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viernes, abril 30, 2021

Chile, en el ojo del huracán


Describir este minuto que vivimos, exige movernos desde las emociones, antes que desde la razón. Llevamos un año y medio desde el estallido social de octubre 2019 y 13 meses desde que tuvimos que confinarnos por la pandemia. Todo este período ha sido un contrapunto de emociones, las positivas, que buscaban una luz al final del túnel y, las agobiantes, que eran motivadas por esas medidas tardías y erráticas de la autoridad,  que iban generando rabia y desaliento.

Desgobierno y estado de ánimo

Pudimos ver el cinismo con que el gobierno declaraba como sensibles, actividades de la construcción, casinos, cines y malls, y, como consecuencia de ello, miles de trabajadores viajando hacinados en busca del sustento diario. Los que pudimos mantenernos a resguardo lo hicimos, gracias a poder mantenernos en teletrabajo y contar con los medios para ello, pero, en derredor, el grueso de la población ha venido viviendo una verdadera tortura, al tener que sobrevivir en un abandono total, excluidos de bonos o canastas, empobreciendo en medio de la despiadada acción de los acreedores, la banca o el retail usurero, monopolios de servicios públicos en manos privadas, y el propio Fisco, exigiendo el pago de contribuciones. Una pesadilla para la clase media, con hipotecas o prendas, en proceso de ejecución e inminentes remates de la casa propia. La indolencia del capitalismo salvaje ha mostrado su peor cara, la ayuda que no ha llegado, la cesantía, las deudas que siguen asfixiando a los sectores medios, mientras el gobierno, sin hacerse cargo de la crisis, con una burocracia inepta y despiadada, entrabando la mezquina ayuda.

Cientos de miles de familias, sin calificar para ningún socorro del Estado, debiendo recurrir a sus propios ahorros, administrados por las AFP, que se han resistido a que los trabajadores puedan acceder a sus dineros. En ese juego de máscaras, el Presidente de la República ha querido tozudamente bloquear los retiros, pero sin gestionar una ayuda directa a las familias, que configurara una renta mínima universal, que llegara a todos los hogares. Siguió, obsesivo, intentando imponer su autoridad, queriendo reactivar los negocios, sin respetar las medidas que recomendaba el Colegio Médico o la Mesa Asesora Covid, sin escuchar a nadie. El tercer retiro contó con amplísima aprobación y, porfiadamente, el Presidente Piñera envió el proyecto de ley aprobado por ambas cámaras, al Tribunal Constitucional. Este organismo terminó sepultando al gobierno en su propia salsa. Dejó a Sebastián Piñera Echeñique en su peor soledad, con sus aliados tomando distancia del buque en zozobra.

En una vorágine que iba mutando escenarios, la gente está preparándose para retirar el tercer 10% de sus fondos previsionales, lo que se espera como un oxígeno para la recesiva economía. En este último período la política se centró en el trámite parlamentario de ese proyecto de ley, pero el siguiente lunes, todo se focalizó en el desastre político que para la derecha ha significado el fallo del TC, que no admitió ni siquiera a trámite la presentación del Ejecutivo, lo que habla de impericia, improvisación y ceguera política.

Como esto es un huracán emocional, las encuestas lo han reflejado. Pamela Jiles, si no autora, sí locomotora de los retiros de fondos de las AFP, se ha erguido con un 54% de aprobación en la “reina de la encuestas”, la CEP, Centro de Estudios Públicos, lo que la posiciona como una lideresa popular en la carrera presidencial. La sigue Izkia Siches, Presidenta del Colegio Médico, con un 49% de aprobación, quien ha enfrentado duramente la mala política sanitaria de Piñera. Sintomático que sean dos mujeres las mejor evaluadas.

 

La calle, los “sin monea”, “los nietitos”, como los llama la “Abuela”, se ven reflejados en la mediática parlamentaria que dirige como Naruto las huestes contra Piñera y la clase política.  Paralelamente, corre  Daniel Jadue, que estaría representando a la alianza Frente Amplio, Partido Comunista, con un 24%. Pero todo esto ha sido una fotografía de un momento histórico: Piñera alcanza un 9% de aprobación y un 74% de rechazo, lo que evidencia un Presidente inexistente.

 

La emoción que se siente en la calle, en los barrios asediados por el narcotráfico, es que allí no hay Estado, pues los Carabineros han abandonado a las poblaciones y sólo llegan para reprimir. Un Estado que ha sido corroído por la corrupción, genera una sensación de impotencia, rabia, ira contenida como en una caldera a presión.

 

Hemos vivido en medio de esta crisis por año y medio y la única opción que tenemos de caminar hacia un cambio es asegurar la Convención Constitucional. El 26 de octubre de 2020, un 80% de los votantes dijeron que no querían a los políticos redactando la nueva Constitución. Sin embargo, los monos porfiados de la clase política se resisten a salir del juego y  usando la letra chica, en su clásico estilo artero, siguen intentando camuflarse de demócratas, demostrando, en los hechos, que su única intención siempre ha sido flotar, mantener sus cuotas poder, bloquear los cambios y proponer un maquillaje. Su acción mediática les permite una actuar hegemónico, pese a su paupérrima adhesión popular.

 

 La pandemia hizo posponer el plebiscito de abril a octubre. Íbamos a votar el 11 de abril, la postergación de nuevo, por 5 semanas. En los episodios recientes se vio la ineptitud, la avaricia, la evidencia de un  jefe de Estado que ha faltado a su deber de proteger a los habitantes de  Chile. Entender lo que se juega a cada minuto, sería enmendar drásticamente la gestión de la Presidencia, que cuenta con las facultades para las iniciativas legales que impliquen gastos o impuestos.

 

Pero, no se le va a dar fácil al Presidente, sus colaboradores y amigos. Un cerco jurídico va cerrándose en torno  a Sebastián Piñera:

·         Dos Comisiones Investigadoras de la Cámara de Diputados han investigado los errores y negligencia en su manejo de la pandemia y su actuación al Dictar el Decreto N°77 que favoreció directamente  a Casinos Enjoy, en donde su fideicomiso ciego, tendría conflicto de intereses.

·         En la comuna de la Cisterna, el abogado Luis Mariano Rendón y la Arquitecta Lorena Meneses interpusieron acción judicial contra Piñera y Paris, por su gestión irresponsable en el desconfinamiento de la Región Metropolitana.

·         Y, en lo que sería la denuncia más grave en su contra, el Juez Baltazar Garzón y Comisión Chilena de DDHH,  acusaron al Presidente Piñera ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad, en acción interpuesta contra él y sus colaboradores, policiales y militares, por la serie de violaciones a los derechos humanos y las acciones de encubrimiento jurídico que ha desplegado en el sistema judicial y las policías.

 

Escribo esta nota en momentos en que Piñera llamó a desayunar a las mesas del Senado y la Cámara de Diputados, mientras  las protestas cunden. Hoy, 30 de abril,  ha habido una Huelga Sanitaria Nacional y Duelo por las víctimas de la pandemia. Un gobierno que, teniendo los medios, se ha negado a una ayuda directa a las familias, a la vez que ha sido generoso en proteger a los grandes grupos económicos, coloca la percepción ciudadana en el límite de lo tolerable. Resignarse, a 10 meses del término de su mandato, a entregar una ayuda efectiva mediante una renta universal  de emergencia para 90 días, que permitiera una cuarentena efectiva para frenar la pandemia, podría ser un camino de acuerdo cupular entre los partidos y el Ejecutivo. Pero, mientras se conversa de esto, el gobierno comienza a soltar la mano en el confinamiento de varias comunas, para que el mercado aproveche el Día de la Madre del 9 de Mayo. Todo esto, podría afectar, una vez más, lo importante para la ciudadanía, como lo es la elección de constituyentes.

 

El chantaje emocional de potenciales escenarios peores, significa que Piñera siga ignorando la explosión social de octubre, refiriéndose a ella con un negacionismo que busca criminalizar las protestas y usar el miedo como arma disuasiva. Pero, el pueblo sencillo y de a pie, siente que ya ha tocado fondo y confía en que, en las elecciones próximas, de constituyentes, gobernadores, alcaldes y concejales, podrá expresar su voto castigo a los partidos de la ex Concertación y de Chile Vamos. Los partidos tienen apenas un 2% de las aceptación ciudadana.

 

Hay una incógnita y es la gran duda respecto a ese casi 60% de abstención histórica, que si se decide a votar podría dar una gran sorpresa. De cualquier forma, votar en medio de una pandemia será una epopeya, con todos los medios oficiales generando desinformación, con millonarias campañas de los que estuvieron por el Rechazo, pretendiendo el tercio que les permita frenar los cambios profundos.

 

Desde lo social, el mundo independiente, que representa el 95% de la población, que no milita en partidos políticos, ha articulado listas por diversos movimientos. Las fórmulas de cifras repartidoras, se dice, favorecerán a los partidos, pero, al conocer la mística de los movimientos sociales, como la Lista del Pueblo, Apruebo Dignidad, Constituyentes a Toda Costa, por el Buen Vivir, entre otros, permite esperar una gran sorpresa en términos de votación, con una gran participación de jóvenes que darían gran respaldo a los candidatos constituyentes de raigambre social y territorial.

 

Podrán decir que lo que afirmo es una emoción de esperanza, una expresión de deseo. Bueno, puede que sea así, ya lo dije al principio de esta columna, escribo desde las emociones, como sino de los tiempos.

 

Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 30 de abril de 2021.


Una mirada libre a nuestro entorno

sábado, septiembre 12, 2020

Septiembre, esquivando mentiras

La conmemoración de cada septiembre resulta un durísimo trance, en el que se debate esa verdad  callada, que se mantiene viva y doliente en la Memoria Ciudadana y esa otra,  Pos Verdad o Negacionismo oficial, que busca disfrazar el terrorismo de Estado detrás de llamados de unidad,  en los cuales la élite dominante, blindada en pretorianos funcionales al poder, siempre llama a  deponer la violencia, que en su concepción significa deponer toda acción de protesta y aceptar los abusos como esclavos sonrientes.

 Este año, a los 47 años del golpe militar, se ha configurado una situación especialmente compleja, por estar latente el estallido social de octubre, se ha rebasado la capacidad de aguante de más del 80% de los chilenos y se está cruzando una peligrosa pandemia, en cuya gestión, los intereses políticos y económicos han primado sobre la salud pública y el sentido común. 

 La fuerza mediática del oficialismo y los grupos económicos, ha sido, en gran medida, equilibrada por el peso comunicacional de las redes sociales, lo que se ha dado, por lo menos, en las capas medias, con una explosión de conversaciones ciudadanas. Se ha generado una diáspora de expresiones políticas, coincidentes en lo medular, pero con determinados acentos diferenciadores, que han ido dando forma a un conglomerado diverso y plural  que está por un cambio de sistema, pero sin colgarse de la etiqueta de ningún partido en particular. 

Es que  la sociedad civil  ha recuperado soberanía y la política se ha comenzado a gestar desde ella, como consecuencia de la pérdida de legitimidad de los partidos políticos, cooptados por el sistema, focalizados en mantener sus cuotas de poder como un verdadero oligopolio político, y que han sido incapaces por 30 años , de levantar un proyecto alternativo al modelo neoliberal, con una responsabilidad histórica en la agudización de la desigualdad que vive la sociedad chilena. Esta certeza de entender que la clase política es parte del problema se evidencia transversalmente en la bajísima adhesión popular que tienen los partidos y los políticos rostro de las coaliciones. 

En este mes de septiembre de suman hechos que han sido señales o ensayos de parte del gobierno, de su profundo interés por frenar la expresión soberana de la ciudadanía. El paro de los camioneros, las declaraciones de Longueira de ir por el Apruebo o de Lavín de ser "social demócrata", el intento de pasar por el Congreso leyes en contra de las libertades públicas, el tratar de escamotearle al pueblo la canción "El Derecho de Vivir en Paz", del mártir, Víctor Jara, son evidencias de la bajeza y desesperación que vive la derecha, mostrando su rostro más tenebroso. 

Existe una acción transversal en el Estado para crear condiciones que puedan justificar la suspensión o nueva postergación del plebiscito del 25 de Octubre. El manejo de la pandemia se está llevando en base a consideraciones políticas, antes que por criterios sanitarios. La táctica dieciochera ha buscado generar una falsa sensación mejoría de la pandemia, en circunstancias que los médicos y especialistas han hecho ver que un rebrote podría ser fatal para miles de personas, dado el nivel de saturación y agotamiento del sistema asistencial. 

En términos de sentido común, un alto porcentaje de la población descree de los mensajes oficiales y por eso, en la medida de sus posibilidades, insiste en mantenerse en confinamiento, sin arriesgar o arriesgarse a un contagio, con visitas a familiares, ni menos enviar a los hijos a clases presenciales. En términos legales, requiriendo aprobación del Senado, el Presidente ha prorrogado una vez más y por tres meses e Estado de Emergencia Sanitaria y la percepción ciudadana es que lo que se busca es impedir que las personas puedan llegar al 25 de Octubre en buen estado de salud, como para participar en forma contundente en el Plebiscito del 25 de octubre. 

Está, además la desconfianza natural frente a instrucciones contradictorias del Ministro Paris y del vocero Jaime Bellolio, respecto a los protocolos de visitas para su "Fondéate en Casa". Por último, el gobierno sigue en sintonía distinta, alejada de la realidad real. Con un Presidente que le habla al Virus y le pide irse de Chile. Algo parecido a lo que dijo Mañalich, al inicio del cuento, cuando sugirió que el virus podría mutar y ponerse buenito. 

El punto es ¿Hay algo que celebrar este año calamitoso, donde el manejo del gobierno ha sido de desprotección de la vida en pro de los intereses económicos? ¿Alguien va a celebrar si hemos tenido una cifra reconocida de 14 mil muertos por la pandemia? ¿Alguien quiere celebrar algo si el desempleo ha arrasado a millones de familias chilenas, sin que nadie les entregue una ayuda efectiva? 

En medio de esta sensación, lo único que ha salvado a mucha gente es la solidaridad auténtica que ha surgido de las organizaciones poblacionales de base, de las Juntas Vecinales y clubes deportivos, que han montado miles de ollas comunes. Y, una vez más pretendiendo subirse por el chorro, el gobierno y su comité creativo inventan una Teletón, desempolvando la táctica sensiblera de siempre como una excelente forma de eludir impuestos,  para ayudar supuestamente a los Adultos Mayores, a los mismos a quienes el gobierno negó hasta el último minuto, un acceso a sus fondos previsionales. 

En este recuento, cruzando Septiembre, un 80% que está por el Apruebo, más allá de la legitimidad que tuvo el Acuerdo político que abrió esa salida, necesita esquivar la mentira oficial, cuidarse y reflexionar en los grandes objetivos que se debe alcanzar para desmontar los enclaves dictatoriales de la Constitución del 80 y poder  redactar con intervención de un pueblo soberano en permanente movilización cívica, desde sus hogares,  un texto constitucional nuevo que conforme un marco de principios fundamentales para caminar hacia un nuevo Chile.  

Periodismo Independiente, 12 de septiembre, 2020.

 Una mirada libre a nuestro entorno

miércoles, junio 17, 2020

La genuina solidaridad es el camino

Tres meses de Conversaciones por la Vida, en medio de la Pandemia.

En el desarrollo de la emergencia sanitaria por la pandemia del Covid-19, he podido desplegar como Periodismo Independiente, Conversaciones por la Vida, un fructífero espacio de diálogo ciudadano que, usando la conectividad que ofrecen las redes sociales, ha permitido dialogar con compañeros de ruta, ciudadanos de diversas latitudes, constituyendo un punto de encuentro para tomar el pulso a la realidad, cruzando ideas, emociones, aprehensiones y expectativas, en medio de esta catástrofe que nos golpea, y soñando en forma colectiva formas de sobrevivir a ella.

Creo que se ha dado en la sociedad civil, la misma que mayoritariamente se había movilizado durante la explosión social de Octubre, una acción instintiva de acercamiento y reconstrucción del tejido social. Al inicio de este año un amplio porcentaje de la población cifraba sus esperanzas en el plebiscito del 26 de abril, que abriría el proceso constituyente hacia una Nueva Constitución realmente democrática. La pandemia permitió al gobierno reagrupar fuerzas. Se pospuso el plebiscito para el 25 de Octubre. El desafío es evitar que el poder niegue, de cualquier forma, esta ruta legal ya fijada.

En este período que cubre prácticamente tres meses, se han roto, afortunadamente, las burbujas de individualismo, competencia salvaje, para dar paso a un ánimo gregario de colaboración, de desideologización y de sentido común.

Los ciudadanos, en general tildados como “enemigos” por una autoridad que se ocupó en el verano, prioritariamente, de reforzar el equipamiento represivo del Estado, hemos actuado desde el sentido común, conocida la tragedia que la pandemia había provocado en Italia y España. A partir de marzo, gran parte de la población, con una relativa capacidad para afrontar la crisis económica que se agudizaba, se confinó en teletrabajo y en cuarentenas voluntarias, para evitar los contagios, como una acción lógica frente a las medidas incoherentes con que el gobierno, desde los Ministerios de Interior, Hacienda y Salud, conducía la crisis.

Jaime Mañalich, conducía la lucha contra la pandemia apostando a la inmunidad de rebaño, sin aportar recursos a la prevención del contagio. Incoherencias, verdades a medias y mezquindad, se fueron mostrando a medida que avanzaba la crisis. Chile perdió así tres meses de ventaja, al estar en el último lugar del mundo. La presión de los grupos económicos se hizo sentir: lo primero era la economía. La primera ayuda a los más pobres fue mezquina, por debajo de la línea de la pobreza, apenas $65000, menos de 80 dólares por persona estratificada. ¿La ayuda a las pymes? un volador de luces, ya que, en vez de usar a CORFO o SERCOTEC, los recursos fueron inyectados a la banca, sin fijar ninguna condición de tasa para que ese crédito llegara a los sectores medios, todos al borde de la quiebra.

Sin ningún soporte de datos, se habló de meseta y se publicitó la nueva normalidad, algo que recién se ensayaba en Europa después de dos meses críticos y trágicos. A poco andar se pasó de la nueva normalidad al retorno seguro. Una improvisación más, cuando la escalada recién se iniciaba. Señales contradictorias: el Ministro de Educación quiso reanudar las clases a fines de abril, otra Ministra invitó a compartir un café, una instrucción presidencial forzó a los empleados públicos a volver al trabajo presencial, un Alcalde abrió un mall. La gota que rebasó el vaso fue el reportaje de CIPER, ue demostró que el Ministerio de Salud había entregado cifras distintas a la OMS y a la opinión pública, en sus entregas matutinas. Una diferencia de más de 2 mil fallecimientos terminó por tumbar al contumaz Ministro Mañalich y sus verdades a medias.

En su conducción de la crisis se negó con contumacia la entrega de información de los enfermos por comuna a los Alcaldes, lo que impidió trazar los contagios. Esta negativa afectó a Alcaldes de la coalición de gobierno que están hoy entre las comunas con más muertos. La excusa fue que la oposición podría malusar la información perjudicando al gobierno.

La opción temprana de una cuarentena obligatoria se descartó tozudamente, seguramente, porque el gobierno sabía que ello habría demandado entregar a las familias una ayuda real y oportuna, lo que habría significado medidas de Estado que contrariaban al modelo y su Constitución.

Es así como se rechazó la posibilidad de que parte de los ahorros de los afiliados en las AFP, pudiesen disponerse para pasar la crisis; se negó extender el postnatal; se ayudó sí a LATAM a través del Banco Estado, el mismo que denegaba casi la totalidad de créditos FOGAPE para la pequeña y mediana empresa.

En otra improvisación, el gobierno anunció el reparto de 2,5 millones de cajas de alimentos y artículos de limpieza para la población más pobre, de acuerdo a registros de estratificación social. ¿Nadie le dijo al Presidente que eso era logísticamente imposible? Para rematar la falta de escrúpulos, se confeccionó un instructivo para que, mediáticamente, la entrega de las “cajitas felices” -así llamadas en RRSS para relacionarlas con las que daba LATAM a sus pasajeros- tuviese un efecto propagandístico para el Presidente. Descubierto el hecho, la vocera Karla Rubilar se inculpó totalmente del despropósito.

Recién después de la tardanza en hacer llegar la ayuda, el poder central se resignó a tener que trabajar coordinadamente con los Alcaldes, pero el tiempo transcurría y la pandemia cundía fuera de control. El viernes 13 de Junio se produce el cambio de Ministro de Salud, ingresando a la conducción de la pandemia el Dr. Enrique Paris, siendo integrados a la mesa los especialistas que ya en marzo habían pedido corregir el manejo de la crisis. El corolario de este período ha sido un acuerdo cupular, con un reducido número de partidos, que de suyo arrastran una falta de adhesión cercana al 2%, otro acuerdo de espaldas a la sociedad civil, que ha buscado llevar una ayuda a las familias chilenas. Se ha decretado cuarentena total en comunas que lo venían pidiendo hace dos meses y se proyecta un período llamado de hibernación, con confinamiento total obligatorio, toque de queda y Fuerzas Armadas custodiando el país. Como la reporteara el periodista Rafael Marín, de Veracruz, Méjico, un tufo a dictadura se percibe como un efluvio plomo que apronta escenarios oscuros para la sociedad chilena.

En Conversaciones por la Vida, el académico Jorge González Moya, Presidente de la Academia de Diálogo Ciudadano, señaló que esta pan-demia ese ha convertido en una sistemia, entendiendo por tal una enfermedad que abarca todo el cuerpo social, donde lo sanitario ha dejado en descubierto las perversidades estructurales del modelo neoliberal, en salud, educación, economía, la desigualdad estructural y el desprecio por la vida.

En esa línea de análisis, la Doctora Juanita Fernández, ex Presidente del Departamento de Derechos Humanos y Medio Ambiente del Colegio Médico, Regional Valparaíso, parafraseando a la filósofa Hannah Arendt, señaló que en las acciones de este modelo neoliberal, enfrentamos al fascismo y la banalidad del mal, con una clase dominante que se rodea de una burocracia parásita que, en forma obsecuente, sigue, sin ningún parámetro ético o moral, las acciones depredadoras sobre las personas y el medio ambiente que ordenan los grupos fácticos que tienen el poder real, queriendo dominarnos con su cultura de la muerte, que esbirros y pretorianos, siguen sin la más mínima autocrítica.

En medio de la crisis, persiste a mega sequía, se mantiene el agua en manos privadas y el panorama se agudiza, ya que, en medio del confinamiento social, los poderes fácticos siguen actuando y, en denuncia ciudadana de MODATIMA, se comprobó que se sigue autorizando proyectos mineros que ponen en riesgo ambiental a localidades como Putaendo. El gobierno no ha variado un ápice su postura de defensa de los intereses privados y ha pasado por encima de las legítimas demandas por el Derecho al Agua como bien de uso público. En medio de la pandemia, extensas comunidades no tienen agua para lavarse las manos.

Como una definición del intento premeditado de adulterar la verdad y de procurar imponer la pos verdad, la Doctora Fernández Álamos, señaló que Chile sufría un gaslighting de la clase política, lo que se entiende como la manipulación perniciosa para hacer dudar a las personas de su propio criterio. Se entiende esto como el negacionismo y la promoción de una amnesia colectiva respecto a la historia, se enfrenta una comunicación de masas, por medios que son de propiedad de los grupos dominantes, la cual relata y difunde realidades ficticias, contrarias a lo que estamos viviendo, palpando y sintiendo, lo cual es un intento propio del fascismo, el stalinismo y todos los “ismos” que atentan contra la humanidad y la naturaleza.

La situación de empobrecimiento y desprotección, ha sido acompañada, además por un sector de la población que, generacionalmente, se ha formado en el modelo educacional del sistema y por ello tiene una visión centrada en el yo, con incapacidad de pensar en el otro, de conjugar un nosotros, de dolerse ante el dolor del prójimo. Esta indolencia, en parte, ha explicado esas fiestas clandestinas que se dan en medio de una situación macabra, con personas vulnerables muriendo en las calles o en espera de atención que no llega. Esta situación refleja la crisis moral profunda del modelo individualista y del sálvese quien pueda que aplican en sus relaciones humanas, un sector importante de la población.

Existe, a partir de los factores anteriores, un grave riesgo de enfermedad mental, en cuanto las personas, sometidas al rigor de situaciones extremas y profundamente dolorosas, física y espiritualmente, puedan caer en lo que la Psicología Clínica denomina Desesperanza Aprendida. La desesperanza aprendida, también llamada indefensión aprendida, es la condición de aquel que se comporta pasivamente porque así lo ha aprendido. De esta forma, esta persona piensa que no puede hacer nada ante todo tipo de situaciones adversas, cuando en la mayoría de ellas sí podría sobreponerse. Se trata de una persona que baja los brazos frente a la adversidad y pierde toda capacidad de resiliencia, es decir capacidad de superar situaciones traumáticas. De acuerdo al Psicólogo Ángel Bustos Balladares, participante de Conversaciones por la Vida, esta enfermedad mental deja a las personas a pasos del suicidio.

La solidaridad sincera, surgida de la propia sociedad civil empoderada, que ha vuelto a retomar las ollas comunes, las juntas vecinales, los colegios profesionales, es lo único cercano que puede evitar que, como sociedad, nos precipitemos en la tragedia de multitudes de desesperanzados aprendidos, que caminen cabizbajos a su autodestrucción. La solidaridad desde las comunidades, de los pueblos originarios, de las capas medias, de los creadores, los científicos, los héroes anónimos de la Salud, que resisten la sistemia y recrean nuevas utopías, desde la realidad de una pobreza digna, parece ser la respuesta colectiva para tomar las riendas de nuestro destino como sociedad, en toda su diversidad plurinacional.

Es lo que se ha vivido en estos res meses de pandemia, con un gobierno que ha pretendido tapar el sol con un dedo, para defender el sistema neoliberal a toda costa, siendo los seres humanos un factor descartable en la ecuación de sus mezquinos intereses.

Hernan Narbona Veliz Periodismo Independiente, 17.06.2020.

 






Una mirada libre a nuestro entorno

miércoles, abril 22, 2020

POS PANDEMIA: una reflexión necesaria.


Chile: el enemigo cruel y despiadado que no respeta nada ni a nadie, es el modelo.

Estamos inmersos en medio de una pandemia planetaria. El Covid-19 ha precipitado el derrumbe de EEUU como superpotencia hegemónica. Somos testigos distantes de una carrera por el poder mundial, cae la institucionalidad de Bretton Woods; Estados Unidos retira su aporte a la OMS; China, Rusia y la India lideran el surgimiento de un nuevo orden monetario internacional que estará centrado en el patrón oro, dejando atrás la preponderancia del dólar norteamericano. Estamos viendo cómo emerge un nuevo sistema multipolar en las relaciones internacionales, con nuevos equilibrios y alianzas, en cuanto a poder militar. Vemos cómo la era del petróleo parece llegar a su fin. El mundo se ha detenido por meses y los automóviles y aviones no están funcionando. La globalización hace agua. Observamos una vuelta a los nacionalismos y una redimensión de los procesos de integración como refugio de sobrevivencia, en donde la institucionalidad generada en Europa, se ha demostrado frágil y burocrática para un actuar cooperativo en medio de la pandemia.

Economías desarrolladas han mostrado su fragilidad estructural, por la precariedad de sus servicios de salud, por la marginalidad de enormes conglomerados que no tienen acceso a la salud, toda vez que ésta ha sido manejada como un negocio y, por ende, como un privilegio para los que tienen dinero. La pandemia ha dejado en desnudo la debilidad de la red social de Estados Unidos, al convertirse en el país con más víctimas fatales por la pandemia y con un manejo de crisis cruzado por incoherencias entre el poder central y los Estados.

En esta crisis, la lección aprendida a sangre, es que debemos actuar como una comunidad interdependiente, no como individuos independientes, por lo que el paradigma neoliberal de crecimiento sin límites, está dando paso a ese concepto clásico de desarrollo sustentable, que el dogmatismo neoliberal estigmatizó como populismo o estatismo. Los países están aprendiendo que los valores de dinamismo económico y eficiencia deben centrarse en el hombre y la naturaleza, incorporando los valores sociales de solidaridad, equidad, responsabilidad y compasión.

El sistema capitalista global, con su pretendido gobierno supranacional y la jibarización del Estado como ente máximo de la sociedad, está desmoronándose, porque el planeta afectado por el calentamiento global ha puesto un freno drástico a su codicia depredadora. Se ha vivido una verdadera prueba de la capacidad del capitalismo para aplicar eficazmente la responsabilidad social de las empresas. En este aspecto, en el recuento pos pandemia, habrá que evaluar a los gobiernos por sus decisiones oportunas y correctas; del mismo modo, cuando pase la pandemia, las empresas que se mantengan vivas, serán las que de verdad sintonizaron con la tragedia planetaria y actuaron con verdadera responsabilidad social, lejos de la especulación y el oportunismo agiotista. La prueba ética que se aplicará, será preguntar por lo que hicieron para atravesar la pandemia, cómo trataron a sus trabajadores, a sus proveedores y a sus clientes, si supieron dejar de ganar o incluso aceptaron perder, procurando mantener vivo el cuerpo social que constituye cada empresa, priorizando aportar comprometidamente para salir de la peste. Los especuladores, que sólo vieron en la crisis nuevas oportunidades de negocios, no pasarán la prueba y serán castigados por el rechazo colectivo de la ciudadanía consciente. Ese capitalismo salvaje no tendrá espacios en la pos pandemia.

En términos de relaciones económicas internacionales, el paradigma de los no alineados, las posiciones tercermundistas en el marco de la guerra fría, fue desmantelado desde hace 30 años, por políticas públicas que abrieron de par en par las puertas a la inversión extranjera incondicional. En ese empeño, el poder corporativo contó con la anuencia de conspicuos y aggiornados social demócratas, bendecidos con blasones académicos por los centros ideológicos del poder mundial. El neoliberalismo tronchó, en alianza con el golpismo, los sueños de generaciones de trabajadores y campesinos que vieron morir, a fuerza de bayonetas y persecución, sus sueños y derechos históricamente conquistados.

En el plano religioso se desmantelaron los evangelios y la teoría de la liberación, que proponían una vida religiosa humanista que luchara por la justicia en este mundo, sin hipotecar la felicidad a cambio de paraísos futuros. La Teología de la Liberación fue un enemigo ideológico, igual que el marxismo.

La concreción del modelo neoliberal ha significado que el pueblo quedara a merced de los medios oficiales de comunicación y del materialismo opresor. Todo este proceso, que alcanza ya el medio siglo, pesa como aquella marca numérica de los campos de concentración para el holocausto, en el número de rol de cada habitante de este país. Concebidos como consumidores en vez de ciudadanos, impactados en nuestras vidas por decisiones que maneja un poder cupular, la plutocracia o poder de los ricos, que ha controlado y reducido los márgenes de acción del Estado Republicano, que conocimos a partir de la revolución francesa.

Si bien cuesta generar una síntesis que pueda explicar el fenómeno político, económico y social que estamos viviendo, la sensación es que estamos en una loca vorágine que nos lleva por el borde de escarpados precipicios. Es estar conviviendo con una sensación de término de lo viejo, que no da paso a lo nuevo, porque se van superponiendo, a cada instante, los hechos, disruptivos, multifacéticos, sin que exista reposo para su análisis, sólo esta imperiosa necesidad de vislumbrar un camino correcto en medio de una niebla arrastrada.

A cada instante, los noticieros fluyen sin permitir segundas lecturas. Es el ranking de fallecidos por la pandemia, cifras imprecisas y quizá manipuladas por el poder. Una sensación de estar en el ojo del huracán, aferrados a lo único sólido e imbatible que crees tener y de donde te aferras para tratar de vislumbrar la luz al final del túnel. Se vienen tornados, plagas de langostas, volcanes agitados, matanzas demenciales de un solitario criminal; el virus que ha migrado en zoonosis desde los murciélagos, que mata en pocas semanas, que es asintomático, que reduce tus expectativas a la sobrevivencia en un claustro. En medio de esta sensación de derrumbe global, con la certeza de que nada volverá a ser igual, vas elevando diálogos virtuales, te juntas con otros poetas para estrujan de los versos la esperanza, intercambias memoria viva con compañeros de ruta, usando plataformas virtuales, quizá lo único útil que nos heredará la globalización que se desmorona.

El orden mundial que termina

Así vamos, como en reloj de arena, entendiendo que las redes sociales pueden desaparecer, que son finitas, que dependen de decisiones políticas de planos inalcanzables para nuestra realidad; de la energía eléctrica, de que funcionen las centrales generadoras y de tener el dinero para costear el servicio. Entendiendo a golpes que el Estado Neoliberal está imposibilitado de asumir el deber de sobrevivencia de las mayorías, porque está castrado de sus deberes fundamentales, como lo son proteger su población y su territorio. Que, en el derrumbe global, la economía chilena, tal como está concentrada y concebida, difícilmente será capaz de pasar a un nacionalismo económico, a un Estado Responsable, que el capital siendo apátrida buscará migrar hacia sitios o instrumentos de resguardo, que la vida en esa lógica no importa, que cuesta asumirnos como un país pobre, después de haber vivido el espejismo de ser jaguares.

La globalización ha sido el imperio del poder corporativo multinacional por sobre los Estados, generando un sistema productivo global que condenó a roles menores, como proveedores de materias primas y commodities a países como el nuestro. Y, en los mercados de capitales, se generó una economía financiera virtual, parásita de la economía real, que manipula los mercados y ha llevado al mundo a recurrentes crisis financieras en donde los únicos que han ganado han sido los especuladores que cohabitan en ese templo oscuro del poder mundial del dinero. En esta pandemia, el modelo globalizante ha tocado fondo y lo que le sobrevendrá será un retorno a un período de economías cerradas, en donde lo países buscarán el refugio de espacios económicos ampliados y amurallados, es decir, una redimensión de los espacios de cooperación regional y complementación productiva, alimentaria y energética. En los noventa se proponía el modelo de regionalismos abiertos, apuntando a la complementación de procesos productivos entre países miembros de la ALADI. Se generaron instrumentos de comercio compensado, que ahora habrá que desempolvar. La integración regional propuesta, iba más allá de la retórica reminiscencia a los padres de la patria, constituyendo un proyecto de futuro, que fue diezmado por el avance de la globalización y los acuerdos internacionales como el de Marraquech que dio nacimiento a la Organización Mundial de Comercio. El Estado Nación debió subordinarse a lineamientos globales y terminó funcional a esos intereses foráneos, supranacionales, abandonando su rol regulador y promotor de la industria nacional, para convertirse en instrumento de defensa pretoriana de los intereses de unos pocos poderosos locales, aliados a fuerzas similares de carácter global.

Las personas y las familias chilenas estamos asumiendo, en esta pandemia, más que nunca antes, la desprotección y el desamparo. Corroborando en la incertidumbre cotidiana lo que la explosión social de Octubre había dejado en descubierto: que para el chileno de a pie, el enemigo cruel y despiadado, que no respeta nada ni a nadie, es el modelo neoliberal imperante.
Chile después de la pandemia

Por casi 50 años nos inculcaron el individualismo exitista y nos vendieron como oropeles, que vivíamos en un oasis, en un espejismo de bienestar. Que, cuando todo eso se derrumba ante nuestros ojos, nos sentimos huérfanos; que sabemos que no volveremos a vivir en el mundo que conocimos; que  no hay caso de resistirse al cambio en ciernes; que el hambre golpea a amplios sectores que han caído en la cesantía más cruel, ésa que te deja pobre y desnudo, creyéndote aún de clase media; desolado porque el tejido social de acogida o soporte casi no existe, que recién se comienza a reconstruir lo gregario; que el individualismo y el sálvese quien pueda han sido el síntoma de una enfermedad social peor que la pandemia, que nos pega hoy más fuerte que el Covid-19.

El sueño de clase media, de la casa propia, del título universitario, del automóvil, del buen colegio para los hijos, de vacaciones, de pertenencia social a través del dinero que permita seguir pagando los planes de internet, el dividendo, las colegiaturas, la tarjeta estrujada del supermercado, quedar de pronto con patrimonio negativo, dueño de nada, deudor de por vida, a la intemperie, sin plan de minutos en el celular, un paria que se cae de los computadores y que no es sujeto de crédito, la pesadilla multiplicada cayendo como balde de agua fría sobre esos amplios sectores que marcaban el paso del sistema, refunfuñando, a veces protestando, diciendo que a la próxima sí se va a levantar para votar, aunque luego no sepa por quién.

Es el caldo de cabeza que está hoy en el planeta enclaustrado y que es similar a lo que se siente en muchos países. Saber que esta conectividad durará lo que dure el dinero, porque todos sienten y saben que, si te cortan este hilo tecnológico, te precipitarás en el aislamiento sórdido, sin poder saber lo que pasa realmente, sin comunicación con los tuyos, en una sensación de agobio y cansancio que toca fondo, en medio de un aislamiento necesario, sin alcanzar los abrazos y besos que, por cotidianos, ignorabas, pero que ahora te clavan el pecho.

Morir de hambre, caer en la pobreza y la desprotección, sin dinero y con tus pocos bienes en el embargo de la usura; entender que te dejan caer, mientras ellos se aseguran sus privilegios. Todos estos sentimientos, esas percepciones extendidas como úlceras en el cuerpo social, pueden generar una acción desesperada y rupturista de toda la estantería institucional que le resta al modelo.

El Sueño Colectivo

Como ciudadanos conscientes de esa amenaza, tenemos la responsabilidad de aportar, cada cual desde su espacio y competencias, para que se canalice toda esta energía social acumulada en un proyecto que interprete con realismo el sueño colectivo. Debemos evitar que la bronca, el miedo, el resentimiento, se conviertan en violencia y anarquía, porque eso sería caer en el juego fascista, un justificativo para apelar al orden como valor primordial, imponiéndonos la paz de los sepulcros.

Hablamos de la nueva política ejercida por y desde la sociedad civil, que en forma soberana recupera sus espacios asociativos, en las escuelas, en los barrios, los sindicatos, los colegios profesionales, las agrupaciones sociales, las comunas, las regiones. El desafío colectivo de actuar con civismo responsable, para ejercer correctamente la democracia representativa, exige abrir el camino a una Nueva Constitución. Sólo mediante un proceso constituyente, como sea quieran llamarlo, se podrá cerrar el ciclo de capitalismo salvaje, presidencialismo absoluto y centralismo que nos agobia. Para pasar a un sistema electoral que permita que los dirigentes sociales sean elegibles para cargos de representación popular, que los partidos políticos puedan ser auditados y que la democracia profunda surja desde la base social. En ese caminar habrá que salvar muchos escollos, habrá mentiras oficiales estigmatizando el movimiento ciudadano, pero, con la lección aprendida, en el tiempo pos pandemia, sobreviviendo, seremos capaces de crear, con humildad, honestidad y respeto mutuo, un Chile Decente y Justo, que ponga fin a los abusos y la depredación.

Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 21 de Abril de 2020.






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