
Es conveniente cruzar ideas sin caer en una visión ideologizada del problema.
El trabajo en función de proyectos y la conformación de redes de trabajo es un estilo que debe difundirse e inculcarse a los profesionales jóvenes, para que su expectativa de inserción en el mundo del trabajo sea proactiva, emprendedora, que el joven profesional busque generar empresas y proyectos en vez de vender sus competencias a una empresa por un salario y una seguridad laboral que ya no se encuentra.
He sido siempre un fanático impulsor del trabajo en casa. Es cierto que el desmembramiento de los grandes conglomerados integrados verticalmente, ha motivado la dispersión de la cadena del valoren múltiples tramos . Pero también es cierto que de esta tendencia se desprenden muchas oportunidades de subcontratación o de alianzas estratégicas, en función de la identificación de contrapartes en quienes se pueda delegar paquetes específicos de un proyecto mayor.
En mi vida profesional tuve la suerte de integrar un equipo que tuvo a su cargo un proyecto llave en mano. Me correspondió ocuparme de
Hoy siento que esa capacidad de trabajo interdisciplinario es lo que me ha permitido trabajar con gran flexibilidad en la asistencia técnica a proyectos de mejoramiento empresarial o de modernización del estado. Cuando uno recuerda las formas que existían en los sistemas empresariales clásicos o en las organizaciones tradicionales de la administración del estado, en orden a mantener controles horarios, rutinas administrativas, protocolos comunicacionales escritos, puede entender lo dificultoso que ha resultado empujar un cambio de estilo. Porque la modernización, tanto en la gestión privada como pública, pasa por la generación de redes, por la transversalidad matricial que usan los japoneses en el trabajo, por la organización de esfuerzos en función de proyectos específicos, por controles de gestión auto impuestos, por generación de climas de responsabilidad y confianza.
En definitiva, evaluación por resultados. Chile es un país con muchas horas de trabajo y mediocre productividad. El desafío es romper barreras culturales para entrar a sistemas diferentes, donde el factor cualitativo sea privilegiado. No es buen empleado el que necesita hacer horas extras, es buen empleado el que terminado su trabajo puede terminar su jornada en la hora establecida.
Con mayor audacia, diríamos que es buen empleado el que no tiene mentalidad de empleado sino de emprendedor, el funcionario que no necesita tener al jefe encima y que acomete su trabajo en función de objetivos precisos y compite consigo mismo en términos de ir mejorando su efectividad. Obviamente, en este paradigma los ingresos deben ir relacionados con el rendimiento objetivo y esto es muy diferente a la pretensión de muchos en el sentido de calentar asientos, minimizar esfuerzos y respetar su cuerpo para evitarle el cansancio o el stress.
Es necesario luchar en las organizaciones contra esa cultura chata en donde los ritmos están marcados por una reverencia obsecuente a viejas normativas que parecieran ser inmutables. Cuando se rompe este círculo vicioso las organizaciones se dinamizan y aparecen la iniciativa personal y el afán participativo.
Cuando las personas en forma madura, de acuerdo a su biorritmo, desarrollan sus tareas de manera entusiasta, con autodisciplina, con responsabilidad frente a quien ha requerido sus servicios, estamos en un ámbito nuevo que habrá de revolucionar los sistemas productivos y los sistemas públicos.
Una mirada libre a nuestro entorno
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