pueblo soberano. Desde el mundo social se reconoce como nuevos líderes legítimos emergentes, a ex convencionales. Los políticos sólo profitan de los espacios en medios controlados por la derecha, pero en los barrios son otras las conversaciones y son sin ellos.

Los senadores, que ven el término del Senado en la nueva Constitución, actúan como incumbentes y desesperan, esgrimiendo argumentaciones capciosas, pretendiendo ser los únicos lúcidos para mostrar caminos a Chile. Pero el pueblo los conoce, hace décadas cayeron las caretas y, aunque ellos piensen que el pueblo no lee o no entiende lo que lee, se equivocan. Las personas sencillas, las trabajadoras y los trabajadores no comulgan con sus ruedas de carreta y tienen muy claras las causas profundas de la situación que los agobia.

Con la memoria fresca, aunque quieran disimular sus conductas, su traición de fondo, esa alianza servil a grupos que manejan los hilos del poder, los amarillos, los gatopardistas, se enredarán en sus propias mentiras. Por todo ese historial, poco aportan a la tendencia social que está emergiendo. No serán esos zombies los que orientarán el voto de las grandes mayorías. Serán los líderes del pueblo sencillo, esos que hicieron pan de la nada y nos entregaron el 4 de julio el borrador de Nueva Constitución, a quienes el pueblo cree y respeta. 

La intención de los políticos históricos de aferrarse como se pueda al poder, no sólo es patético, sino recuerda un mensaje popular al gobierno del Presidente Boric: Dime con quién andas y te diré quién eres.

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Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, Corresponsal en Valparaíso del diario La http://xn--razn-sqa.cl/, 02/08/2022.

viernes, abril 07, 2023

El Gatopardismo en el poder


Estamos bajo la avalancha de la mentira. Se conjuga un clima mundial lleno de amenazas, con una realidad interna enfrascada en la agenda que ha impuesto la oposición, mientras el gobierno no aparece, ya que no logra llevar el timón y parece no escuchar el clamor de quienes lo eligieron.
Los hilos del fascismo siguen manipulando a un pueblo aterrorizado y colocan sus remaches constitucionales para mantener y perpetuar  su orden.  A espaldas del  soberano, redactan sus edictos  expertos designados por las máquinas partidarias. Las instancias de gobernanza son funcionales al poder omnímodo del dinero. Mientras la hecatombe se avecina, los poderosos cuidan sus palacios. Tienen esbirros comtrolándolo todo. Son pretorianos a su servicio, útiles a sus propósitos, pero más allá de usarlos, al mismo tiempo, los desprecian.
La delincuencia y el crimen organizado han copado las noticias y la impunidad sigue permeando los laberintos del sistema de justicia. Los medios imponen un derrotero que sume a la población en un agobio extendido.
En un proceso indignante, avanza la ignominia sobre un pueblo confundido, presa de temores y distractores. Se lamenta la ausencia de liderazgos; sin embargo, en los suburbios circula y crece la resistencia  lúcida de los sencillos, buscando superar la impotencia de ver que legislan los propios victimarios. La decepción lacera a los habitantes, comunidades de gente laboriosa, que por más de 200 años han tratado de  conquistar un espacio de armonía y justicia social. El terrorismo de Estado enarbola nuevamente sus doctrinas de seguridad, volvemos a ser sus enemigos, por el simple hecho de pensar en una sociedad diferente o esgrimir la palabra desde nuestras catacumbas, mientras la mentira y el dinero corrompen las instituciones. Se criminaliza el movimiento social y la ley maldita gestada en la evidencia de una delincuencia organizada, implanta un estado policial donde las historias de montajes, secuestros y desapariciones, ponen en duda la vociferante "buena fe" de quienes la han aprobado.
La tragedia de la desesperanza aprendida se instala una vez más en los barrios desolados de este estrecho país. Pero es nuestro deber, tal como los antiguos escribas, ir dejando testimonios de estos procesos vergonzosos que nos enclavan en un pasado que creíamos superado.
El shock de la desilusión nos mantiene desconcertados, esquivando los zarpazos de la bestia depredadora, que quiere imponer leyes mordaza y cambios cosméticos que consoliden la impunidad histórica de la opresión. En el Rescate de la Memoria, el gatopardismo es inadmisible y los trabajadores de las comunicaciones y la palabra debemos dejar descrita esta larga noche, que parece no terminar nunca.

Hernan Narbona Véliz. Una mirada libre a nuestro entorno.

         Periodismo Independiente, Corresponsal Diario La Razón.cl 

 


martes, marzo 22, 2022

Poesía en Crisis


No quiero épicas de panfleto
Ni miradas lejanas explicando  geopolítica
Ni prédicas llamando a la resignación 
No quiero portadas para el rating 
No busco disimular tribulaciones

Siento el fuego derrumbar convicciones 
Estoy con las mujeres desplazadas
Con las abuelas que tejen resistencias 
Estoy con el conscripto anónimo despedazado

Soy estremecedor daño colateral
El gemido impotente de los derrotados
La mano extendida para entregar aliento
No quiero alinearme con los cálculos
Apenas asomarme al dolor y congelarme
Objetivo estratégico de tiranos
Molesta avispa en sus bunkers

Pacifista guerrero de los dolientes
Levantando banderas blancas que enrojecen
Sin escatimar en ruegos
Sin cejar en la denuncia
de los asquerosos intereses tras la guerra

Entendiendo del tráfico de armas
El rédito del oro en las bolsas
La pedofilia sobándose las manos
Las mafias hermanadas en muerte
Compartiendo estadísticas 
Especulando sobre nuevos imperios
Padezco de descifrar sus movimientos 
Cada cual acomodándose a nuevos escenarios

Mientras se bombardean escuelas y teatros
Mientras el ajedrez tumba peones sin asco
Mientras la tribulación lapida amores
Mientras el desarraigo y la xenofobia 
incrementan los genocidios, actuales y futuros 

Los noticieros van apagándose 
y la vida de rutina prosigue, 
Las olas dejan sus espumas negras de olvido

La humanidad cree, absurda, 
que el infierno está lejano,
se acongoja y se apena, 
hasta que hace zapping 
y se pasa a la comedia.


lunes, noviembre 30, 2020

"Ya no sería posible cambiar el capitalismo" nos quieren hacer creer...


Hace casi 5 años escribí esta columna. Cuando hoy se escucha a personajes de la élite, pretender la conducción del proceso constituyente, amerita dejarla nuevamente para el debate ciudadano:



“Ya no sería posible cambiar el capitalismo” nos quieren hacer creer…

Es la torpe y desenfadada disculpa de los intelectuales de la pseudo izquierda, el argumento falaz de quienes vendieron sus sueños y se convirtieron en esbirros obsecuentes de quien los financiaba. Claudicaron de sus sueños y principios. Mintieron con programas de gobierno que prometían cambios que jamás pretendieron pero que constituía un mensaje de marketing encantador. Mintieron cuando lo escribieron, mintieron al ejecutarlo, se diluyeron, se fueron por las ramas.

Su gestión ha estado marcada por la impericia y la improvisación, pasando por encima de los funcionarios de carrera, en una ordeña descarada del aparato público, en el cual no creen, pero que sirvió para su clientelismo, les sirvió para profitar y organizar sus negocios sin escrúpulos. Se irguieron como savia joven, como la etapa 2.0 de la política, como el progresismo, pero eran ancianos de espíritu, mañosos, sin vuelo libre, serviles a la garra que los mantenía. Actuaron pendiendo de los hilos de un gran titiritero, que supo de sus debilidades por los autos caros y las corbatas italianas.

El decir que no hay posibilidades de cambiar el capitalismo salvaje, concentrado y distorsionado que nos aflige, es una explicación cínica, un mensaje para que la gente piense que realmente se intentó, que se hizo lo que se pudo, que hay que seguir dentro de lo posible. Que no habría nada mejor que lo que se tiene, que hay que resignarse, conformarse y seguir esclavizados, comparándonos como idiotas con la OCDE.

Pero, la verdad es que buscan mantenerse en el poder, con la lógica más descarada, seguir en la cresta de la ola, vendiendo pomadas añejas, sin capacidad de creer en las energías positivas de las personas y las comunidades de base. Sin entender que hay una energía social poderosa, si la dejan fluir; que existe humanismo y que hay sueños por los cuales el pueblo se las puede jugar, por ejemplo, por recuperar la integridad en la cosa pública.

Queda integridad, hay principios que rescatar, sentimientos de colaboración y solidaridad que no responden al lucro o la codicia individual. Porque quedan en Chile manos limpias, que no todos son ladrones o delincuentes.

Que los que pregonan un mundo sin alternativas, porque todos son tránsfugas, porque así son las reglas del juego, porque hay que pasar por encima del otro, se excusan ellos mismos de su historia en política.

Quienes así piensan es porque los corrompió el sistema, porque adoran la materia y su mirada es al piso, a sus egos y jamás podrán volver a mirar el espacio de los libres de verdad. Porque no quieren mostrar o no pueden hacerlo, las alternativas de ciudades a escala humana, barrios y escuelas con afectos ciudadanos. No pueden visualizar una vida distinta porque no creen en la solidaridad, porque una tragedia la convierten en oportunidad de mayor lucro, por tildan de populistas a quienes hablan de asociatividad o cooperativismo, descartando esas opciones como   impracticables, pero sí aceptan las colusiones, los carteles, las asociaciones ilícitas para defraudar al fisco.

Son esos tipos los que nos dicen que este capitalismo salvaje es así, un hecho consumado. Pero estamos conscientes que el abuso no puede ser la regla, que la delincuencia económica en cualquier país estaría presa y que necesitamos recuperar un Estado digno, probo, donde se premie las buenas costumbres republicanas, de respetar las instituciones, pero que al mismo tiempo se fiscalice a fondo su comportamiento, que todos paguemos impuestos y que se acaben los privilegios o las leyes a la medida de los grupos dominantes. La gente no está pidiendo una revolución incendiaria, está demandando un trato justo, una constitución democrática, con equilibrios de poder, con libertades públicas y compromisos al servir un cargo público, con un país decente, con respeto a la ley, donde se reivindique el trabajo y el emprendimiento, antes que los bonos populistas que generan dependencia.

Un país decente, no es mucho pedir y levantar un sueño ciudadano para lograrlo corresponde a los ciudadanos que no buscan el enriquecimiento ilícito al actuar en política. Es ese 60% de personas que se abstuvo y que puede plegarse a este proyecto de un país decente, en un nuevo trato social. El capitalismo necesita sacudirse los delincuentes que lo están dominando, pero eso exige transparencia y un gobierno virtuoso, donde dirijan personas honestas, esa es la nueva utopía por la que debemos luchar.

Periodismo Independiente, 05.04.2016 @hnarbona en Twitter.




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