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viernes, octubre 29, 2021

COP 26: Debemos frenar el extractivismo depredador



COP 26: Debemos frenar el extractivismo depredador

Por Hernán Narbona Véliz

En noviembre, el Reino Unido será anfitrión,  en Glasgow, Escocia, de la COP26, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, de 2021. Se desarrollará  en el Scottish Event Campus, bajo la presidencia del político británico Alok Sharma. Luego del fracaso de la COP25, el 2019, que originalmente se debía realizar en Santiago de Chile, y que, por la explosión social de octubre, terminó realizándose en Madrid, hubo un año de suspensión por la pandemia del Covid 19.

Se llega a Glasgow 2021, con la comprobación cercana, de desastres naturales, largamente anunciados, que arrasaron regiones de Alemania, Bélgica, Holanda y Francia, en meses recientes. Situaciones desgarradoras que dan cuenta de la urgencia que enfrentamos. La juventud es la que mejor percibe esta herencia negra que le está dejando la civilización actual.

Las expectativas de acuerdos concretos en esta próxima Conferencia no son auspiciosas, sino más bien de escepticismo. El modelo global está anclado aún a los combustibles fósiles y los gobiernos no han dado el ancho en sus compromisos ambientales, primando en la política la influencia descarada de un extractivismo depredador. Pero, pese al pesimismo, de cualquier manera, la COP 26 será una instancia crucial, a la que se llega con la evidencia global de una crisis climática creciente y desatada, que pone en alto riesgo la vida en el planeta. Un dato duro lo ha entregado el reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial: el número de catástrofes se ha quintuplicado en los últimos 50 años. La temperatura va subiendo y sus efectos se han demostrado en gigantescos incendios, temperaturas cercanas a los 50°C en Siberia, derretimiento en el Ártico, huracanes y tormentas sucesivas en el Caribe y el Golfo de México, mega sequías. Todas estas catástrofes derivan del calentamiento global y la alteración de los ciclos naturales.

El objetivo de la COP 26 es garantizar la supervivencia de las generaciones futuras, manteniendo las temperaturas globales lo más cerca posible de 1,5°C de calentamiento para el año 2100. Son las generaciones del futuro las que sufrirán las consecuencias de las decisiones que se tome hoy.

“La reunión COP26 es la oportunidad para que se ponga a los niños en el centro de las políticas y acciones climáticas” ha señalado la UNICEF, que está impulsando la Declaración Intergubernamental sobre la Infancia, la Juventud y la Acción Climática.

Describir los escenarios que enfrenta el planeta, puede sonar apocalíptico. Basta con señalar que la humanidad vierte una camionada plástico por segundo a los océanos, que se están alterando las corrientes marinas, que los arrecifes de coral se han ido reduciendo, que el nivel del mar está subiendo, que los glaciares, reservorios de agua, y las selvas tropicales, han sufrido la incursión contaminante de la minería  del oro. En nuestra propia realidad, apreciamos cómo los monocultivos de pinos y eucaliptus han destruido el bosque nativo, que los paltos han secado los territorios que antes ocupaba la agricultura campesina. Todas evidencias de los efectos ecocidas de un modelo deshumanizado, depredador y cortoplacista que la ciudadanía planetaria presiona por cambiar.

En su origen, tres décadas atrás, el movimiento ambientalista tuvo su base social e ideológica mayoritariamente en las élites ilustradas, profesionales que dieron nacimiento a diversas Fundaciones u Organizaciones No Gubernamentales, con el propósito de intervenir en la toma de decisiones políticas respecto al medio ambiente, logrando históricamente una importante cuota de poder político, como lo han sido en Europa los partidos Verdes.  En nuestra realidad, el movimiento social ha levantado, desde la base social, una demanda prioritaria por recuperación del agua como un Derecho Humano y el término de las zonas de sacrificio. En Chile, el principal movimiento ambientalista nacional, MODATIMA, Movimiento por la Defensa del Agua, la Tierra y el Medio Ambiente, surgió en Petorca, de la lucha heroica contra la usurpación, robo o saqueo del agua en el territorio. La lucha de MODATIMA contra los poderes fácticos del extractivismo agrícola y sus monocultivos, trascendió a nivel internacional, a través del activista ambiental, Rodrigo Mundaca, Ingeniero Agrónomo, actual Gobernador de Valparaíso, que resultó elegido en primera vuelta, con una mayoría abrumadora. Las Mujeres también han liderado la lucha ambientalista, destacando el Movimiento de Mujeres de Zonas de Sacrificio en Resistencia, MUZOSARE, que defienden los territorios de Quintero, Ventanas, Puchuncaví de la contaminación permanente de las Termoeléctricas y Refinerías de esa zona e sacrificio.

La conciencia verde es hoy transversal, en términos de proponer un eco-Estado, en armonía con la Naturaleza. En este proceso constituyente, la sintonía de los pueblos de Chile con la Naturaleza, es un elemento decisivo que empapa el espíritu que habrá de tener la Nueva Constitución, lo que augura un compromiso potente del Estado de Chile con las decisiones que se tomen en la COP26.

Suscribir el Acuerdo de Escazú, el mismo que Piñera no ha querido suscribir, debiera ser uno de los primeros pasos que se debiera dar Chile, para fortalecer el interés general de defensa y preservación de territorios que se declaren de reserva ecológica.

Es emblemático que la Convención Constitucional se haya declarado en Emergencia Climática, expresando con ello el compromiso que habrá de tener la Nueva Constitución con el cambio estructural del modelo, extractivista depredador, para avanza en otro estilo de convivencia, que priorice la vida por encima de los intereses económicos, generando Desarrollo a escala humana, con sustentabilidad efectiva.

Lo que se discuta en la COP 26 lo seguiremos de cerca porque es parte de un proceso global, conducente al término de la era del crecimiento ilimitado, para entrar en una era de recuperación de este planeta generoso, que la codicia exacerbada de poderes supranacionales está destruyendo. Como civilización de este Siglo XXI, debemos abandonar el carbón, el petróleo, el plástico y sus secuelas de muerte y devastación. Los niños lo están exigiendo y no nos queda tiempo.


Hernán Narbona Véliz, 29.10.2021

Una mirada libre a nuestro entorno

lunes, mayo 10, 2021

Minería en Chile, recuperar un Estado Fiscalizador en la Nueva Constitución




En estos momentos, en que Chile discute el Royalty a la Minería, es necesario dar una mirada más profunda al sector minero, para defender en la Nueva Constitución nuestra soberanía económica, en especial de esas malas prácticas y asimetrías con que se ha manejado el extractivismo, para explotar nuestros recursos y evadir impuestos.

Chile es una economía abierta y extractiva, de exportación principalmente primaria y con importaciones de combustibles, manufacturas, maquinarias, tecnología y alimentos. El intercambio de Chile con el mundo es de 111 mil millones de dólares, con una balanza comercial, al 2019, positiva. A octubre 2019, las exportaciones alcanzaban a 58 mil millones de dólares y las importaciones totalizaban 54,5 mil millones de dólares.

Lo que Chile exporta es minería, 51,6%, forestal, 8%,  frutas, 9,6%, productos del mar, 9,1%,  vinos, 2,7%; en tanto, sus importaciones principales son  combustibles, 16,8%, maquinarias, 18,1%, transporte,12,9%,  alimentos, 6,5% y tecnología, 4,5%.

Necesariamente, poder reorientar al país hacia una economía humana, pasa por exigir que los grandes grupos tributen. Una fiscalización eficaz, íntegra, que no sea manoseada por el tráfico de influencias, podría llevar, incluso sin subir los impuestos, sino determinándolos con rigurosidad, a un aumento importante en la recaudación. Intervenir la distribución de la carga tributaria, requeriría potenciar los SII regionales para que las empresas tributen en la región en que radican sus establecimientos productivos, eliminando la Unidad de Grandes Contribuyentes central, toda vez que ella ha significado, en la práctica,  favorecer a esas grandes empresas, al obtener ellas condonaciones, rebajas de multas, que han ido en perjuicio del interés general, generando situaciones de privilegio y poca transparencia en los tratos otorgados.

 

Minería: criterios para mejorar la fiscalización

En Minería, con el cobre como “viga maestra”, cualquier gobierno próximo deberá recuperar el recurso, al menos en términos de una eficaz fiscalización, que apunte a obtener un retorno positivo para el Estado y propiciar que se agregue valor al recurso en bruto, para salir de la trampa del modelo extractivista impuesto.

Un nuevo sistema político y económico debería hacerse cargo de los vicios que se produjeron desde 1990 en adelante, cuando se permitió que compañías mineras extranjeras pudieran exportar concentrados minerales, sin fiscalizar efectivamente lo que iba en esas mezclas. Porque fue en el primer gobierno de la Concertación cuando el Estado de Chile, en contra de los programas técnicos de gobierno, que buscaban fortalecer la refinación del cobre en Chile para exportar cátodos, se autorizó a las mineras privadas la salida de concentrados, lo que no fue acompañado ni de una mínima fiscalización. Por el contrario, se permitió que las propias mineras determinaran qué elementos contenidos serían objeto de pago, lo que significó que el Estado tuviese mínimo control de los demás elementos que componían los concentrados, los que salían sin registro ni retorno alguno. Fue la denuncia de un privado ante la Contraloría General de la República, la que detonó el inicio de un plan de fiscalización minera que superara la inacción que se había mantenido por dos décadas. Hasta el 2005, invocando “la buena fe”, se dejó hacer a las compañías mineras internacionales. No ha existido certeza de las leyes de mineral declaradas, porque el Estado no implementó un sistema de control y análisis que verificara  los certificados proporcionados por las mineras. Recién el año 2005 se comenzó exigir un certificado de laboratorio que indicara  los contenidos de los concentrados y sus leyes. Fue en el 2014 que el gobierno autorizó a Aduanas llevar adelante un Plan de Fiscalización Minera. El Servicio Nacional de Aduanas implementó un procedimiento de control de embarques y toma de muestras representativas, con posibilidad de realizar contra análisis, que permitieran verificar qué era lo que se estaba exportando. Potenciar las capacidades analíticas del Laboratorio Químico del Servicio Nacional de Aduanas e incorporar competencias de profesionales especializados, fueron los pilares para fortalecer la capacidad fiscalizadora de las exportaciones mineras. Se formó un equipo de especialistas mineros que pudieran controlar los procesos de embarque, de extracción de muestras y lograr trazabilidad de los análisis en origen, destino hasta los Informes de Variación de Valor que los exportadores deben presentar una vez cerrada la venta externa.

Esta fiscalización permitió auditar mineras , públicas y privadas, identificar conductas de riesgo, detectar diferencias en las leyes declaradas o contratos en los que se omitía declarar elementos recuperables en destino y con valor económico. El plan de fiscalización minero implementado fue informado  a la Contraloría General de la República y funcionó auspiciosamente desde 2013 a 2018, pero, cuando parte el segundo gobierno de Sebastián Piñera, la SONAMI realizó un fuerte lobby y el programa se frenó, sin alcanzar a aplicar las correcciones esperadas, al comportamiento de las mineras.

El Estado de Chile ha estado sometido a la presión del Lobby Minero y, por ello,  no ha sido capaz de fijar reglas estrictas a la minería. Es así que se sigue declarando en los concentrados de cobre, principalmente el cobre, el oro y la plata, aceptando que sea el contrato entre partes el que determine qué se paga y qué se castiga, sin que se haya fijado la obligación de declarar todos los otros elementos que pudieren tener recuperación económica en el exterior.

Pese a ser Chile el principal país productor de cobre, Codelco no ha intervenido en el mercado para exigir que en los contratos de suministro se reflejen todos los elementos que pudiesen tener valor comercial – los que hoy no se declaran- y que, por otra parte, se transparenten los costos de refinación que se aplican como deducibles al precio bruto de venta para exportación, verificando su consistencia en los Informes de Variación de Valor que dan cuenta del resultado final, cuando se ha cerrado precio de exportación.

Desde el punto de vista de los precios, Chile recibe por las exportaciones lo que declaran las exportadoras mineras, de acuerdo a contratos a los que no se fija límites de aceptabilidad. Como el mercado minero mundial está altamente concentrado en pocas mineras multinacionales, aparece recurrentemente en esos flujos, la práctica de subvaloración de las exportaciones, con declaraciones aduaneras que, a la salida, informan precios ficticios que no reflejan la venta para exportación final, real y efectiva del producto, a precios corrientes de mercado. Una de estas malas prácticas es que las filiales locales vendan a sus casas matrices o a otras filiales en paraísos fiscales, en lo que se define tributariamente como “precios de transferencia”, sin que exista, desde el punto de vista del valor aduanero, en la operación una venta real, sino un traspaso de stocks para su venta efectiva ulterior a terceros. Además, en las liquidaciones de los retornos, suele incluirse como gastos deducibles costos de gestión comercial sin que exista intermediación efectiva de terceros en la venta para exportación.

En cuanto a Cochilco, esta Corporación se ocupa de supervisar y auditar a las mineras públicas, vale decir, Codelco y Enami. En lo que respecta a las mineras privadas, Cochilco exige que registren sus contratos de suministro, pero sin ejercer un rol fiscalizador de fondo, que apunte a las condiciones de los contratos que los exportadores registran ante dicho organismo. La fiscalización real de las exportaciones de productos mineros, que la legalidad permite, , queda a cargo de Aduanas y de Impuestos Internos. Mejorar el proceso de fiscalización de concentrados minerales, sería asunto de mera voluntad política porque el marco normativo lo permitiría y el resultado esperado sería  levantar una tributación efectiva y asegurar retornos de divisas a valores reales de mercado.

El descontrol del sector, es parte de la óptica neoliberal que, cuando existen asimetrías en los mercados, privilegia el libre mercado y deja hacer, deja pasar, sin tomar medidas de corrección. En este sentido, se ha permitido que las mineras multinacionales que operan en Chile y que representan más del 70% de los volúmenes de concentrados de cobre que exporta Chile, actúen imponiendo a la minera local contratos leoninos, que lesionan el interés nacional, ya que se paga sólo algunos contenidos y se castiga los retornos con gastos deducibles que no son comprobables o están fuera de los rangos internacionales de los mercados de metales.

En un próximo Estado Responsable, tomado ese adjetivo como antónimo de Estado Subsidiario, en donde se atienda al interés general, se debería generar una fiscalización eficaz de los contratos internacionales de suministro de productos mineros, que asegure el cobro de los suministros a precios corrientes de mercado, desmantelando actuales maniobras que se utiliza para subvalorar los precios, minimizar utilidades a efectos tributarios, utilizando triangulaciones vía paraísos fiscales con refacturaciones finales que nadie controla, todo lo cual produce efectos evasivos a la renta interna y una fuga de divisas.

Si se respaldase con voluntad política la acción fiscalizadora del Estado, éste podría actuar con coordinación, unidad de dirección, idoneidad y compromiso, con lo cual, se podría recuperar enormes recursos financieros que, de momento, se diluyen y quedan fuera del país, mediante las maniobras evasivas reseñadas, que producen lo que se denomina, facturación perdida, lo cual afecta a los Estados exportadores y es un tema de preocupación de los organismos intergubernamentales anti evasión.

En lo que se refiere a la Minería No Metálica, el litio ha aparecido como el oro blanco del Siglo XXI y Chile posee las mayores reservas. El Estado de Chile ha manejado el recurso a través de CORFO y el control del destino de las ventas de litio, a través de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, CCHEN.

La estrategia chilena, a mi juicio, debería ser actuar con una fiscalización efectiva de los precios a los cuales se comercializa el litio a compradores finales. Las multinacionales SQM, Albemarle y Tianqi Lithium, no declaran las operaciones finales y practican lo que se ha definido como missing invoice, en donde al fisco de Chile se declara un precio de salida que, no siendo real, implica que parte del precio final, total y real, queda en el exterior, habitualmente en paraísos fiscales,  sin que el país productor pueda percibir esas divisas y exigir tributación sobre bases de renta reales. La Comisión Chilena de Energía Nuclear identifica al comprador final del litio exportado, pero no se ha fijado a esos exportadores la obligación de informar los precios de venta finales a esos compradores. Por lo tanto, parte importante del negocio no se declara, ya que se cierra la exportación como un  precio FOB A Firme, en circunstancias que, aún no se ha perfeccionado una venta, y lo que se ha hecho es un traslado de inventarios  a la filial del grupo, que concreta la venta final, sin que Chile pueda conocerla a efectos de retorno de divisas  y de resultados totales para determinación de renta.  Es imprescindible que esta debilidad que existe en la fiscalización de los productos del litio se corrija en un Estado que vele por el bien común en forma soberana. 

El modelo tolera estas maniobras en contra del interés nacional y no se requeriría leyes especiales para hacer cumplir las reglas internacionales de valoración aduanera. Bastaría, con que se gestione con integridad la acción fiscalizadora, sin resignar el interés de Estado ante las presiones políticas que este nivel de corporaciones suele practicar.

Sin una fiscalización real de los precios internacionales que se obtienen por los suministros de la minería metálica y no metálica, Chile está tolerando una explotación que sólo beneficia a los intereses privados internacionales, que lucran con nuestros recursos, en una evasión tributaria que, si se evitare, podría significar recuperar cifras importantísimas para el erario nacional. Caminar a la fabricación de baterías de litio sería un paso factible si se negociaren joint ventures con el peso específico de un Estado soberano, que actúe con integridad y con visión de largo plazo.

Desde una mirada ética, la sociedad civil reclama el término de un sistema abusivo y desprotector de las personas, buscando asumir un nuevo trato para garantizar derechos humanos y sociales. Para que esto se haga efectivo, el Estado debe disponer de manera sustentable de ingresos suficientes. El rol Fiscalizador del Estado apunta a cubrir esta variable fundamental, la correcta determinación y recaudación de los impuestos, y los profesionales de la Administración así lo sienten como misión institucional. Sólo hace falta dotar a los organismos fiscalizadores de una facultad suficiente y autonomía efectiva, para operar sin la injerencia distorsionadora de los gobiernos de turno, en pro del Bien Común e Interés Nacional.

Ese cambio de actitud, erradicar la evasión y la corrupción asociada, son objetivos que deben ser recogidos en la Convención Constitucional.

Periodismo Independiente, 10.05.2021

periodismo.probidad@gmail.com

 



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