Una mirada libre a nuestro entorno
Este es un espacio de periodismo de análisis y opinión, desarrollado por Hernán Narbona Véliz, Poeta y Escritor chileno. Administrador Público, Licenciado en Relaciones Internacionales, Columnista de diversos medios, miembro de Periodistas Frente a la Corrupción.

Juan Guzmán Tapia, candidato a Senador por la V Costa, el Voto Ético
Compitiendo con Lagos Weber y Hernán Pinto por la Concertación y Lavín con Chahuán por la Alianza, el ex Juez Guzmán ha entrado a la arena política con un mensaje de principios, que apuesta al cumplimiento de “demasiadas promesas acumuladas en 20 años, que no se han cumplido”, centrando su mensaje en la necesidad de ir a la construcción nacional de una nueva Constitución.
Con visión de jurista más que de político, Juan Guzmán ha explicado en una serie de artículos y conferencias sobre la necesidad de una nueva Constitución para Chile, argumentando desde su experiencia jurídica el cambio de principios fundacionales que debería contemplar la nueva Constitución.
Avalado por su trayectoria en el Poder Judicial, en donde le correspondió juzgar a Augusto Pinochet Ugarte, Guzmán Tapia se presenta como un testimonio, criticando duramente la calidad de la política, sumándose a las fuerzas por una nueva mayoría, que ha impulsado el Diputado y Candidato Presidencial, Marco Enríquez Ominami.
En Valparaíso, su irrupción en la contienda electoral, aspirando a un cupo como Senador, vino a significar una alternativa para un amplio sector ciudadano progresista, históricamente concertacionista, que ha repudiado la incorporación a la lista del oficialismo del ex Alcalde Pinto Miranda, cuya gestión de 16 años dejó un gran déficit en el Municipio porteño. En las encuestas de septiembre de la PUCV, Pinto presenta una intención de voto de 10% y Lagos Weber punteaba con 31%. La percepción es que siendo Pinto un candidato que tiene su arrastre en los cerros prorteños, no tiene para nada las simpatías de los sectores medios intelectuales, que tienen en la retina las irregularidades que se produjeron durante su gestión alcaldicia. Esos sectores consideran un grave error de la campaña de Frei haber puesto como acompañante de Lagos Weber a un candidato cuestionado como Pinto, por muchos votos que pudiese captar entre la población más pobre de Valparaíso.
Frente al populismo que tiene en su historial el ex alcalde, Juan Guzmán levanta un perfil académico, sólido en sus ideas, pero reacio a los actos proselitistas que organizan sus competidores, con artistas contratados y onces populares.
Esta debilidad de un intelectual para comunicarse con los sectores con menor ilustración pero que significan importantes corrientes de votantes, es uno de los dramas que se percibe en la candidatura de Juan Guzmán Tapia.
Es éste un tema de campaña no menor, pues significa que para ser convincente el Juez Guzmán debe incursionar en una comunicación que marque diferencias y para demostrar que él representa una opción ética debe hacer ver los vicios de los contendores y eso quizás no sea su estilo de jurista, pero debiera ser un componente de asertividad para quien compite por el poder.
Es un asunto que implica mucho más que recursos materiales y dinero. Es ver si la mística puede reinstalarse en una campaña y el voto ético es consistente con una campaña diferente, sin populismos, sin puertas a puerta hechas por promotores asalariados. Una pregunta que se responderá en las calles de Valparaíso.
De cualquier forma, aunque sólo fuere por entregar un testimonio a las nuevas generaciones, la candidatura de Juan Guxmán Tapia, es un componente cívico que representa a los sectores conscientes que han luchado contra los poderes fácticos en defensa de la ciudad y la calidad de vida en Valparaíso.



Chile, una sociedad con miedo
La obsecuencia es una de las mayores barreras para el cambio. Burócratas que administran sobre la base de vetustos manuales, pero que son incapaces de abrir la mente a nuevas estrategias de gestión. Los últimos 40 años en Chile han estado marcados por el miedo.
De los escenarios autoritarios y excluyentes del régimen militar, donde ser crítico era toda una temeridad, se siguió en democracia con el miedo a que el golpismo volviera. En esa época levantar la voz podía atentar contra la estabilidad. Ahora el gran miedo entre los chilenos es perder el trabajo y el esgrimir ese miedo sigue siendo un elemento disuasor de conductas contestatarias.
En las organizaciones el quietismo que produce este terrorismo silencioso que aprieta el estomago, hace tomar a las personas actitudes pasivas, conductas obedientes frente a liderazgos verticales que mandan según el sesgo personal de la autoridad. En el Estado, la precariedad del empleo a contrata de gran parte de la dotación, genera la incertidumbre, inmoviliza el flujo libre de propuestas. Quien contradice el sistema corre el riesgo de ser aplastado por la burocracia pesada que marca el paso.
El miedo es un instrumento perverso pues quien lo usa queda aislado, entrampado en una dialéctica donde no hay confianzas, no hay crítica, con lo cual se cae fácilmente en errores. Distinto es, por cierto, el liderazgo participativo, que va abriendo espacios a la innovación, al análisis, a los cambios organizacionales. En la realidad de los organismos públicos los resabios verticalistas se mantienen, inhibiendo la capacidad renovadora que podrían aportar los trabajadores. Como consecuencia, los indicadores de rendimiento tienden a ser chatos, contables más que reales y el afán de mejorar es más bien retórico, solo cumplir con lo justo.
Se podrá inferir que estos estilos autoritarios son entropías del Estado, pero en la empresa privada los climas laborales son en general más malos y como los gremios casi no existen, las situaciones de indefensión del trabajador son dramáticas. Es por lo tanto,ésta una cuestión de la sociedad en su conjunto, la falta de tolerancia, la poca capacidad de recibir la crítica o de escuchar algo que rompa esquemas. Somos una sociedad que aún padece del miedo que se enquistó en el venario nacional y donde la respuesta violenta, descalificadora, represiva, está, lamentablemente, siempre a flor de piel.
Antofagasta, 8 de octubre de 2009.



Una mirada libre a nuestro entorno


En Dieciocho, abriendo el año del bicentenario
El viento sopla fuerte, con silbidos inusitados. La mar se ha rizado y las olas rompen con ruido ronco sobre el borde costero. El viento traslada las gotas de mar y el aire se hace salino, propicio para el beso y la pasión. La carretera ha disminuido su tráfico. Es dieciocho de septiembre, el inicio del año del bicentenario. La Presidenta bailó cuecas, en Santiago la fiesta recién empieza. En el resto de Chile se replican las celebraciones.
Los actos cívicos, la música nacional, los trompos, el palo encebado, las carreras de ensacado, el emboque y la rayuela, todo junto como para incentivar en los niños el mundo real de los juegos, aquél en que nos formamos los abuelos y bisabuelos.
Un dieciocho emblemático, que perfila Chile hacia el siglo XXI, un siglo nuevo que ya ha dado su primer paso y llega a su primer decenio sin que lo hayamos sentido. En medio de cuecas y tonadas, estoy con mi compañera, preparando la parrilla para la ceremonia máxima del patriotismo criollo: el asado al carbón, con mucho aroma y entreveros de vino, choripanes, empanadas, el viento que se cuela acelerando las brasas, el sol primaveral que despeja la vaguada matinal y se yergue orgulloso entre volantines de papel y de plástico, chilenos y chinos, en un cielo límpido que canta libertades y nostalgias.
Es septiembre, endieciochados, en pareja, solitos, con los hijos y nietas lejos, sabiendo que ellos también están cumpliendo en sus casas, la ceremonia ciudadana de la parrilla, lugar donde convergen opiniones, sugerencias y comentarios democráticos que dan cuenta de lo último novedoso de la campañas políticas. Y aunque estemos lejos de los hijos, el computador encendido nos permite conversar a la distancia, en redes sociales y tecnologías que ya forman parte de nuestro metabolismo urbano, y que nos marca de virtualidad, con miles de conocidos nuevos con quienes simpatizamos, con los pocos amigos de siempre en el corazón, compartiendo la vorágine de la convergencia tecnológica, aprontándonos para la televisión digital, cruzando posteos al paso, escuchando la cueca en videos, con deseos patrioteros circulando por la galaxia, en un cyber Chile que a sus entrados ya 200 años es una sociedad multifacética, enjambre de individuos que se parecen en algo, pero que son integralmente diferentes en su unidad precisa.
Este es el Chile del bicentenario, con costumbres que se alargan, que se recrean sobre plataformas maravillosas de interacción, un Chile instantáneo, que se comunica a velocidades siderales, para decirse quizá cosas simples, improvisando ceacheíes virtuales, para colocar cuecas en los ringtones de millones de celulares que superan en cantidad a los habitantes reales de esta tierra huasa, minera, pesquera, chilota, rapanuí o mapuche.
En breves minutos, el Tedeum y mañana la Parada Militar, replicado en cada ciudad de Chile con los civiles aplaudiendo orgullosos el paso marcial de las tropas. Porque hay dimensiones que están en el ADN de nuestra identidad nacional, por encima de episodios abyectos que nos han cruzado de tanto en tanto en la marcha de estos 200 años y que nos avergüenzan como chilenos, pero que hemos asumido como períodos oscuros que es preciso develar para seguir avanzando, reconociéndolos como espinas para ir superándolos. Para seguir como sociedad, con respeto por nuestros antepasados, buscando por la fuerza de la razón y el diálogo, espacios más justos para una convivencia en paz.
Chile del bicentenario, y con casi 40 años al lado de la mujer amada, nos divierte comprobar que vamos juntos y de la mano, disfrutando la modernidad avasallante, pero manteniendo, gracias a Dios, esa savia profunda que nos permitió fundar familia y que es nuestra epopeya diminuta, un pétalo más de la flor gigantesca que formamos todos y que llamamos Patria.
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Chañaral de las Ánimas, Región de Atacama, 18 de septiembre de 2009.
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