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domingo, noviembre 23, 2025

¿Qué nos pasó, Chile?


¿Qué nos pasó, Chile?

Desde mi actividad periodística independiente en forma persistente, he venido analizando la realidad política nacional e internacional. Actualmente, como corresponsal del diario electrónico La Razón.cl  quiero reflexionar sobre el complejo momento que atraviesa nuestro país, en una etapa crítica que culminará con el ballotage del 16 de diciembre próximo. 

En este propósito quiero marcar algunas variables que, a mi juicio, integran las causas profundas de la crisis del progresismo en Chile y que derivan de un  contexto internacional que ha sido  disruptivo en la geopolítica global. Debo relevar el conflicto entre el globalismo corporativo neoliberal, en el cual se observan alianzas de la social democracia (PSOE) con el mundo multinacional; y, por otra parte, una tendencia nacionalista soberanista que se expresa principalmente en partidos europeos de ultraderecha y en el trumpismo como tendencia. Se ha percibido el choque de visiones en el conflicto de los últimos tres años de guerra de Rusia con Ucrania y la OTAN, donde  demócratas y republicanos al interior de EEUU toman posiciones para terminar o proseguir la guerra. El hegemón norteamericano vive su propia crisis profunda, en lo que se aprecia como la decadencia del imperio unipolar. Ese conflicto geopolítico que enfrenta a EEUU y China, la guerra comercial y tecnológica,  repercute en los países de la periferia, ya que los adversarios globales buscan ganar espacios, influyendo en las corrientes políticas internas e incluso en decisiones partidistas locales. 
La social democracia chilena lideró por 30 años a través de la Concertación y el binominalismo. Posteriormente, ha sido  el Frente Amplio el que se planteó como una nueva izquierda, pero nada hizo su gobierno para que el primer proceso constituyente fuese aprobado. Por el contrario, hicieron suyas las tesituras globales, tales como la ideología de género, resignando lo sustantivo, eliminando de su programa reivindicaciones que encarnaban una posición desarrollista, con un Estado fuerte y probo, que pudiera recuperar su rol de locomotora en la economía,  con dientes para fiscalizar y regular el sistema económico, procurando una mayor equidad. 
En la farandulización del debate político tales corrientes principistas fueron desplazadas por las pautas neoliberales y eso se plasmó en una izquierda sosa, sin convicciones, con partidos instrumentales, que no solo administró el modelo sino que lo mejoró, sirviendo a intereses neoliberales,  que fueron permeando a los partidos con episodios sucesivos de corrupción e impunidad. Huelga mencionarlos porque son vox populi.
En el marco de un cambio global hacia un mundo multilateral, nuestro país va perdiendo su margen de maniobra regional y debe enfrentar una nueva guerra fría, soportando las retorsiones de un EEUU que trata con Trump de mantener un rol hegemónico, usando la fuerza para tratar de frenar la influencia de China en el tablero global. Pero esa pelea nos tocará pues nuestro principal socio es China y nuestra posición ha sido  estratégicamente neutral.
Trump no juega con diplomacia. Esa presión política se ha reflejado en una expansión de gobiernos anarco liberales, como el de Milei, que quieren retroceder en el gasto social y vender la ilusión de seguridad, que lleva a militarizar la gobernanza y jibarizar al Estado para dejarlo como una institucionalidad inútil para conducir, regular y fiscalizar. Tras lo cual se esconden intereses neocoloniales que buscar manejar los recursos de los países del patio trasero.
El gobierno de Gabriel Boric se nutrió del  izquierdismo inocuo globalista y se viste con esas corrientes internacionales. En uno de sus primeros actos como Jefe de Estado suscribió el Acuerdo Transpacífico, TPP11,  con una claudicacion de soberanía  frente a las corporaciones multinacionales, lo cual vino a dar protección a los intereses foráneos y significó una pérdida del poder regulador que debe tener el Estado.
La ciudadanía vive en una sociedad que presenta una altísima perdida de credibilidad de las instituciones, en especial en.los partidos políticos, que se han convertido en un universo fragmentado, pragmático manejado en función de intereses propios,  antes que por principios o proyectos de país. Súmase a ello  una enorme concentración de medios y redes sociales que usan ingeniería social para manipular las percepciones de las masas.
El descontento, la desconfianza, la falta de lectura y comprensión lectora, la administración de la mentira, son ingredientes de un cóctel que emborracha el sentido común de la gente.
El efecto pendular de Chile no es racional, es visceral y producto de percepciones que son inducidas al inconsciente colectivo. Pero este fenómeno es global, porque estamos en un cambio de orden, con una nueva forma de distribución del poder mundial. Y dentro de ello, la amenaza es perder soberanía. Quienes hacen gárgaras con la seguridad son los mismos que le quitan atribuciones al Estado para perseguir la delincuencia en todas sus expresiones. Los que quieren reducir al Estado a su mínima expresión son los que venden los países a los imperios de turno. Frenar al neo-fascismo es también cerrar filas como nación para defender nuestra integridad territorial, sin vender ni hipotecar a las próximas generaciones, cuidando un país para que el pueblo sencillo, la gente de a pie pueda soñar y ser felices, rompiendo el círculo vicioso de  corrupción e impunidad.
En el complejo devenir, nuestro país debe recuperar su mirada soberana y eso solo es posible si desde la sociedad civil se ejerce un control proactivo de los representantes elegidos, que permita evaluar el cumplimiento de sus programas y promesas. El ejercicio de la soberanía popular exige conversar sin etiquetas ni dogmas sobre los caminos para mantenernos fuertes dentro de la turbulencias que se avizoran. 

Hernán Narbona Véliz 
Periodismo Independiente 
Corresponsal de La Razón.cl

domingo, junio 09, 2024

Apuntes de Guerra


APUNTES DE GUERRA
Siempre quise saber cómo vivieron mis padres su noviazgo teniendo como marco la segunda guerra mundial. Entendí lo lejano que.resultaban para ellos esos acontecimientos y lo tarde que llegaban las noticias, que eran al final una simple propaganda de los aliados occidentales. La geografía siempre ha protegido este delgado territorio al fin del mundo. Por eso, los jóvenes enamorados de los 40, en el siglo pasado, seguían de lejos esa guerra, aunque se daban corrientes locales a favor de uno u otro bando.

Ahora, siglo XXI, año 2024, somos espectadores remecidos por la avalancha diaria de noticias, con registros desgarradores del genocidio a mujeres y niños, episodios que nos mantienen en vilo, porque la escalada belicista podría llegar a la irresponsabilidad suicida de una guerra atómica.

Quizá por esa situación extrema, cuesta registrar en una columna las sensaciones límites que va revisando un analista, a medida que el mundo va estructurando bloques y se avizora un cambio en las relaciones internacionales. 

El cambio hacia un sistema multipolar, se va perfilando con un importante cantidad de Estados asociados a los BRICS ampliados, que plantean el uso de monedas propias en alternativa  al dólar, en un antagonismo estratégico con la hegemonía de los EEUU y sus aliados, principalmente el Reino Unido y  la Unión Europea. 

La tensión se va venido dando en torno a la guerra de Ucrania; la invasión genocida de Gaza que la ONU ha ordenado detener y que Israel ha incumplido; el  posible choque de EEUU  con China en torno a Taiwán; el conflicto de liberación del colonialismo francés en África. La presión de Macrón de ingresar a una guerra frontal con Rusia y la presión interna actual de los franceses para frenar esa locura y llamar a elecciones anticipadas. 

En este complejo  escenario, la interdependencia se va expresando con repercusiones sobre todo el comercio mundial, de bienes y servicios, con el surgimiento altamente probable y cercano de un segundo sistema monetario y de pagos  internacionales anclado al padrón oro, lo que se va articulando con el ingreso de nuevos países a los BRICS. 

Países periféricos como Chile, que ha apostado a comercio abierto con China, Europa o EEUU,  deberán asimilar un escenario restrictivo donde deberían defender su neutralidad para mantener un mínimo margen de maniobra.

El impacto de la guerra de Ucrania sobre Europa ha sido desastroso.  Ante la pérdida de energía barata que proveía Rusia, Alemania lleva más de 6 meses en recesión, la OTAN persiste en mantener un Estado de guerra levantando el miedo de una amenaza de Rusia a la Unión Europea. 

Los intereses armamentistas buscan Imponer una guerra permanente y su voz oficial ha buscado eliminar las voces disidentes. El intento de magnicidio contra el Primer Ministro de Eslovaquia, Robert Fico, el accidente de helicóptero del Presidente irani, Ebrahim Raisi, han sido expresiones de una guerra híbrida, que se desarrolla por interpósitos actores y acciones de inteligencia o contra inteligencia.  Entender el fenómeno de guerra no convencional significa entender que el frente comunicacional y de propaganda se juega por medios no convencionales, que de alguna manera permiten conocer de primera fuente los hechos que.van ocurriendo en los diversos espacios de confrontación.

Pese a los poderes que buscan influir a nivel global,  frente a una nueva guerra fría, es  prudente volver la mirada a una antigua política de los países del sur, los No Alineados, que puedan mantener soberanía, aportando a una paz con equilibrios donde nadie se arrogue hegemonías, con una igualdad jurídica efectiva, en respeto a la soberanía de cada Estado.

Se puede decir que estamos siguiendo una "noticia en desarrollo".  Seguimos.

Hernán Narbona Véliz 
Valparaíso, 9 de junio 2024.
Periodismo independiente 
Corresponsal Diario La Razón.cl

viernes, abril 05, 2024

Detengan la cínica Guerra


¡Detengan la barbarie!

Como un bien común, que a veces no atesoramos debidamente, la paz es esa capacidad de salir de nuestras casas, cada día con un nuevo afán, trabajando para pagar nuestros compromisos, para comprar en el mercado, para educar nuestros hijos, disfrutar de algún café de risas y sueños, en algún recodo de amistad, y volver por la tarde al regazo, con los seres queridos y encontrarlos vivos, alegres. Es la vida en paz, una situación de simplicidad que se parece al amor. Esa paz que anhelan muchos pueblos destrozados por la guerra y por quienes se estremece hoy la conciencia humana.

Es lo que le han arrebatado al pueblo palestino, a los miles de niños que han nacido y muerto en una pesadilla. Los palestinos que solo han aspirado a ser reconocidos y respetados como un Estado soberano, exigiendo que se cumpla la Resolución 181 de 1947, que dividió a Palestina en dos Estados, Israel y Palestina. Dicha resolución ha sido irrespetada persistentemente por el sionismo expansionista, que ha ido ocupando con sus colonos esos espacios, buscando la dominación total de Gaza y Cisjordania. Lo que está sufriendo el pueblo Palestino en la franja de Gaza es el exterminio metódico de su población, con decenas de miles de muertos, la mitad de ellos niños, y cerca de dos millones de desplazados a la frontera sur con Egipto. Israel ha pretendido defender y justificar los bombardeos indiscriminados en “el derecho a autodefensa”, luego de los ataques del 7 de octubre 2023. El gobierno sionista, sustentado en la tesitura teocrática de una guerra santa como pueblo elegido, ha ocultado su interés profundo de ocupar y anexar todo ese territorio para hacerse de los recursos gasíferos del litoral de Gaza, para así convertirse en el proveedor de gas a Europa, generando una ruta alternativa de suministros a lo que sería la ruta de la seda que ha venido implementando China a través de Euro-Asia.

La Guerra Cínica

Estamos en una Guerra extendida, donde Rusia está luchando en Ucrania contra una OTAN que ha buscado cercarla. Con la conducción mesurada de un Vladimir Putin frío, que ha contenido sus acciones militares para acotarlas al territorio de Ucrania. Por otro lado, en el Medio Oriente, el Mar Rojo, hay una escalada, con Israel demoliendo Gaza y Yemen torpedeando navíos con cargas para o desde Israel. Éste atacando el Consulado de Irán en Siria, enseguida, el anuncio de represalias. Una vorágine de incertidumbre cruza el mundo. Conflictos y belicosidades múltiples, la masacre terrorista de la sala de conciertos Crocus City Hall, la respuesta rusa de castigar a los autores intelectuales...

Una guerra cínica que también es mediática. Se la llama guerra híbrida, donde son milicias, grupos o ejércitos mercenarios los que actúan por cuenta y orden de los Estados, sin que exista una declaración formal de guerra. En una mirada a este instante mundial, se observa que los campos bélicos en Ucrania, Siria, el Líbano están siendo el laboratorio de ensayo de armas de enorme poder. Sin llegar al arma nuclear, es tal la efectividad de los misiles hipersónicos y de los drones, que todas las concepciones clásicas de la guerra convencional deben estar hoy en revisión; como también las aristas de la guerra cibernética, que se ha venido desplegando con uso de tecnologías de punta.

Frente a estos escenarios apocalípticos, sin embargo, es probable que el peso político de la superpotencia emergente, China, con la alianza creciente que constituyen los BRICS, probablemente, disuada a las élites de Occidente, de seguir buscando mantener el sistema unipolar de dominación mundial generado en 1947 y, quizás, se frene la escalada y entremos a un sistema multipolar de relaciones internacionales, sin un hegemón que imponga un orden neo colonial y la paz de los sepulcros, sino un sistema multipolar, más equitativo, con un nuevo orden mundial. Es probable que, mediante un equilibrio relativo entre fuertes poderes militares disuasivos, se llegue a la cordura de una paz basada en esa conciencia de riesgo de autodestrucción global.

Como humanidad, hemos presenciado impávidos un genocidio, mientras la cortina de humo de las cadenas occidentales, ha intentado frenar y ocultar el clamor de los pueblos: ¡Detengan la barbarie!

La ONU ha demostrado ser inútil, precisamente porque en ella ha existido la ficción de igualdad jurídica entre los Estados, pero, en el Consejo de Seguridad se refleja el orden de pos segunda guerra mundial, donde las potencias vencedoras se reservaron el derecho a veto, impidiendo una mínima acción internacional, que frene los bombardeos de Israel sobre Palestina. Sobrepasando todos los límites del Derecho Humanitario, Israel ha resistido la reciente Resolución que ordenó un Alto al Fuego y ha asesinado a voluntarios que entregaban ayuda de alimentos a los desplazados palestinos al sur de Gaza.

Por una Cultura de la Vida

Lejano a ese infierno, cerré los ojos y me trasladé al horror de Palestina y sentí, estremecido, la dialéctica perversa de las guerras genocidas, sin respeto a templos, hospitales ni escuelas. Un genocidio que ocurre con esa agresividad amoral e impersonal de un juego de video, sin declaraciones diplomáticas previas, como ataque preventivo, para que los pueblos tildados como enemigos, algún día, eventualmente, no vuelvan a levantarse en armas y agredir a su opresor.

La cultura necrofílica versus la cultura de la vida. Para entender la profundidad del dolor que sufren los civiles en esta guerra cínica, que nos llena de imágenes aterradoras, he mirado mi ciudad, Valparaíso, con su colorido, con sus afanes cotidianos, con sus habitantes superando infortunios. Y me la imaginé, por un instante, ardiendo, con grandes columnas de humo, bombardeados sus hospitales, sus iglesias, sus colegios; sin energía, sin agua, envuelta en una enorme catástrofe, con sus universidades y su puerto destruidos, con drones asesinando a hombres, mujeres y niños, por ser potenciales enemigos. Frente a nuestros ojos ha venido transcurriendo este conflicto, mientras la industria armamentista se congratula por sus facturaciones y es cómplice del genocidio y busca más espacios donde provocar guerras y seguir su próspero negocio. Con una crueldad exacerbada, con asimetrías profundas, gente común y corriente es masacrada, la instantánea comunicación nos va mostrando la escalada y la guerra es la coronación de la muerte, asolando esperanzas, con sus vicios, sus mentiras, con violaciones a niñas y mujeres, con ejecuciones sumarias, sembrando odio por dinero, con torturas, con hambrunas colectivas, pestes y gigantescos desplazamientos de población. Los traficantes de armas y los mercenarios (sociedades anónimas que venden sus servicios de muerte) lucran de la logística bélica y como es necesario usar drogas para incentivar la barbarie, la disponen a sus anchas. La guerra no es contra un enemigo uniformado, se desarrolla soterrada, sin una declaración formal, es una simple carnicería contra la población civil, donde todos pasan a ser peligrosos, con la lógica asesina de prevenir males mayores, los civiles somos un mero daño colateral. No valen los Convenios de Ginebra para los prisioneros de guerra, no habrá Corte Internacional de Justicia para los genocidas, el Derecho se pierde entre montañas de cadáveres, consecuencia de las maniobras de bombardeo y tierra arrasada. La guerra de hoy es peor que lo imaginable.

Ante la escalada del horror y ante una inminente conflagración mundial, los pueblos debemos mantener una voz activa por la paz frente a la ley de la selva imperante. Roguemos que no sea demasiado tarde.

Valparaíso, 5 de marzo 2024

Hernán Narbona Véliz, Una mirada libre a nuestro entorno

sábado, marzo 09, 2024

Entre el caos y la esperanza


Entre el caos y la esperanza

 

En el cine de catástrofe las primeras tomas muestran una vida que se desarrolla normalmente. La gente al trabajo, los niños a la escuela, los negocios abriendo sus locales, alguien organizando la presentación de esa mañana, muchos saludando por las redes sociales con emoticones. El inicio de un día más, una mañana cualquiera, hurgando en el celular quién cumple años ese día para no olvidar saludarlo…

Tal cual, estamos viviendo este tiempo complejo, donde estamos presenciando una guerra híbrida, cínica, que está allí, ocurriendo. Mientras dormimos, amamos o nos lavamos los dientes, en Gaza mueren niños, mujeres y ancianos en un campo de exterminio a cielo abierto; en el Mar Rojo hay combates navales, drones hunden un portaaviones israelí; en Ucrania, misiles hipersónicos de la Federación Rusa destruyen un edificio donde se reunían tropas mercenarias extranjeras y numerosos militares ucranianos y de la OTAN, de alto rango. Todo está ocurriendo, envuelto de eufemismos, frente a nuestras narices. La televisión abierta apenas incluye el tema en sus noticieros y sigue dándole con la delincuencia local, con el circo de la política, con la carencia de ética. 

En este nuevo Mundo al instante, casi en tiempo real, nos llenan de imágenes, las redes sociales. Pero hay que filtrar, la propaganda es un arma de guerra y se debe desconfiar.  Nos informamos por canales independientes, como Negocios.TV de España, Top de Impacto, Prensa Alternativa.   Sin embargo, en esta vorágine diaria, es reducida la población que entiende y asume a cabalidad el momento crítico que atravesamos como humanidad. El cambio climático ya nos ha golpeado con sequía e inundaciones; el modelo neoliberal y depredador nos ha impuesto un Estado débil que no regula ni fiscaliza debidamente. Es algo que hemos sentido recurrentemente y estamos aún en medio del duelo por la reciente catástrofe de los incendios intencionados, que devastaron Viña del Mar y el Marga Marga. 

Es cierto que, si uno se asoma a diario a los escenarios mundiales, debe cuidar la cordura. Estamos en medio de una realidad caótica. Se dice que está surgiendo un nuevo orden mundial, pero que el viejo régimen se resiste con todo para mantener el statu quo que le conviene. Se avizora un nuevo orden que sería más equitativo, multipolar, con mayor equilibrio de poder entre los actores internacionales. A partir de la expansión de la OTAN, acercando bases de misiles apuntando a Rusia,  se provocó la operación militar de la Federación sobre Ucrania; es un conflicto que se agudiza el 2014 cuando en un golpe de Estado se derroca al gobierno pro ruso de Ucrania e instala un gobierno neonazi que pide entrar a la OTAN. En este conflicto, que lleva dos años, la gran perdedora ha sido Europa, en especial Alemania, con una economía en recesión, teniendo que comprarle gas más caro a EEUU. A esta guerra se ha sumado, a partir del 7 de octubre, la ocupación de la Franja de Gaza y su asimétrica invasión y devastación genocida, con más de 40 mil muertos, la mitad de ellos niños. En la escalada, Yemen defendiendo a Palestina, ha declarado la guerra a Israel, lo mismo ha hecho Argelia. La guerra mundial está ocurriendo, tal como lo señalara hace años el Papa Francisco. Hoy Irán, Siria , El Líbano, están intercambiando misiles y drones con Israel y EEUU. Se ha entrado en un clima de beligerancia maniquea, que no deja espacios para tonalidades y se impone la fuerza por sobre la razón y el Derecho.

Un nuevo orden mundial se esboza, está por nacer, mientras lo viejo se resiste a morir y como reacción plantea una peligrosa huida hacia adelante, que extienda la guerra de Ucrania a toda Europa, como palanca de crecimiento económico para el sector armamentista de la potencia imperial, en una estrategia casi suicida.  Los pueblos marchan contra el genocidio del sionismo en la Palestina ocupada. En Europa marchan los agricultores, la Unión Europea se convulsiona. Hay una anomia por todas partes. La lógica belicista manda que si no estás conmigo eres mi enemigo y tengo que destruirte. Sin embargo, el nuevo orden sigue creciendo, los BRICS se expande y se convierte en el bloque que más población y producto bruto interno acumula; el jaque mate al orden de Bretton Woods será cuando un nuevo sistema monetario, alternativo al FMI, abra un nuevo sistema para los pagos internacionales, con divisas alternativas que tengan el oro como respaldo. Los tiempos del dólar y de su emisión afiebrada están por concluir. El tema que debe preocuparnos es cómo sobrellevar económicamente como país pequeño, este profundo cambio, manteniendo la integridad territorial y la soberanía, asumiendo que somos un país exportador que tiene como principal socio a China.

Si el nuevo orden mundial cimenta la paz en la colaboración y el comercio, para ser distinto a lo actual, debería imponer a los poderes corporativos mundiales reglas el juego que eliminen sus trampas y la evasión, características del orden colonial anglosajón. Con el peso del Derecho Internacional, se debería terminar con la expoliación de sus recursos naturales, que realizan a las economías nacionales, con toda la corrupción asociada. El orden actual, consagrado en organismos como la OMC, establece una preminencia de los intereses multinacionales por encima de los Estados. Acuerdos como el TPP 11 (increíblemente suscrito por el gobierno de Boric)  han buscado consolidar los amarres que inmovilicen al Estado frente a las multinacionales. Es algo que habría que corregir, si se pretende que el nuevo sistema multipolar sea de mayor equidad para los pueblos del mundo.

Los poderes globales supranacionales y corporativos deberán resignar sus pretensiones de dominación mundial y de concentración de la riqueza, para someterse a un orden con Estados fuertes, que regulen y fiscalicen las economías en pro del bien común y la preservación de la naturaleza.  Esta aspiración debiera significar que podamos erradicar la corrupción estructural de las élites y su poder criminal, que son las que se nutren de la guerra, los genocidios y los ecocidios, basando el modelo neoliberal en el crecimiento ilimitado.

Estamos viviendo un conflicto entre un sistema que concentra el poder económico, financiero y militar en una potencia hegemónica, EEUU con sus diferentes alianzas militares estratégicas, y los BRICS, como bloque emergente que levanta una propuesta multipolar que vendría a instaurar un nuevo orden.

En este conflicto, nos toca estar en el patio trasero, territorio que la política estadounidense considera como propio. La opción de neutralidad es difícil; a nivel de la política interna la influencia o intromisión se ha hecho patente y como sociedad estamos permeados por intereses foráneos que se han aliado a grupos de poder internos. La opción que se jugara en los 80 de una integración regional, es hoy más difícil por la penetración de corrientes globalistas y el renacimiento de la ultraderecha, ambas camufladas en la mirada maniquea de izquierdas y derechas.

Por eso, educar cívicamente al pueblo es urgente, porque un pueblo consciente es fundamental para ser un país soberano. Actualmente, los poderes de la ultraderecha neoliberal han desplegado su poder mediático y han logrado llevar a los países a situaciones regresivas, como lo ha sido negar el rol conductor que debe tener el Estado y la necesaria cooperación regional que debe existir en Sudamérica. Resulta urgente que las fuerzas progresistas de América Latina y el Caribe puedan sumarse a la recuperación de una nueva política, que coloque la integridad como valor central y el bien común como norte. Señales positivas que nos llenan de esperanza, han sido el gobierno de AMLO en México con su Cuarta Transformación y los logros objetivos de su gobierno; el superávit fiscal que ha logrado Lula en Brasil al aplicar un impuesto a los super ricos; o el éxito de Bukele al erradicar las maras y dar seguridad al Salvador, incluso contra la intromisión demagógica de los globalistas.

 Frente a este momento de alto riesgo, con una soterrada guerra mundial en ciernes, que podrá culminar en una paz estable o escalar hasta la autodestrucción, la humanidad debe jugárselas por la Paz y la Justicia, resistiendo la embestida de los poderes globales que buscan mantener un estado de cosas que asegure sus privilegios, en desmedro de las mayorías. Esas fuerzas globales que buscan consolidar su dominación y nos quieren inconscientes, incapaces de esgrimir la crítica o levantar nuevas utopías de paz y cooperación. Entendamos que, como pueblos soberanos, podemos echarlos del poder y develar sus mentiras, con la no violencia activa.

Valparaíso, 9 de marzo 2024

Hernán Narbona Véliz – Periodismo Independiente

Corresponsal de diario La Razón.clUna mirada libre a nuestro entorno

domingo, diciembre 03, 2023

Detengan la barbarie

Como un bien que a veces no atesoramos debidamente, la paz es esa capacidad de salir de nuestras casas, cada día con un nuevo afán, trabajando para pagar nuestros compromisos, para comprar en el mercado, para educar nuestros hijos, disfrutar de algún café de risas y sueños en algún recodo de amistad, y volver por la tarde al regazo con los seres queridos y encontrarlos vivos, alegres. Es la vida en paz, una situación de simplicidad que se parece al amor. Esa paz que anhelan muchos pueblos destrozados por la guerra y por quienes se estremece hoy la conciencia humana.
Es lo que le han arrebatado siquiera como un sueño, al pueblo palestino, a los miles de niños que han nacido y muerto en una pesadilla. Los palestinos aspiran, en justicia, a ser reconocidos y respetados como un Estado soberano, con una paz real, con dos Estados, Israel y Palestina, que puedan coexistir en un respeto mutuo, que erradique el odio, y donde el Derecho Internacional se respete. Pero, desgraciadamente, lo que está hoy sufriendo la civilidad de Oriente Medio, es un huracán de odios,  sirenas y pulsos metálicos de misiles, en la dialéctica perversa de una guerra de exterminio. 

 

Para entender la profundidad del dolor que sufren los civiles del Medio Oriente, he mirado mi ciudad, Valparaíso, con su colorido, con sus afanes cotidianos, con sus habitantes superando infortunios. Y me la imaginé, por un instante, ardiendo, con grandes columnas de humo, bombardeada su catedral, sus colegios, sin energía, sin agua, envuelta en una enorme catástrofe, con sus universidades y su puerto destruidos, con drones asesinando a hombres, mujeres y niños, por ser potenciales enemigos.

Cerré los ojos y me trasladé al horror de la franja de Gaza y sentí, estremecido, la dialéctica perversa de la guerras genocidas, sin respeto ni a templos, hospitales ni escuelas, en esa agresión impersonal de un juego de video, sin declaraciones diplomáticas previas, que implica el genocidio temprano, para que los pueblos tildados como enemigos, algún día, eventualmente, no puedan levantarse en armas y agredir a la potencia dominante.

 

Frente a nuestros ojos va transcurriendo este conflicto, con crueldad exacerbada, con asimetrías profundas. Gente común y corriente es masacrada, la instantánea comunicación nos va mostrando la escalada.

 

La guerra va asolando esperanzas, llega con sus vicios, sus mentiras de noblezas, con ira, con violaciones a niñas y mujeres, con ejecuciones sumarias, con torturas, con hambrunas colectivas, pestes y gigantescos desplazamientos de población. Los traficantes de armas y los mercenarios (sociedades anónimas que venden sus servicios de muerte) lucran de la logística bélica, si es necesario usar drogas para incentivar la barbarie, la disponen.

 

La guerra no es contra un enemigo uniformado, se desarrolla soterrada, sin una declaración formal, es una simple carnicería contra la población civil, donde todos pasan a ser peligrosos, con la lógica asesina de prevenir males mayores, los civiles somos un mero daño colateral. No valen los Convenios de Ginebra para los prisioneros de guerra, no habrá Corte Internacional de Justicia para los invasores, el Derecho se arrumba entre montañas de cadáveres, consecuencias de las maniobras de bombardeo y tierra arrasada. La guerra de hoy es peor que lo imaginable.

 

La guerra siempre ha estado movida por el lucro, por el control de los recursos estratégicos. Lo diferente hoy es que, cuando se luchaba contra un enemigo declarado, éste llevaba uniforme, se le distinguía de la civilidad, pero acá no, cualquier habitante con determinados rasgos étnicos, es peligroso y debe ser eliminado, por las dudas.

 

Ante la escalada de horror en medio Oriente y ante una inminente conflagración mundial, los pueblos, y especialmente los trabajadores de la cultura, debiéramos mantener una voz activa por la paz, ya que el Derecho Internacional es nuestra única protección frente a la ley de la selva imperante. Roguemos que no sea demasiado tarde.

Valparaíso, 26 de octubre 2023Una mirada libre a nuestro entorno