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jueves, abril 21, 2022

Hacia una Fiscalización integral y efectiva de las Exportaciones Mineras


Hacia una Fiscalización integral y efectiva de las Exportaciones Mineras

Proclamar la “recuperación de los recursos mineros” tiene que tener presente que, de acuerdo a la Constitución de 1980, todas las minas son propiedad del Estado de Chile. Por tanto, el esfuerzo político del nuevo gobierno debiera apuntar, más bien, a una verificación del cumplimiento de la normativa vigente en materia cambiaria, aduanera, tributaria y ambiental que las mineras concesionadas han tenido. Evaluar ese cumplimiento será importante para la continuidad de las concesiones y se debiera auditar también los contratos por los cuales se ha autorizado cuotas de extracción de recursos no concesibles, como el litio, a través de CORFO y CCHEN. Ejercer la fiscalización, con la legalidad vigente, sería recuperar soberanía.

En ese orden de ideas, lo primero es transparentar y hacer verificable las formas como se contratan los suministros de exportación de los concentrados de cobre, los operadores que participan en la actividad y sus relaciones económicas y comerciales con corporaciones multinacionales, las cuales influyen en la fijación de los precios de venta para exportación.

El Estado de Chile, a través de Cochilco, lleva el registro de los contratos de exportación minera, pero no ejerce una fiscalización de fondo sobre dichos contratos. Corresponde por ley al Servicio Nacional de Aduanas la fiscalización del Valor de las Exportaciones, y es este organismo fiscalizador el que debe supervisar que la cantidad, calidad y valor de las ventas para exportación corresponda a precios totales y reales corrientes en los mercados internacionales, al momento del suministro. Las exportaciones mineras, a nivel mundial, se concentran en unos pocos grupos multinacionales que, metódicamente, buscan eludir la tributación.

Por lo tanto, esta función fiscalizadora es fundamental, ya que de su resultado depende que el país pueda controlar el retorno de divisas correspondiente y los resultados de las ventas externas e las mineras,  para la determinación del impuesto a la Renta. En la fiscalidad, la función de Aduanas se complementa con la del SII y con la del control de cambios internacionales del Banco Central.

Se debe reconocer por parte del gobierno que el país tiene serias brechas en materia de fiscalización, instaladas para impedir una fiscalización integrada, las que se debiesen subsanar con voluntad política. De partida, Codelco, la principal empresa pública minera, no está sujeta a la supervisión por parte de la Contraloría. Por su parte, Cochilco, que tiene a su cargo la supervisión de Codelco y Enami, como minería pública, pero no ejerce una fiscalización eficaz en materia de control de contratos y precios internacionales. El Banco Central, que fija las políticas de cambios internacionales, sólo exige que se le declaren los retornos y no existe obligación de liquidarlos, correspondiendo al Servicio Nacional de Aduanas el control de precios declarados, contenidos y la determinación de los valores líquidos de retorno.

Del año 2013 al 2017, Aduanas implementó un Plan de Fiscalización Minera, fortaleciendo las capacidades de su Laboratorio Químico y de Auditoría especializada, lo que permitió aplicar diversas medidas de fiscalización a la exportación de concentrados de cobre y de metales preciosos. Ese esfuerzo se frustró a partir del 2018 por la presión que ejercieron los lobistas de los grupos de presión, pero, pese a ello, quedó una normativa y una experiencia valiosa en la organización, con avances objetivos, como correcciones a situaciones cuestionables.

Esto permite señalar que es posible, con voluntad política y dentro de la legalidad vigente, realizar una severa fiscalización sectorial multidisciplinaria a las concesiones mineras, que permita verificar los contenidos exportados, la veracidad de sus certificados de calidad, los precios totales finales declarados y los reales del mercado en ese momento, los elementos penalizables y pagables, detectar subvaloraciones o triangulaciones en paraísos fiscales, valores líquidos de retorno que pudieren tener distorsiones. En un proceso de fiscalización se puede verificar también los pasivos ambientales que los proyectos están dejando en los territorios.  Además, de acuerdo al especialista minero, Alexis Yovanovic, Director de la Consultora Modelo Operacional, de Brasil, se debe corregir en la gestión minera probables maniobras evasivas que surgen de una inversión desmedida en maquinaria y equipamiento para molienda, en vez de aplicar un proceso de separación previa del material fino, con lo que se haría más racional el uso de las líneas de chancado y molienda. Se ha comprobado que la gran minería suele exagerar  en sus proyectos la adquisición de maquinaria pesada como camiones y molinos, constatándose que existe en esos bienes de capital un oligopolio internacional de empresas proveedoras, con las cuales las grandes mineras mantendrían relaciones de vinculación, lo que ha llevado a sobrevalorar los costos en el proyecto minero y reducir así los resultados a efectos tributarios.

Este impacto negativo es uno de las nuevas variables en materia de negocio minero que el Estado debiera transparentar, partiendo por su propia minería pública,  sometiendo a auditorías los planes de expansión de la gran minería para exigir una mayor eficiencia productiva con incorporación de nuevas tecnologías, que apuntan a una minería más limpia y a mayor productividad.

Caminar hacia una mayor soberanía en materia de recursos naturales, particularmente de los productos mineros, motiva esta reflexión propositiva, sustentada en la experiencia desarrollada profesionalmente en la fiscalización del sector.


Valparaíso, 21.04.2022

Hernán Narbona Véliz, Periodista de La Razón.cl.

Administrador Público, Especialista en Aduanas y Comercio Internacional.

Secretario de la Mesa Coordinadora de DDHH de Valparaíso. 


Una mirada libre a nuestro entorno

domingo, noviembre 28, 2021

Narcotráfico: hacia un Estado Fiscalizador Efectivo


El programa de Kast, soslaya el fenómeno de corrupción de las policías, busca profundizar en la doctrina de seguridad interior del Estado, criminalizando toda protesta social y ofreciendo legalidad para excesos policiales que transgreden convenciones internacionales en materia de DDHH. La propuesta democrática de Boric se centra en la recuperación de los espacios públicos, entregando un rol protagónico a la ciudadanía organizada y a las autoridades locales y regionales, Alcaldes y Gobernadores, con una coordinación eficaz del Estado, para alinear a distintos organismos públicos en una misión clara y potente, como lo sería el desmantelamiento financiero de las bandas criminales

 


El diagnóstico es duro en materia de seguridad pública. El Instituto Nacional de Estadísticas indica en el Informe Anual de Estadísticas Policiales de 2019 que el 86,2% de los casos policiales a cargo de Carabineros no concluye en detenciones. Que, del total de denuncias a la PDI, un 58,2% corresponde a Delitos de Mayor Connotación Social. Existe una cifra negra del delito que alcanza al 64,9% y la percepción ciudadana de que los delitos han aumentado alcanza un 76,8%.

Todos los indicadores apuntan a que Chile sufre desprotección en las comunas de mayor densidad y de menores recursos. Ha existido una objetiva y creciente falta de eficacia por parte del Gobierno de Sebastián Piñera, que fue elegido, precisamente, por su promesa de campaña, de terminar con la delincuencia, la cual se ha desbordado y aumentado en su violencia, ocupando territorios urbanos en todo Chile. Sobre este tema, existen diagnósticos diferentes, en los programas de los dos candidatos presidenciales en carrera para la segunda vuelta.

La variable corrupción es parte medular de la falta de seguridad en Chile. Que la plana mayor de Carabineros haya sido imputada por malversación de recursos públicos; que lo propio haya ocurrido en el Ejército y, en el caso reciente, con el Ex Director general de la PDI, ha constituido una serie de hechos en los que se ha faltado a la probidad , afectando la moral institucional a todo nivel.

Cuando, frente al financiamiento ilegal de la política, se desplegó en el gobierno de Michelle Bachelet una operación conducente a frenar las causas por delitos tributarios que se habían configurado a partir de los hechos investigados, se coartaron las facultades de la Fiscalía para investigarlos, enviando el Director de SII los casos a la vía administrativa de regularización, pese a haberse configurado delitos tributarios. Esto no deja de pesar en la memoria de los funcionarios de SII, quienes, de manera profesional y acuciosa, evidenciaron la emisión de facturas ideológicamente falsas, para justificar financiamientos ilícitos e impropios que recibían los políticos de SQM, PENTA y Corpesca.

La corrupción transversal, el tráfico de influencias, debilitó la legitimidad de las instituciones imbricadas en esta operación de encubrimiento y con esto se dio un golpe de gracia a los principios de integridad que la Constitución y las leyes determinaban para quienes ejercen funciones públicas.  Sin lugar a dudas, este proceso oscuro llevó a la impunidad en materia de delitos económicos y debilitó la autonomía y las facultades fiscalizadoras de organismos como el Servicio de Impuestos Internos, lo cual, en definitiva, dejó en total falencia al Estado que debe regular y aplicar la legalidad vigente. Esta variable, repito, ha sido relevante en las causas profundas del estallido social de octubre 2019, ya que incrementó el descontento social frente a la corrupción estructural y transversal observada.

El programa de Gabriel Boric, en materia de Seguridad Ciudadana, se focaliza en hacer más eficaz la acción de las policías, apuntando a una reformulación estructural de las mismas, para orientar sus energías al combate del delito principal que agobia a la población, el narcotráfico y sus redes. Frente a lo mismo, el programa de Kast, soslaya el fenómeno de corrupción de las policías, busca profundizar en la doctrina de seguridad interior del Estado, criminalizando toda protesta social y ofreciendo legalidad para excesos policiales que transgreden convenciones internacionales en materia de DDHH. Kast señala que el gobierno actual ha sido débil en ejercer sus atribuciones, justificando  así la represión y la militarización de la Araucanía, ofreciendo potenciar más el brazo represivo del Estado.

Por su parte, la propuesta democrática de Boric se centra en la recuperación de los espacios públicos, entregando un rol protagónico a la ciudadanía organizada y a las autoridades locales y regionales, Alcaldes y Gobernadores. Llegar a una coordinación eficaz del Estado, habrá de significar un esfuerzo mayúsculo de liderazgo para alinear a distintos organismos públicos en una misión clara y potente, como lo sería el desmantelamiento financiero de las bandas criminales, con una eficacia que resulte de la acción colaborativa y coordinada de instituciones públicas que hoy permanecen como estancos, dentro de competencias limitadas por el poder político de turno.

En este orden de ideas, en este aspecto de seguridad ciudadana, el Gobierno de Boric deberá focalizar las energías en el problema de fondo del narcotráfico, cual es el financiamiento del mismo y los instrumentos de lavado de activos que va asociado a estos delitos. Pero, deberá tener para ello, una férrea voluntad política para eliminar las malas prácticas que limitan la autonomía o distorsionan la función fiscalizadora del Estado.

Se lee en el Programa de Gobierno de Gabriel Boric la urgencia en recuperar los espacios públicos y, con ello, se habla de asegurar un accionar participativo en los territorios. Para proteger a los pobladores de las bandas enquistadas en los barrios, se deberá reenfocar a Carabineros a su rol clásico de servidores públicos que deben proteger a la población. Esto significará una redistribución de sus efectivos en todos los barrios y comunas del país.

Sin la demagogia recurrente de incrementar el número de policías, el objetivo central de un gobierno democrático será gestionar, con una fuerte coordinación, los organismos que tienen injerencia y competencias para atacar este flagelo. Territorializar el ataque a los carteles establecidos en Chile, requerirá la participación proactiva de la ciudadanía, de los Alcaldes y Gobernadores. Y en la coordinación de instituciones, se deberá sumar esfuerzos en forma colaborativa y desburocratizada. En este esfuerzo prioritario deberán estar los Servicios de Aduanas e Impuestos Internos con sus cuerpos especializados , la Unidad de Análisis Financiero, la Agencia Nacional de Inteligencia, el Ministerio Público, la PDI, entre otros, generando equipos integrados para dirigir de manera unificada la prevención y persecución de estos ilícitos.

A nivel de los funcionarios públicos existe una gran expectativa en que, con una nueva impronta de gestión pública, el Estado deje de ser un coto de caza que se distribuye entre los partidos en un perverso cuoteo político, que lleva a la incorporación de operadores sin experiencia ni competencia, ocupando niveles directivos en desmedro de funcionarios de carrera. El gran potencial para cumplir con este interés de Estado es empoderar a las instituciones, respetando su autonomía fiscalizadora, devolviéndoles las facultades cercenadas por el efecto corrupción reseñado. Esto daría una gran potencia y legitimidad a la lucha profunda y real contra el narcotráfico.   

Hernán Narbona Véliz, Diario La Razón.cl, 28.11.2021

Una mirada libre a nuestro entorno

lunes, mayo 10, 2021

Minería en Chile, recuperar un Estado Fiscalizador en la Nueva Constitución




En estos momentos, en que Chile discute el Royalty a la Minería, es necesario dar una mirada más profunda al sector minero, para defender en la Nueva Constitución nuestra soberanía económica, en especial de esas malas prácticas y asimetrías con que se ha manejado el extractivismo, para explotar nuestros recursos y evadir impuestos.

Chile es una economía abierta y extractiva, de exportación principalmente primaria y con importaciones de combustibles, manufacturas, maquinarias, tecnología y alimentos. El intercambio de Chile con el mundo es de 111 mil millones de dólares, con una balanza comercial, al 2019, positiva. A octubre 2019, las exportaciones alcanzaban a 58 mil millones de dólares y las importaciones totalizaban 54,5 mil millones de dólares.

Lo que Chile exporta es minería, 51,6%, forestal, 8%,  frutas, 9,6%, productos del mar, 9,1%,  vinos, 2,7%; en tanto, sus importaciones principales son  combustibles, 16,8%, maquinarias, 18,1%, transporte,12,9%,  alimentos, 6,5% y tecnología, 4,5%.

Necesariamente, poder reorientar al país hacia una economía humana, pasa por exigir que los grandes grupos tributen. Una fiscalización eficaz, íntegra, que no sea manoseada por el tráfico de influencias, podría llevar, incluso sin subir los impuestos, sino determinándolos con rigurosidad, a un aumento importante en la recaudación. Intervenir la distribución de la carga tributaria, requeriría potenciar los SII regionales para que las empresas tributen en la región en que radican sus establecimientos productivos, eliminando la Unidad de Grandes Contribuyentes central, toda vez que ella ha significado, en la práctica,  favorecer a esas grandes empresas, al obtener ellas condonaciones, rebajas de multas, que han ido en perjuicio del interés general, generando situaciones de privilegio y poca transparencia en los tratos otorgados.

 

Minería: criterios para mejorar la fiscalización

En Minería, con el cobre como “viga maestra”, cualquier gobierno próximo deberá recuperar el recurso, al menos en términos de una eficaz fiscalización, que apunte a obtener un retorno positivo para el Estado y propiciar que se agregue valor al recurso en bruto, para salir de la trampa del modelo extractivista impuesto.

Un nuevo sistema político y económico debería hacerse cargo de los vicios que se produjeron desde 1990 en adelante, cuando se permitió que compañías mineras extranjeras pudieran exportar concentrados minerales, sin fiscalizar efectivamente lo que iba en esas mezclas. Porque fue en el primer gobierno de la Concertación cuando el Estado de Chile, en contra de los programas técnicos de gobierno, que buscaban fortalecer la refinación del cobre en Chile para exportar cátodos, se autorizó a las mineras privadas la salida de concentrados, lo que no fue acompañado ni de una mínima fiscalización. Por el contrario, se permitió que las propias mineras determinaran qué elementos contenidos serían objeto de pago, lo que significó que el Estado tuviese mínimo control de los demás elementos que componían los concentrados, los que salían sin registro ni retorno alguno. Fue la denuncia de un privado ante la Contraloría General de la República, la que detonó el inicio de un plan de fiscalización minera que superara la inacción que se había mantenido por dos décadas. Hasta el 2005, invocando “la buena fe”, se dejó hacer a las compañías mineras internacionales. No ha existido certeza de las leyes de mineral declaradas, porque el Estado no implementó un sistema de control y análisis que verificara  los certificados proporcionados por las mineras. Recién el año 2005 se comenzó exigir un certificado de laboratorio que indicara  los contenidos de los concentrados y sus leyes. Fue en el 2014 que el gobierno autorizó a Aduanas llevar adelante un Plan de Fiscalización Minera. El Servicio Nacional de Aduanas implementó un procedimiento de control de embarques y toma de muestras representativas, con posibilidad de realizar contra análisis, que permitieran verificar qué era lo que se estaba exportando. Potenciar las capacidades analíticas del Laboratorio Químico del Servicio Nacional de Aduanas e incorporar competencias de profesionales especializados, fueron los pilares para fortalecer la capacidad fiscalizadora de las exportaciones mineras. Se formó un equipo de especialistas mineros que pudieran controlar los procesos de embarque, de extracción de muestras y lograr trazabilidad de los análisis en origen, destino hasta los Informes de Variación de Valor que los exportadores deben presentar una vez cerrada la venta externa.

Esta fiscalización permitió auditar mineras , públicas y privadas, identificar conductas de riesgo, detectar diferencias en las leyes declaradas o contratos en los que se omitía declarar elementos recuperables en destino y con valor económico. El plan de fiscalización minero implementado fue informado  a la Contraloría General de la República y funcionó auspiciosamente desde 2013 a 2018, pero, cuando parte el segundo gobierno de Sebastián Piñera, la SONAMI realizó un fuerte lobby y el programa se frenó, sin alcanzar a aplicar las correcciones esperadas, al comportamiento de las mineras.

El Estado de Chile ha estado sometido a la presión del Lobby Minero y, por ello,  no ha sido capaz de fijar reglas estrictas a la minería. Es así que se sigue declarando en los concentrados de cobre, principalmente el cobre, el oro y la plata, aceptando que sea el contrato entre partes el que determine qué se paga y qué se castiga, sin que se haya fijado la obligación de declarar todos los otros elementos que pudieren tener recuperación económica en el exterior.

Pese a ser Chile el principal país productor de cobre, Codelco no ha intervenido en el mercado para exigir que en los contratos de suministro se reflejen todos los elementos que pudiesen tener valor comercial – los que hoy no se declaran- y que, por otra parte, se transparenten los costos de refinación que se aplican como deducibles al precio bruto de venta para exportación, verificando su consistencia en los Informes de Variación de Valor que dan cuenta del resultado final, cuando se ha cerrado precio de exportación.

Desde el punto de vista de los precios, Chile recibe por las exportaciones lo que declaran las exportadoras mineras, de acuerdo a contratos a los que no se fija límites de aceptabilidad. Como el mercado minero mundial está altamente concentrado en pocas mineras multinacionales, aparece recurrentemente en esos flujos, la práctica de subvaloración de las exportaciones, con declaraciones aduaneras que, a la salida, informan precios ficticios que no reflejan la venta para exportación final, real y efectiva del producto, a precios corrientes de mercado. Una de estas malas prácticas es que las filiales locales vendan a sus casas matrices o a otras filiales en paraísos fiscales, en lo que se define tributariamente como “precios de transferencia”, sin que exista, desde el punto de vista del valor aduanero, en la operación una venta real, sino un traspaso de stocks para su venta efectiva ulterior a terceros. Además, en las liquidaciones de los retornos, suele incluirse como gastos deducibles costos de gestión comercial sin que exista intermediación efectiva de terceros en la venta para exportación.

En cuanto a Cochilco, esta Corporación se ocupa de supervisar y auditar a las mineras públicas, vale decir, Codelco y Enami. En lo que respecta a las mineras privadas, Cochilco exige que registren sus contratos de suministro, pero sin ejercer un rol fiscalizador de fondo, que apunte a las condiciones de los contratos que los exportadores registran ante dicho organismo. La fiscalización real de las exportaciones de productos mineros, que la legalidad permite, , queda a cargo de Aduanas y de Impuestos Internos. Mejorar el proceso de fiscalización de concentrados minerales, sería asunto de mera voluntad política porque el marco normativo lo permitiría y el resultado esperado sería  levantar una tributación efectiva y asegurar retornos de divisas a valores reales de mercado.

El descontrol del sector, es parte de la óptica neoliberal que, cuando existen asimetrías en los mercados, privilegia el libre mercado y deja hacer, deja pasar, sin tomar medidas de corrección. En este sentido, se ha permitido que las mineras multinacionales que operan en Chile y que representan más del 70% de los volúmenes de concentrados de cobre que exporta Chile, actúen imponiendo a la minera local contratos leoninos, que lesionan el interés nacional, ya que se paga sólo algunos contenidos y se castiga los retornos con gastos deducibles que no son comprobables o están fuera de los rangos internacionales de los mercados de metales.

En un próximo Estado Responsable, tomado ese adjetivo como antónimo de Estado Subsidiario, en donde se atienda al interés general, se debería generar una fiscalización eficaz de los contratos internacionales de suministro de productos mineros, que asegure el cobro de los suministros a precios corrientes de mercado, desmantelando actuales maniobras que se utiliza para subvalorar los precios, minimizar utilidades a efectos tributarios, utilizando triangulaciones vía paraísos fiscales con refacturaciones finales que nadie controla, todo lo cual produce efectos evasivos a la renta interna y una fuga de divisas.

Si se respaldase con voluntad política la acción fiscalizadora del Estado, éste podría actuar con coordinación, unidad de dirección, idoneidad y compromiso, con lo cual, se podría recuperar enormes recursos financieros que, de momento, se diluyen y quedan fuera del país, mediante las maniobras evasivas reseñadas, que producen lo que se denomina, facturación perdida, lo cual afecta a los Estados exportadores y es un tema de preocupación de los organismos intergubernamentales anti evasión.

En lo que se refiere a la Minería No Metálica, el litio ha aparecido como el oro blanco del Siglo XXI y Chile posee las mayores reservas. El Estado de Chile ha manejado el recurso a través de CORFO y el control del destino de las ventas de litio, a través de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, CCHEN.

La estrategia chilena, a mi juicio, debería ser actuar con una fiscalización efectiva de los precios a los cuales se comercializa el litio a compradores finales. Las multinacionales SQM, Albemarle y Tianqi Lithium, no declaran las operaciones finales y practican lo que se ha definido como missing invoice, en donde al fisco de Chile se declara un precio de salida que, no siendo real, implica que parte del precio final, total y real, queda en el exterior, habitualmente en paraísos fiscales,  sin que el país productor pueda percibir esas divisas y exigir tributación sobre bases de renta reales. La Comisión Chilena de Energía Nuclear identifica al comprador final del litio exportado, pero no se ha fijado a esos exportadores la obligación de informar los precios de venta finales a esos compradores. Por lo tanto, parte importante del negocio no se declara, ya que se cierra la exportación como un  precio FOB A Firme, en circunstancias que, aún no se ha perfeccionado una venta, y lo que se ha hecho es un traslado de inventarios  a la filial del grupo, que concreta la venta final, sin que Chile pueda conocerla a efectos de retorno de divisas  y de resultados totales para determinación de renta.  Es imprescindible que esta debilidad que existe en la fiscalización de los productos del litio se corrija en un Estado que vele por el bien común en forma soberana. 

El modelo tolera estas maniobras en contra del interés nacional y no se requeriría leyes especiales para hacer cumplir las reglas internacionales de valoración aduanera. Bastaría, con que se gestione con integridad la acción fiscalizadora, sin resignar el interés de Estado ante las presiones políticas que este nivel de corporaciones suele practicar.

Sin una fiscalización real de los precios internacionales que se obtienen por los suministros de la minería metálica y no metálica, Chile está tolerando una explotación que sólo beneficia a los intereses privados internacionales, que lucran con nuestros recursos, en una evasión tributaria que, si se evitare, podría significar recuperar cifras importantísimas para el erario nacional. Caminar a la fabricación de baterías de litio sería un paso factible si se negociaren joint ventures con el peso específico de un Estado soberano, que actúe con integridad y con visión de largo plazo.

Desde una mirada ética, la sociedad civil reclama el término de un sistema abusivo y desprotector de las personas, buscando asumir un nuevo trato para garantizar derechos humanos y sociales. Para que esto se haga efectivo, el Estado debe disponer de manera sustentable de ingresos suficientes. El rol Fiscalizador del Estado apunta a cubrir esta variable fundamental, la correcta determinación y recaudación de los impuestos, y los profesionales de la Administración así lo sienten como misión institucional. Sólo hace falta dotar a los organismos fiscalizadores de una facultad suficiente y autonomía efectiva, para operar sin la injerencia distorsionadora de los gobiernos de turno, en pro del Bien Común e Interés Nacional.

Ese cambio de actitud, erradicar la evasión y la corrupción asociada, son objetivos que deben ser recogidos en la Convención Constitucional.

Periodismo Independiente, 10.05.2021

periodismo.probidad@gmail.com

 



Una mirada libre a nuestro entorno

lunes, octubre 26, 2020

Cimentar una Constitución en el Bien Común

Cimentar una Constitución en el Bien Común

Estamos en el día después del plebiscito para Aprobar el cambio de la Constitución heredada de la dictadura y la forma de realizarlo. El pueblo fue muy claro al votar en un 77%  por el Apruebo y optar por la Convención Constitucional, por un 80% de los votos emitidos. Esto último, ha sido dejar clarísimo que Chile no acepta que sean los mismos políticos, que son cómplices de estos 30 años de pseudo democracia representativa, los que pretendan redactar la nueva constitución.

La oportunidad de recoger el guante que nos ofrece la historia, significa generar poder constituyente desde las organizaciones sociales, los colegios profesionales, las organizaciones gremiales y sindicales.

La política está ahora, desde el 18 de octubre de 2019, en la ciudadanía, instalada en la calle, a fuerza de movilizaciones, exclusiones y muerte de mapuches, dirigentes sociales y jóvenes que abrieron camino, en un largo camino de movilizaciones y frustraciones acumuladas.

Tenemos que construir un Estado Responsable que se haga cargo de asegurar los derechos sociales, el desarrollo sustentable y la justicia social. Ese esfuerzo significa redimensionar la institucionalidad para darle a la sociedad civil canales permanentes de participación y fiscalización, con capacidad de iniciativa legislativa y de revocación del mandato.

La clase política que se vendió al modelo neoliberal será pasado ignominioso, porque lo que viene depende de la capacidad y sentido común de los territorios.

El pueblo no debe dar un cheque en blanco a los constituyentes, sino que los debe mandatar con un plan de acción, que fije las sensibilidades populares para que, con convicción técnico jurídica y esa legitimidad otorgada por el soberano, el delegado constituyente pueda defender y generar mayorías en pro de esos principios. Los constituyentes deben ser los interlocutores que canalicen la energía de la base social y esto debe ser reglamentado en la Convención Constitucional para ser un método de trabajo democrático, con una comunicación permanente entre el pueblo llano y la Convención Constituyente.

Como órgano soberano, la Convención Constitucional puede, y es conveniente que lo haga, fijar en el reglamento para su trabajo, la realización de plebiscitos vinculantes para ir fijando el avance de los capítulos temáticos de la nueva Constitución. Hay experiencia constituyente valiosa en países como Sudáfrica y su Constitución plurinacional. Ese aprendizaje forma parte del desafío para una democracia profunda.

Cuando se fijen estas formas democráticas de llevar el trabajo constituyente, el pueblo recuperará confianza en la política, se depondrán los prejuicios, dogmas y etiquetas con las que nos han dividido, para generar una unidad basada en la sensatez de la base social empoderada, sobre la base  de programas de corto, mediano y largo plazo, conformando un gran camino hacia una sociedad más justa.

En esos escenarios, esa abstención que llega hoy al 49% del electorado potencial, irá diluyéndose en una política nueva, manejada desde los barrios, las comunas, las regiones, en un tejido social que ejerce la soberanía constante. Y eso que planteo no es utopía, sólo requiere sensatez para ir debatiendo, articulando una voluntad política colectiva, que se enclave en principios de bien común y solidaridad, erradicando los vicios y corruptelas que hoy asolan nuestra institucionalidad.

Construir un Estado diferente requerirá reingeniería profunda, prioritariamente para sacar los derechos sociales de la visión mercantil del actual sistema, generando un Estado que sea capaz de generar inversión, con descentralización y participación de los territorios, que deberán aprender este nuevo estilo proactivo de construir sueños colectivos, autogestión y proyectos asociativos.

Hay sectores que, desde la evidencia de 47 años de un Estado cooptado y corrompido para beneficiar los grupos económicos, plantean la desaparición del Estado como máxima organización de la sociedad. La respuesta a ellos es que no se puede construir desde una autoridad licuada, que lo que debemos buscar es un Estado que se sacuda sus vicios y recupere su esencia para la protección de la vida, la seguridad de la población frente al narcotráfico y el crimen organizado, el desarrollo descentralizado de los territorios, cambiando el capitalismo salvaje por relaciones de colaboración y justicia social, procurando una paz estable con nuestros vecinos, basada en la cooperación.

Reactivar la economía habrá de significar que se eliminen los mecanismos que han favorecido la concentración de la riqueza, erradicando la corrupción asociada que se despliega hacia un Estado cooptado. Se debe fomentar una industria alejada de esos vicios, la que en principio ha sido víctima del poder hegemónico de los grandes grupos.

Es un tema el reorientar la energía del Estado en lo económico, procurando inversiones propias o asociadas, recuperando su rol conductor de un desarrollo sólido de un sistema productivo nacional. Lo que significará fiscalizar debidamente el quehacer económico, eliminando las prácticas depredadoras de los grupos económicos, eliminando subsidios y tratos fiscales preferentes que los han beneficiado por décadas, que han llevado a la concentración de la riqueza, la evasión fiscal y la depredación de los recursos naturales.

Volver al fomento de una industria nacional que de valor agregado a nuestros recursos naturales, con una expansión de la mediana empresa y los emprendimientos, debiera ser parte de la redefinición de la economía que se oriente al bien común, sobre lo cual existe un largo camino por recorrer.


Periodismo Independiente, 26 Octubre,2020.

 

 

 

 




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