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lunes, marzo 03, 2025

Baby boomers, vitales hasta el final



Baby boomers, vitales hasta el final

Se nos ha tipificado como los baby boomers, esa generación que se define generalmente como las personas nacidas entre 1946 y 1964, durante la explosión de natalidad posterior a la Segunda Guerra Mundial.

 

Protagonistas de Dos Siglos

En los decenios de 1960 y 1970, crecimos en la guerra fría, supimos de la crisis de los misiles en Cuba, de la carrera espacial, de la llegada del hombre a la luna, del zapatazo de Nikita Jrushchov en la ONU, vivimos el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam, el papado de Juan XXIII, la ostpolitik,  las masacres de Tlatelolco y Tiananmen, la invasión de la URSS a Checoslovaquia. Fuimos parte de la Reforma Universitaria y del sueño de la vía democrática al socialismo de Salvador Allende, padecimos persecución, torturas, desapariciones, exilio. Padecimos las dictaduras de los 70.  Sufrimos la máquina de muerte de la operación Cóndor. Fuimos los que vimos caer los muros, vimos desaparecer a la URSS. Sobrevivimos al Siglo XX, luchamos por recuperar la democracia, levantamos la voz por la paz, conocimos la China de Mao y la China que después ingresó a la OMC, sufrimos por Bosnia, Croacia, Libia, Afganistán, Irak, Siria, Palestina.

Persistimos en el Siglo XXI, seguimos soñando, fuimos pioneros de las aplicaciones tecnológicas, protagonistas de la globalización y la interculturalidad, fuimos los que depusimos el machismo y caminamos codo a codo con nuestras compañeras para ganar espacios de libertad, somos abuelos con proyectos, somos bisabuelos que no cejamos en defender ideas y escribir poesía.

En general, construimos una sociedad de bienestar y hemos sido equidistantes de las ideologías fundamentalistas. En términos generacionales conocimos de la pobreza digna y tuvimos la educación como palanca de movilidad social. Nuestros padres habían vivido la guerra y eso nos hizo más proclives al diálogo y la democracia. Somos actualmente un 15% de la población mundial.

Vivimos revoluciones tecnológicas

Somos los que brincamos sucesivamente a mejores tecnologías y por ello el  trabajo a distancia o teletrabajo no nos sorprendió y entramos cómodos a la virtualidad. Recuerdo que, en los ochenta, la máquina de escribir eléctrica de punto, bulliciosa como ella sola, mandaba al museo la vieja máquina de escribir portátil. Luego vino la electrónica, silenciosa y con corrector incorporado, todas cumplieron su etapa y significaron una evolución notable en el trabajo. En los sesenta, en la Universidad, habíamos picado esténciles y habíamos editado revistas en papel roneo. En los setenta, aprendimos a picar un télex, que se enviaba tipo telégrafo a la máquina de destino. Para preparar la comunicación se escribía el texto, muy estructurado, y se picaba una cinta de papel delgada que quedaba llena de perforaciones, Después, se encendía la máquina y se conectaba con la terminal de destino, luego se colocaba el rollito de papel y se daba enviar. Comenzaba a pasar con un sonido de tren de juguete la cinta de papel y los agujeritos eran los pulsos que se trasmitían, para luego decodificarse en destino. Cuento este detalle para que los jóvenes se hagan una idea de cómo funcionaba el asunto. Las llamadas de larga distancia eran muy caras y tener un teléfono en casa era casi un privilegio.

En los ochenta el télex se mantuvo como base de comunicaciones, hasta que apareció el Fax que fue una maravilla, que permitía pasar una hoja escrita o con gráficos, o una foto, y al otro lado salía de inmediato en el equipo de fax, anunciando el proceso de recepción con unos pitos característicos. Hacia fines de los noventa vino el salto a la Internet con su hipervínculo que permitía navegar. Vinieron los portales, se abrió la era de la blogsfera y de las punto com.  Una etapa en que la tecnología era la diferenciación y a pasos acelerados se construía la globalización.

Así, década tras década, fueron pasando los discos flexibles, los videos en VHS y en Umatic, que nos servían para trabajar conferencias con ese apoyo de multimedia. De la vieja planilla de cálculo Wordstar, saltamos al Excel. De los blogs entramos a las plataformas virtuales, a los sitios web, a Facebook, Youtube, Instagram, WhatsApp y TicTok. La conexión instantánea, la conectividad en banda ancha, el 5G, siguen asombrándonos.

Colgados de la pisadera

Hemos vivido una vorágine, una gran ola, que siempre ha habido que surfear. De pronto, nos encontramos con la inteligencia artificial, con la robótica, en un debate sobre máquinas sustituyendo a las personas; con celulares que son un enorme computador de antaño, con múltiples funciones, un sistema que nos deja, al instante, en posición de seguir y participar de acontecimientos extraordinarios, como los que actualmente estamos viviendo.

Durante la pandemia, por motivos trágicos y tenebrosos para la humanidad, nuestras vidas cambiaron. Estuvimos confinados, muchos de nuestra generación quedaron en el camino. Como abuelos o bisabuelos hemos podido recién después de dos años, mimar a los nietos  o bisnietos. Gracias a esta tecnología que no deja de asombrarnos, hemos podido mantener conversaciones en familia, integrarnos a redes sociales, seguir participando en política.

Trabajar desde casa ha significado disfrutarlo, adaptándose al propio biorritmo. Combinando el trabajo a distancia con el trabajo doméstico, compartir con amigos conversaciones virtuales y mantener unida a la tribu frente a la pandemia.

Toda una experiencia, sobrevivir en tiempos de corona virus, conversando en las redes, colaborando en la vecindad y orientando a los más jóvenes, diciéndoles que hubo en la historia momentos muy duros y pudimos superarlos, lo mismo que haremos ahora, con resiliencia. Es agradable combinar el avance tecnológico con nuestra experiencia generacional, desplegar las ideas para sentarse junto al río de la vida a observar, sin prisas, como fluyeron amores y desamores, pasiones y olvidos, amistades falsas y amistades verdaderas, amores platónicos y amores de carne y hueso, fuegos idílicos y fuegos que laceran el alma.

Viviendo un cambio de era

Tenemos la consciencia de comprometernos para legar un mundo mejor a las nuevas generaciones. Al menos, parte de nuestra generación se ha resistido al individualismo que ha inundado la convivencia. Tenemos la sapiencia ganada para escarbar los vericuetos del ser, para prepararnos para nuestro propio último viaje, viaje real o quizá simple acceso al andén de una estación circular, para una partida sorprendente, vaya uno a saber. El punto es que, regresando de esas periódicas despedidas que damos a los amigos que parten, podemos sentarnos a ver fluir la vida en un ejercicio grato y necesario, con la mirada en el horizonte, abstraído en tu propia dimensión, especulando metáforas o hilando nuevas crónicas, sin sostener posiciones ni dogmas, como una veleta que se deja llevar por la brisa, sin oponer resistencia, en un ejercicio mágico de seguir adelante, sabedores de que cada paso podría ser el último, que jamás la congoja se enredará en tus bailes, que amarás con la porfía de un gladiador irreverente.

Y, en este instante de la historia, cuando vamos curtidos de traiciones y vemos cómo se derrumban dogmas oficiales, echamos mano a la palabra creativa para iluminar los caminos, esgrimiendo lo colectivo y la colaboración como quizá única opción redentora. Nos está tocando vivir un cambio de era y somos privilegiados por ello.

Por eso, pensé que era bueno dejar este tiempo para un divague, sintonizar de nuevo con los paradigmas propios, rememorar y proyectar, al unísono, con la esperanza de llegar pletóricos a ese instante final en que se apaguen las luces y la comedia continúe, pero en otra dimensión, donde partiremos desnudos, sólo con pasaje de ida.

 

Hernán Narbona Véliz  

Poeta, escritor y periodista chileno.

Valparaíso, 3 de marzo 2025




Una mirada libre a nuestro entorno

domingo, diciembre 03, 2023

Detengan la barbarie

Como un bien que a veces no atesoramos debidamente, la paz es esa capacidad de salir de nuestras casas, cada día con un nuevo afán, trabajando para pagar nuestros compromisos, para comprar en el mercado, para educar nuestros hijos, disfrutar de algún café de risas y sueños en algún recodo de amistad, y volver por la tarde al regazo con los seres queridos y encontrarlos vivos, alegres. Es la vida en paz, una situación de simplicidad que se parece al amor. Esa paz que anhelan muchos pueblos destrozados por la guerra y por quienes se estremece hoy la conciencia humana.
Es lo que le han arrebatado siquiera como un sueño, al pueblo palestino, a los miles de niños que han nacido y muerto en una pesadilla. Los palestinos aspiran, en justicia, a ser reconocidos y respetados como un Estado soberano, con una paz real, con dos Estados, Israel y Palestina, que puedan coexistir en un respeto mutuo, que erradique el odio, y donde el Derecho Internacional se respete. Pero, desgraciadamente, lo que está hoy sufriendo la civilidad de Oriente Medio, es un huracán de odios,  sirenas y pulsos metálicos de misiles, en la dialéctica perversa de una guerra de exterminio. 

 

Para entender la profundidad del dolor que sufren los civiles del Medio Oriente, he mirado mi ciudad, Valparaíso, con su colorido, con sus afanes cotidianos, con sus habitantes superando infortunios. Y me la imaginé, por un instante, ardiendo, con grandes columnas de humo, bombardeada su catedral, sus colegios, sin energía, sin agua, envuelta en una enorme catástrofe, con sus universidades y su puerto destruidos, con drones asesinando a hombres, mujeres y niños, por ser potenciales enemigos.

Cerré los ojos y me trasladé al horror de la franja de Gaza y sentí, estremecido, la dialéctica perversa de la guerras genocidas, sin respeto ni a templos, hospitales ni escuelas, en esa agresión impersonal de un juego de video, sin declaraciones diplomáticas previas, que implica el genocidio temprano, para que los pueblos tildados como enemigos, algún día, eventualmente, no puedan levantarse en armas y agredir a la potencia dominante.

 

Frente a nuestros ojos va transcurriendo este conflicto, con crueldad exacerbada, con asimetrías profundas. Gente común y corriente es masacrada, la instantánea comunicación nos va mostrando la escalada.

 

La guerra va asolando esperanzas, llega con sus vicios, sus mentiras de noblezas, con ira, con violaciones a niñas y mujeres, con ejecuciones sumarias, con torturas, con hambrunas colectivas, pestes y gigantescos desplazamientos de población. Los traficantes de armas y los mercenarios (sociedades anónimas que venden sus servicios de muerte) lucran de la logística bélica, si es necesario usar drogas para incentivar la barbarie, la disponen.

 

La guerra no es contra un enemigo uniformado, se desarrolla soterrada, sin una declaración formal, es una simple carnicería contra la población civil, donde todos pasan a ser peligrosos, con la lógica asesina de prevenir males mayores, los civiles somos un mero daño colateral. No valen los Convenios de Ginebra para los prisioneros de guerra, no habrá Corte Internacional de Justicia para los invasores, el Derecho se arrumba entre montañas de cadáveres, consecuencias de las maniobras de bombardeo y tierra arrasada. La guerra de hoy es peor que lo imaginable.

 

La guerra siempre ha estado movida por el lucro, por el control de los recursos estratégicos. Lo diferente hoy es que, cuando se luchaba contra un enemigo declarado, éste llevaba uniforme, se le distinguía de la civilidad, pero acá no, cualquier habitante con determinados rasgos étnicos, es peligroso y debe ser eliminado, por las dudas.

 

Ante la escalada de horror en medio Oriente y ante una inminente conflagración mundial, los pueblos, y especialmente los trabajadores de la cultura, debiéramos mantener una voz activa por la paz, ya que el Derecho Internacional es nuestra única protección frente a la ley de la selva imperante. Roguemos que no sea demasiado tarde.

Valparaíso, 26 de octubre 2023Una mirada libre a nuestro entorno

viernes, diciembre 01, 2023

2023 Funesto balance para la Humanidad

Diciembre es siempre de cuenta regresiva, augurando un nuevo final de ciclo.  Balances personales o institucionales. 
El 2023 ha sido un año marcado con la ignominia de un infanticidio impune en Palestina, donde más de 4000 niños han sido masacrados por los bombardeos a Gaza. Y la humanidad normaliza el terror, alienada en su burbuja de cobarde indiferencia. 
El 2023 los chilenos hemos venido conmemorando los 50 años de inicio de una dictadura fascista que mantiene sus pactos de silencio y su negacionismo.
El 2023, los escritores, los trabajadores del arte, la música,  el cine, el teatro, las bellas artes, hemos interactuado en resistencia, frente al fascismo o sionismo genocidas, levantando la creación literaria y artística contra la cultura de la muerte, de  una bestia herida, que se desmorona y desespera en su decadencia. 
El 2023 no ha sido un año para dubitativos, las urgencias de este perro mundo nos obligan a tomar partido.